lunes, 20 de junio de 2011

San Juan

Ya está aquí, el verano. El calor. Los helados, el café con hielo, granizados, las terracitas, el no poder dormir por el calor, los mojitos que están  tan de moda que muchos ya han mutado a nuevas formas y se parecen tanto a un mojito como a una tortilla de patatas.
Ya está aquí, el esperado verano. Las verbenas, los petardos, la despreocupación, el no hacer nada. Las cremas anticelulíticas, las dietas, los protectores de sol, las gafas a lo Jackie O. Los niños que se tiran en “bomba” a la piscina, las mamas dejando que sus hijos disfruten veranos libres de preocupaciones. Ya les vendrá el sufrir.
Hace años que en una piscina no oigo las palabras “corte de digestión”,  a mi me hacían esperar una eternidad después de comer,  cruzando miradas de resignación con los otros niños sentados en toallas, y alguna vez el más atrevido se iba acercando con disimulo a la piscina a mojar un dedo del pie. La mamá respectiva esperaba hasta que el niño estuviera en el borde, cual leona agazapada tras la hierba, y cuando el dedo estaba a punto de tocar el agua, se oía un grito que dejaba al pobre chico a salvo del corte de digestión pero con un susto de muerte.

Ya está aquí el verano. Y viene a lo grande, celebrando su nacimiento con fuego. Hogueras a media noche. Bailes y contorsiones. Alguna conga, por suerte ya pocas. Escotes que salen y saludan al sol y a la luna. Sandalias de tacón que parecen diseñadas por Torquemada.
El calor, tiempo de descanso, de leer el periódico y ponerse al día. Los libros poco serios; típicos del verano, de los quioscos en la playa. Me pregunto cuándo lee la gente los libros serios.
El verano. Y con él, los conjuros de la noche de San Juan,  y las brujas, los fantasmas, Puck el travieso, y las criaturas de los bosques. Las que existen y las que no. Las que se ven y las que se perciben. Pero el dueño y señor, es el fuego. Lo encendemos para dar fuerza al sol, para que se mantenga digno mientras la noche le va recortando cada día un poco de luz.
Y esa noche, lo que no se puede negar es que una energía diferente flota en el aire.
Y nosotros salimos, ansiosos por empezar una nueva etapa. Con los deseos envueltos en laurel y las penas arrojadas a la hoguera.
La noche de San Juan no sólo es música, alegría y cava. La noche de San Juan, es un poco de esperanza. Para lo que venga. Damos fuerza al sol, pero en realidad nos damos fuerza a nosotros mismos. Que muera lo viejo para que venga lo nuevo.
Feliz verano a todos.

EL ÚLTIMO CAFÉ

Recupero una ficción que empecé hace mucho tiempo y quedó encallada. De momento son capítulos sueltos que se pueden leer, sin más expectat...