lunes, 19 de marzo de 2018

DE FINALES Y PRINCIPIOS.


Hoy por la mañana he tomado un café con el invierno. Hemos hablado seriamente, estaba deprimido porque sabe que debe marcharse y no quiere. He intentado animarlo diciendo que el año que viene lo esperaré con chocolate caliente y nubes el mismo 21 de diciembre, pero me ha mirado a los ojos y me ha dicho: no seré el mismo, para que lo entiendas es como cuando el Doctor Who se regenera, es él mismo pero no lo es. Y me ha dado pena. Es verdad que espero que venga la primavera pero siempre me ponen triste las despedidas. Hemos sacado el álbum de fotos y hemos recordado nuestros mejores momentos. Mis bufandas, los copos de nieve, la Navidad, la lluvia al salir del cine los sábados, la sensación de ducharte con agua caliente cuando llegas a casa, los pijamas de franela y los cielos azules cuando sopla el viento. Se ha puesto nostálgico y me ha preguntado qué ha hecho mal. Le he dicho que nada, aunque se ha pasado un poco con el frío. Sólo quería hacer bien mi trabajo. Ya, pero a veces no estamos preparados para reconocer tus esfuerzos y no los sabemos apreciar. Se ha callado y ha tomado un largo sorbo de café. Voy a seguir por aquí esta semana. Lo sé, le he contestado. Y he visto como miraba fotos de la primavera. Me he temido lo peor. Lo siento, lo vuestro es imposible. Si te quedas con ella acabaremos odiándoos a los dos. La primavera debe florecer, dejarnos guardar los jerséis grises y ponernos camisetas de colores. Debe darnos luz y tú eres oscuridad. No la seduzcas o la destruirás.
A ti antes te gustaba la oscuridad. Su acusación me ha sorprendido. He reconocido que tiene razón, pero llevo una temporada en que me encanta la luz.
Nos hemos mirado sin decir nada más y me ha besado fugazmente en los labios, donde se ha quedado un copo de nieve que guardaré siempre en la memoria. No volveremos a hablar, le he dicho. No volveremos a hablar, ha repetido casi mecánicamente. No ha partido aún y sé que durante unos días intentará hacerse amante de la primavera, mañana tendré que hablar con ella para que no se deje. La seducción a veces puede hacer que pierdas el eje de tu vida y el invierno es sabio y astuto como un viejo diablo. Espero que se decida y se marche en tren, nada es tan especial como ver un paisaje frío desde la ventana de un tren. 

Pero como los humanos sabemos como mirar hacia delante, he sacudido mi nostalgia como si fueran migas de pan en mi vestido y he consultado mi programa para esta semana. Mañana día 20 de marzo celebramos no sólo el equinoccio primaveral sino también el día internacional de la felicidad. Hay que ser feliz mañana, aunque sólo sea para cumplir con la agenda. Y el día 21 será el día de la poesía. Y todo nos parecerá un poco mejor. Las musas nos mirarán desde lejos, escondidas entre las flores rosas de los cerezos en flor y dejarán ahí colgadas las palabras para que los poetas las recojan bajo los árboles.
Y es que como todos los principios me encantan, tengo serias esperanzas con la primavera. Un par de datos técnicos para que saquéis algo de provecho de la lectura. No todos los países pueden disfrutar de esta estación, sólo los que estamos en la zona templada del planeta. La primavera se llama así desde después del Siglo de Oro, cuando llamaban “Primo vere” (el primer verde) al pre-verano. Y para mí, lo más importante es que la luz ha vencido. Como debe ser.
Os dejo esta semana con deberes varios; quiero que hagáis algo agradable para despedir al invierno y quiero que os vistáis de gala, al menos anímicamente para dar la bienvenida a los nuevos comienzos, que busquéis algo que os ponga de buen humor y que os paréis a mirar el paisaje. Volad cometas, perdeos en un bosque, celebrad la fiesta del color y del amor como en la India o brindad conmigo. Os dejo con una canción de Pau Vallvé, escogida nada aleatoriamente y distinta a todo lo que suelo colgar. Y me despido hasta la próxima, esperando que aprendáis a ser felices.




