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lunes, 20 de noviembre de 2017

SOMOS LO QUE VEMOS

Mi mente a veces juega a ser rara, quiere ser original y se pone a crear mundos con un código único.
Por ejemplo, asocio imágenes con palabras, cuando pienso en la palabra “Tristeza”, viene a mí una imagen de un domingo de niebla espesa y calles vacías. Cuando pienso en la palabra “Aburrimiento” veo un desierto infinito, dentro de un lento reloj de arena. Los aromas de vainilla y canela los asocio con la gente que me gusta. Y el sabor del chocolate negro lo identifico con la tentación. Las primeras notas de la canción “Take Five” de Dave Bruebeck me aseguran que voy a pasar un buen rato. Y los carteles de las películas en el metro me prometen viajes a lo desconocido.
Y es que nuestra mente, nuestra vocecilla interior, es la responsable de que vivamos las cosas de una manera o de otra. Por ejemplo, puedes ir a un mercadillo, dar una vuelta, tomar un café y volver a casa. Y aquí se acaba todo. Has visto lo que te muestran. No has comprado nada, o quizá sí. Un cuadro de madera que tiene dos años y está fabricado en China, imitando un cartel de los años 50 en Norteamérica. También lo venden en Ikea.

O puedes darte una vuelta por los mercadillos de segunda mano. Y vivirlo. Si yo tuviera un puesto en uno, regalaría el relato de cada objeto expuesto.
Por ejemplo, este reloj sólo marcó las horas felices. No funciona pero son las 3 y 10 como en el cuento de Benedetti, se quedó parado aquí porque fue la hora más fantástica de su existencia. Cómprelo y seguro que algo bueno le pasa a esta hora. Eso sí, debe mirarlo cada día, un reloj se deprime cuando no lo miran y tiende a señalar sólo las horas amargas.
Quédese con este pañuelo, cada vez que lo ponga alrededor de su cuello va a sentir que es sábado por la tarde y oirá una melodía de Gershwin. ¿No le gusta Gershwin? Entonces pruebe con esta bufanda, se quedó anclada en un concierto de los Rolling en el año 1979. Va a pasarlo usted genial, ya me contará.
Si se lleva este juego de café, cada vez que lo utilice le llegaran imágenes del líquido que contenga la taza, yo una vez tomé un café tan fuerte que viajé a Colombia desde mi salón. Fue bonito, pero me resfrié. Un paisaje precioso, eso sí.
¿Este espejo? Es un poco peligroso. Refleja las vidas que no hemos vivido. Sólo debe comprarlo en dos situaciones, la primera que esté usted perfectamente feliz con sus decisiones vitales. La segunda que sea usted profundamente infeliz con ellas. En el primer caso se dará cuenta de la suerte que ha tenido con los caminos escogidos. Pero si es usted infeliz, puede ver sus otras vidas como si viera la televisión. Para entretenerse un poco. Y quién sabe si en algún momento le inspirará para vivir su vida como quiera. Ya sabe que todo lo que usted desee está a una decisión de distancia.
Veo que le interesan los libros antiguos. Estos le contaran historias interesantes, no tienen nada de sobrenatural, pero al mismo tiempo tienen toda la magia de un libro ¿qué más podría pedir? En el fondo un libro es el objeto más poderoso que existe, pero también el más complejo, no todo el mundo sabe utilizarlo.
No compre esta alfombra. Está maldita. Se pierde y aparece en los lugares más insospechados. No sé que hace aquí, la verdad es que no quería venderla. Hace años que la tengo encerrada en mi armario de cosas para reparar, pero aparece aquí cada domingo. No se deje engatusar, está tejida con la seda de Cachemira y parece una ganga, pero le va a traer más de un dolor de cabeza, sobre todo porque cuando se pierde nunca regresa vacía. Una vez vino con un señor desconcertado, otra con una moneda celta y otra, para mí la peor, vino con día perfecto de verano, desde entonces nunca he podido vivir otro igual, ya que todos los comparo con aquél. Llévesela y no me la pague, me sentiría mal cobrando por ella.

