lunes, 24 de enero de 2011

Alma.

¿Qué precio le pondrías a tu alma? ¿Te has planteado alguna vez qué le pedirías al diablo si te concediera lo que quisieras a cambio de ella?




En la ficción éste es un tema que siempre ha dado mucho de sí. Desde Fausto a los Simpson, todos se han sentido tentados a vender, a cambio de algo rápido y fácil.
Mi película favorita del tema, es la primera versión de “Bedazzled” con Peter Cook y Dudley Moore.



Pero haciendo un ejercicio de seriedad, me imagino con el maligno delante (por favor que se parezca a Peter Cook de joven que es la imagen mental que ya tengo en mi subconsciente, y así ya no me asusto)...ofreciéndome todo por mi alma. Y ahora es cuando tengo que pensar, ¿cuanto vale mi alma? ¿la utilizo mucho o poco? ¿tiene el alma que ver con la religión o es algo que va más allá? ¿Pesa 21 gramos?



Por partes: Creo que sentí la presencia de mi alma la primera vez que vi el mar. De pequeña. Y cuando vi la torre Eiffel, de mayor. Al oír los primeros compases de la orquesta en un teatro a oscuras, justo antes de abrir el telón. Al viajar sobre un colchón de nubes que cubría toda Europa cuando viajé a Ámsterdam. La primera vez que vi una estrella fugaz y creí que Asterix tenía razón y el cielo se nos caía encima.
Al ver los restos de un atentado y sentir los pelos erizados y el silencio en mayúsculas.



A lo mejor lo que llaman alma es esa parte de nosotros que nos hace sentir cosas imposibles de razonar.
A lo mejor es esa línea fina, que nos mantiene cuerdos en los momentos duros.

Eso me lo pone difícil a la hora de negociar con Peter Cook.

Por eso siempre me sorprende conocer a gente que ya ha vendido su alma a precio de ganga. Aunque claro, todo es cuestión de prioridades.

EL ÚLTIMO CAFÉ

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