lunes, 12 de marzo de 2018

LUNES


Siempre he creído que la felicidad es algo demasiado valioso como para ponerlo en manos de alguien que no seas tú. Nuestra felicidad es una caja con material sensible y que debe ser manipulada sólo por nosotros. Hoy me he despertado feliz. Seguro que gracias al sueño que he tenido, el cual no recuerdo en absoluto, pero ha cumplido  la función de poner mi cerebro en forma para empezar la semana. Es verdad que por mi mente al segundo de despertarme ha pasado un pensamiento fugaz y llameante como un rayo en verano: “Que día tan fantástico, a ver cuánto tarda alguien en estropearlo”. Y después he pensado, pues no te dejes. De momento lo estoy consiguiendo. No odio especialmente los lunes. Los considero una libreta por estrenar. De hecho había puesto ciertas esperanzas en esta libreta nueva, ya que la vieja acabó un poco hecha polvo al terminarla. Pero estoy en fase “wait and see”. Así que voy a dejarme sorprender. Aunque no odie los lunes, es verdad que suelo mirarlos de reojo por aquello de “a ver con que me sales hoy”. Pero más que nada por el mal humor de la gente a mi alrededor.
Esta mañana, mientras tomaba café y leía las noticias, me ha llegado un mensaje que me ha hecho ilusión. Era un paisaje de una puesta de sol. Resulta que era de Sitges, mi lugar fetiche y he pensado que era un buen presagio. Dudo que quien me lo ha enviado me conozca lo suficiente como para saber que este lugar es especial para mí. Pero tampoco sabe el momento oportuno en el que ha llegado. En medio de las noticias nefastas del día, la puesta de sol naranja era como un recordatorio de que en el mundo aún existe la perfección.
Para mí, lo bueno de nuestra era, es la ventana al mundo que suponen las nuevas tecnologías. Hace poco hablaba con una amiga que está en la fase inicial de un enamoramiento que empezó de forma telemática. Comentamos lo fácil que le ha resultado llegar a cierto nivel de intimidad gracias a la mensajería instantánea. Sí, el progreso a veces no es tan distópico como solía creer de pequeña. Aún así, debo reconocer que las nuevas tecnologías me han hecho conocer más al ser humano. Y no siempre para bien. Si ayer te dabas una vuelta por twitter te llevabas las manos a la cabeza ante las hordas enfurecidas, que antorcha en mano, pedían pena de muerte a la asesina del niño de Almería. También la cosa derivaba en comentarios racistas y en contra de la inmigración. A veces internet puede abrir las puertas del infierno y dejar que los demonios se paseen libremente por las redes. Ayer twitter era un cajón de sastre donde todo cabía: dolor, decepción, odio y venganza. Pero no quiero hablar del tema. No suelo entrar en juicios paralelos y creo que todo debe seguir en manos de la justicia.
Naturalmente todo es bueno y malo a la vez, siempre depende del uso que le des.
Si antes he comentado que hoy una foto me ha alegrado el día, debo reconocer que soy más que adicta a las palabras que lo hacen. Hay frases que recibes y se quedan contigo muchas horas, actuando como amuleto contra todo lo malo, también de noche duermen en tu almohada ahuyentando las pesadillas que te amenazan. Es curioso que el ser humano tenga tanto poder. Estás a un click de alegrar el día a alguien o de arruinárselo. Depende sólo de ti. Pero hoy voy a focalizar lo bueno. A pesar de todo. De que aún haga frío y de que mañana será martes y 13. De que el hombre sigue siendo un lobo para el hombre. Pero al mismo tiempo, debo recordarme a mí misma que también está lo que brilla. Lo que vale la pena de verdad. La luz de primavera. Los “te quiero”. Los cafés con charlas interesantes. Las fotos inesperadas. Las canciones que te hacen sacar el móvil para saber de quién son. Los momentos en que ves algo que crees que el mundo entero se acaba de perder y te sientes privilegiada, como si hubieras abierto una ventana a lo escondido. Y el azar que a veces, sólo a veces te trae sorpresas que cambian el rumbo de tu día o de tu vida.
La felicidad no es complicada, sólo que a menudo no la dejamos entrar. Como se que absolutamente nadie escucha la música que cuelgo, he decidido poner algo que al menos a mí, me pone de buen humor. Nina Simone y “feeling good”. Sed felices.




martes, 6 de marzo de 2018

HARRY ¿QUÉ?... HARRY WARREN. EL HOMBRE QUE NO ESTUVO ALLÍ.