Creo que con este extraño post, lo que quiero decir es que somos lo queremos ver, y vivimos lo que queremos vivir. Nadie debería conformarse sólo con lo que se muestra a simple vista, eso reduce la vida a simple existencia. 

Sigo con mi lunes, le doy un descanso a mi mente y me pongo a trabajar. Mi reloj aún no marca las 3 y 10. Os dejo con una orden que a la vez es un deseo. Soñad con aquello que deseáis. Y naturalmente, sed felices.


lunes, 5 de junio de 2017

Crear siempre empieza por soñar.

Siempre he pensado que la creatividad era algo inherente al ser humano. Igual que la maldad o la bondad. Pero ayer, estaba conduciendo y escuchando “Fallo de sistema” en Radio 3, y tuvieron el detalle de hacerme dudar. Sólo un instante, pero se agradece. El tema era: “¿Son las máquinas creativas?” No hablamos de la Inteligencia Artificial, hecha siempre por humanos a base de algoritmos que te programan para hacer algo. Hablamos de creatividad, de la capacidad de una máquina de “decidir” hacer algo. Aunque el señor que hablaba, estaba más que titulado y cualificado para el tema, a mi no me acabó de convencer. Dicho con toda la humildad posible. La verdad es que aunque acepto que los animales sí pueden tener cierta creatividad, como unos cuervos que doblaron un alambre para hacer un gancho y coger comida, según un experimento que relataron ayer, para mí la creatividad no humana llega hasta aquí. Utilizar tu cabeza para conseguir algo. Bien por los cuervos. Bien por los primates que aprenden el lenguaje de los signos. Bien por las máquinas que te ganan al ajedrez. Pero la creatividad, entendida como la imaginación de algo bello, a veces inútil en el sentido práctico, o algo que te haga estremecer… ahí, ya me muestro más reticente. Creo que ser creativo va unido a la sensibilidad, a los sueños, a la necesidad de ser inmortal. Cuando me hablan de creatividad no distingo entre tecnología o arte. Aunque sí sé que es distinto crear un Iphone a pintar un cuadro. Pero incluso la idea del Iphone, que desarrollaron técnicos e ingenieros, fue imaginada por un soñador. ¿Dónde quedan los cuadros, las canciones, los libros, las fotografías o los edificios que te hacen palpitar? Creo que el “toque humano” siempre será necesario. Naturalmente seguiremos con la mente abierta y a la espera de que alguna máquina se ponga creativa, aunque el día que lo haga, estamos perdidos.
Y para que entendáis mejor lo que digo, os voy a nombrar unas cuantas cosas creadas por los humanos. 
La primera, un cuadro que me conmueve: “El nacimiento de Venus” de Sandro Boticelli. Creo que esta imagen forma parte de nuestra cultura colectiva, pero si no lo conocéis porque vivís en Marte o porque sois fieles espectadores de Tele 5, googleadlo.
La segunda una novela corta de Somerset Maugham: “La luna y seis peniques”, sobre la vida del pintor Paul Gauguin, aunque en la historia, el personaje se llame Strickland.
La tercera el templo gótico Sainte Chapelle de París. No os lo puedo describir, hay que verlo y sentirlo.

Y la última, una pieza musical de “Los miserables”, se trata del inicio de la revolución, “Do you hear the people sing?”, basada en la novela de Victor Hugo, y con la música compuesta por Claude-Michel Schönberg, cuando la escucho puedo sentir desde la ilusión por un mundo mejor, al fracaso que viene después. Naturalmente os dejo con esta canción, es una versión cortita, para que os animéis a escucharla, no seáis cerrados porque sea un musical. Hasta pronto, sed creativos y sobretodo sed felices.


EL CREADOR DE DISTOPÍAS

  Tengo un amigo que ama las distopías. Escribe sobre ellas y parece que todo lo analiza con precisión quirúrgica, cuando lo imagino delante...