martes, 4 de junio de 2019

1. EL ÚLTIMO CAFÉ


Recupero una ficción que empecé hace mucho tiempo y quedó encallada. De momento son capítulos sueltos que se pueden leer, sin más expectativas que ir leyendo. Iré escribiendo sobre la marcha, sin demasiada pauta, como experimento de escritura y para obligarme a pensar.
Así que ahí va el primer capítulo. 




1. EL ÚLTIMO CAFÉ


Carmen mueve la cucharilla dentro de la taza de café desde hace más de cinco minutos. Cinco minutos no son muchos, a no ser que estés al lado de alguien que mueve la cucharilla del café y da pequeños golpecitos rítmicos y cada vez más sonoros.
Son las 09.00 a.m. y Carmen está en un una ciudad cualquiera. Europea. No recuerda cuando el término europeo dejó de ser sinónimo de civilizado. A lo mejor fue tan gradual que nadie se dio cuenta. En las noticias un “youtuber” ha maltratado a un “sin techo” que dormía en un cajero. El “sin techo” era negro. No es que tenga ninguna importancia para alguien civilizado. Pero era “sin techo” y negro. Así que como piensa el vecino de barra nervioso de Carmen, tampoco es tan grave. Si se hubiera quedado en su país no tendría que haber dormido en un cajero. Un grupo de jóvenes pasan por la calle gritando, llevan banderas atadas a modo de capa. Los policías los miran desde dentro de su coche, pensando si deben o no deben intervenir. Las noticias continúan, crisis, desalojos y una modelo ha roto con su prometido antes de la boda.
Hay gente muy diversa en la cafetería donde Carmen remueve el café. Y todos ven la tele sin hacerle mucho caso. Otro acto violento. Uno más. Siguen con sus vidas, porque en el fondo eso son cosas que pasan en la tele.
El camarero, trabaja 10 horas seguidas y se paga el seguro de autónomo. No se queja. Tiene trabajo. Y es inmigrante. No es negro. Es un argentino rubio de ojos claros. Es el encargado de otros dos camareros, bajitos y feos. Se gana a las clientas con una sonrisa y piropos del otro lado del mar. Comparte piso con una compañera de cama que piensa que un día se casará con él. Comparte cama también, con una señora que pasa de los 50 y tiene dinero. Bueno, el dinero es de su marido pero en cuanto se divorcie, le tocará un buen pico.
Carmen se toma el café. Está frío. Piensa en quejarse. No es bueno que el último café que se tome sea tan malo. Pero la culpa es de ella, por no bebérselo antes. Así que pide otro. Las noticias dicen que viene una ola de frío. Otra. Carmen se quema con el café caliente. Se ha olvidado ponerle azúcar. Pide azúcar moreno. Es mejor para la salud. Lo dicen los blogs que ella consulta al mediodía. Carmen se termina el café. Y ve en las noticias que suben los precios del pan. Y del tabaco. Carmen dejó de fumar cuando empezó a correr. Y estaba satisfecha con su decisión. Lleva 6 meses sin fumar y corriendo 30 minutos al día. El vecino de barra de Carmen termina su cortado con leche muy caliente y se pone el abrigo. Deja el importe justo, encima de la barra. Va a salir por la puerta y un tiro certero le da en la nuca. La gente levanta la vista de sus cafés. Pero Carmen, está en racha. Ya ha empezado. Dispara al camarero argentino. A los dos camareros feos. Nadie intenta pararla. Todos están agachados, escondidos. Rezando por salvar la vida. Se oyen gritos. Pero en la cabeza de Carmen suena música clásica. Carmen sigue disparando. Vuelve a cargar. Mientras carga su pistola, alguien pensando que todo ha terminado sale de su escondite. Carmen le dispara en la frente. Todos están muertos. Carmen carga por última vez su pistola. Y se queda un instante parada. Saca 2 Euros y 20 céntimos de sus cafés y los deja encima de la mesa. Se acerca la pistola a la sien. Y dispara.





3. MÚSICA Y HUMO EN EL COCHE

La yaya de Patri tenía dos cosas muy claras. Una que el mundo se iba a la mierda. Dos que ya no quedaba nada interesante por ver. Una muje...