El domingo vi la película “La forma del agua” y me gustó mucho, pero debo agradecerle algo más que la historia en sí. Me reunió con un señor a quien conocí en mi tierna adolescencia. Recuerdo la presentación del programa “La calle 42” cuando Josep María Pou dijo: “Hoy vamos a hablar de Harry Warren” y Concha Barral le contestó: “Harry ¿Qué?”. “Sí, es más conocido por ese nombre”.
De él, el escritor William Zissner dejó escrito: “Es el hombre que no estuvo allí. Invisible. Anónimo. No anunciado.”
Harry Warren, nacido Salvatore Antonio Guaragna fue el compositor de unas 800 canciones que han sonado en cerca de 300 películas. Muchas de esas canciones están dentro de la memoria colectiva de los americanos y gracias a los ciclos de cine de la 2 también están en mi cabeza y en el mp3 que suena en mi coche.
Colaboró con Bubsy Berkeley. Quien sé perfectamente que no os suena de nada, pero a él le debemos la idea de poner una cámara en el techo para tomar planos de las coreografías desde un punto de vista distinto. Quizá una de las canciones más famosas de la época era “La calle 42” por lo famosa que se hizo también la película. Pero tiene tantas canciones que tenéis puntos para que hayáis tarareado alguna después de ver una película romántica. Uno de los números musicales de “La forma del agua” quizá el más onírico, es de una de sus mejores canciones. “You’ll never know”.
No es para nada mi favorita, aunque sonreí como una idiota al verlo.
Harry, humildemente, decía que un compositor de canciones era siempre la forma más baja de vida animal en Hollywood.
Y esto me hace pensar en los invisibles. La gente que trabaja en la sombra para que otros brillen. Estoy segura que hay verdaderos genios, artistas que nunca serán reconocidos. En cambio todos reconocemos a Jennifer Lawrence. Y a estas horas todos hemos visto su foto con la copa de vino blanco en la ceremonia de los Oscar. Me encantó su vestido, por cierto. Durante unos días todos recordarán el fantástico discurso de Frances McDormand y puede que después de su merecido premio tenga más ofertas de trabajo. Pasados unos días nos olvidaremos de Frances. (Hablo en general y yo me excluyo, ya que yo la adoro desde hace mucho tiempo y pasé mi juventud planeando el robo de su marido).
Lo que quiero decir es que el mundo del espectáculo y seguramente el mundo cuotidiano, gira alrededor de las estrellas más brillantes. Aunque no sean siempre las que dan más calor.
A veces tengo la sensación de que el mundo moderno es un gigantesco Reino de Oz. Alguien le pone la voz al mago detrás de las cortinas. Y todos lo adoramos. Por comodidad o porque así nos lo han enseñado.
Volviendo al buen Harry, debo decir que en su época sí hubo compositores reconocidos que seguramente no tenían problema en encontrar mesa en un restaurante repleto. Cole Porter, George Gershwin o Richard Rodgers. No sé si tenían mejores representantes. Pero Harry Warren ha pasado a la historia por ser un desconocido. Y sin embargo recuerdo perfectamente ese domingo por la mañana en que yo lo conocí. Sin menguar mi amor por Porter o Gershwin, reconozco que me enamoré de la música del antihéroe, quizá porque siempre me han gustado los antihéroes y porque me hice la promesa de descubrir a los genios que están entre nosotros. Pensé que de ser coetáneos, yo sí le hubiera conocido. Pero yo es que era un poco contracorriente y más que del protagonista siempre me quedaba con el amigo del tiro en el hombro.
Fíjate que bien divago en martes. Y eso que este post pretendía ser un homenaje a los invisibles. Y sobre todo a Harry. Pero a veces no puedo mandar sobre lo que escribo. Sale sólo. Podría poneros muchas canciones del Sr. Warren y deciros ¿véis? Es suya y la conocéis. Pero prefiero dejaros con una de las que más me gusta. “Devil may care”.
Esta semana mirad detrás de la cortina y descubrid a algún genio anónimo. Y naturalmente sed felices.



5. VIGILANCIA AMERICANA

-    A mi estos turnos en el coche me parecen un poco de peli americana. -    A mí me aburren. Entre nosotros, no sirven de nada. Podría...