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lunes, 13 de agosto de 2012

Auge y caída de Alan Smithee. Cuento de Verano.


El sindicato de Directores Americanos del mundo del cine, la DGA, tiene (bueno más bien tenía), un nombre que se utiliza cuando un director, por lo que sea, no quiere firmar su obra. A veces cuando la película pasa por edición y montaje, el director ve el resultado como algo a años luz de su proyecto. O simplemente algo que no es lo que quiere transmitir. Es entonces cuando pide a la DGA que le conceda el “Alan Smithee”.
Esto ocurre porque antes de 1968, año en que el ahora prolífico Smithee, realiza su debut, la DGA no permitía los pseudónimos.
Y este señor, si lo “googleas”, tiene tantas producciones que empiezo a sospechar que sí existe de verdad.
Es más, en las aburridas y calurosas tardes de verano, cuando dedico mis horas a imaginar cosas imposibles, me ha asaltado una imagen de Alan delante del ordenador.
Sí señor, Alan Smithee, en claro-oscuro, en blanco y negro y con una risa maligna y acariciando un gato (vale estoy un poco de verano y en mi mente viven superhéroes de Marvel y supervillanos…), en fin Alan Smithee que ha cobrado vida por eso de que si todos creemos en algo al final existe, está navegando por la red y frotándose las manos.
Primero escucha una canción de mi supervillano preferido, el cruel “Pit Bull” y espera con paciencia a que este hombre pida un Smithee para toda su carrera como intérprete de canciones de dudoso gusto y decididamente malignas. Después navega por las páginas de actualidad y piensa que no hay porque quedarse en el mundo del espectáculo y que el gobierno debería firmar sus decisiones con el nombre de Alan Smithee. Alan, cual lecherita del cuento, empieza a soñar y se ve como un moderno hombre renacentista capaz de firmar cualquier cosa. De la política se pasa al teatro y esperanzado por las algunas de las casposa producciones ya se ve recogiendo el Tony al lado de Stephen Sondheim y del sobrevalorado Lloyd Webber. Y para el final, lo mejor, la librería, porque Alan siempre ha soñado secretamente en ser escritor, y cuando descubre la saga “Crepúsculo” sabe que ha llegado su momento.
Pero pasan los días, y nadie se decide a pedir un “Alan Smithee”…Alan, triste se pregunta por qué. ¿Acaso los autores y creadores en general han perdido la vergüenza? ¿Acaso siempre están orgullosos de sus obras?
El pobre Alan, no sabe a que atenerse, él, que ya se veía viviendo en un chalé con piscina y codeándose con los “más”.
El pobre Alan, se da de bruces con una realidad gris y oscura, sin entender por qué hay gente que se va a dormir con la conciencia limpia y tan satisfechos.
No entiende nuestro mundo. Y es que a algunos les cuesta entender la mediocridad. Pobres…


sábado, 28 de enero de 2012

Nostalgias y "Get backs"...

Yo creí que uno de los signos de que los mayas tenían razón y el fin del mundo llegaba el 2012, era que “Pit Bull” y sus duetos triunfaran en el mundo de la música. El mundo está cambiando a mi alrededor y a veces parece que te cuesta un poco adaptarte a él. Después hablas con la gente y descubres que no eres la única, sino que este desasosiego tiende a ser un viral. Todos tenemos smartphones, aplicaciones totalmente inútiles, discos duros, y una plena desconfianza en el futuro que nos viene.
Al mismo tiempo, parece que está de moda entre la gente de mi generación colgar cosas en las redes sociales que nos distinguen de los demás. Hay fotos diversas: De los muñequitos Airgam boys (¿se escribe junto o separado?), de los plastidecores, de las plantillas para dibujar la península ibérica y de preguntas sobre la relación entre un cassette y un boli Bic.
Además últimamente he asistido a más de un evento “revival”.
Un día de las fiestas locales de mi ciudad (pequeña ciudad), vino a tocar el grupo “La Guardia”, yo confieso que no creí en el proyecto desde el primer momento...pensé ¿A quién le interesa volver a leer las cartas del cajón?...y de las mil calles que llevan hacia ti ¿has escogido ya alguna o sigues dando tumbos sin saber cuál elegir?...
Pues sorpresa sorpresa, el día del concierto hubo un llenazo total. Gente a la que hacía años que no veía, estaban allí en la carpa con la cerveza en la mano coreando a pleno pulmón. En serio. Yo iba pasando lista de la gente y pensando ¿Pero dónde se habían metido todo este tiempo?
El caso hubiera quedado en anecdótico si no fuera porque un incidente aislado es una cosa única, dos incidentes una casualidad, pero tres incidentes y suma y sigue ya empiezan a marcar una pauta.
Sí señores, la generación de la margarina tulipán que llegaba en helicóptero, de las magníficas mañanas de los sábados con “La bola de cristal”, y de los que olvidábamos los donuts...hemos salido del lado oscuro. Parece que la nostalgia nos da esa seguridad que habíamos perdido, nos sentimos a salvo entre nuestros semejantes. Y cada vez nos reunimos más a menudo.
Hemos crecido, algunos se han reproducido, hemos cogido responsabilidades que juramos que no cogeríamos y la vida nos ha llevado por distintos caminos.
Sin embargo, un día te encuentras conduciendo y tarareando a los “Madness”, y te sientes como los músicos que se reúnen después de mucho tiempo se deben sentir, como si volvieras a casa, como si en un metafórico viaje al pasado, el adolescente que en el fondo nunca has dejado de ser, tomara otra vez tu cuerpo y reconquistara tu vida. Por un instante, sólo por un instante, vuelves a ser capaz de conquistar el mundo. Es como si el pasado, como si cada una de tus pequeñas y grandes experiencias se juntaran en forma de gasolina y te dieran la fuerza suficiente para encararte con el futuro. Y es esa adrenalina la que deberíamos conservar para poder soltarla de vez en cuando y decir...”Es mi mundo, y tengo mucho que contar y mucho que exigir”.

EL CREADOR DE DISTOPÍAS

  Tengo un amigo que ama las distopías. Escribe sobre ellas y parece que todo lo analiza con precisión quirúrgica, cuando lo imagino delante...