domingo, 25 de agosto de 2013

Mosaico.

Cuando llega septiembre, al volver a las clases hay una escena que suele repetirse año tras año hasta la eternidad. Redacción. Título: “Cómo ha sido mi verano”.
Creo que los profesores al volver a trabajar tienen el cerebro aún lleno de arena, aroma a crema de coco, zapatillas de trekking y algún mojito de terraza nocturna. Y claro, siempre se aferran a las clásicas fórmulas, hasta que el cerebro esté adaptado al horario escolar.
He corregido un montón de estas redacciones. Y, generalizando bastante, podría decirse que se dividen en dos tipos. La primera, una retahíla de cosas que se han hecho, escritas con escasa emoción, para llenar las 15 o 20 líneas  obligatorias. La segunda, es cuando el alumno elige un momento del verano y lees 20 renglones donde se puede narrar desde un partido de fútbol, un día en la playa, la cómica caída de la abuela, una tarde de cine, o una excursión en bici.
Las segundas son mis preferidas. No suelen estar bien escritas pero son el reflejo de algo valioso, algo que este chico o chica recordará siempre. Y suelen estar llenas de repeticiones y de pasión.

Creo que si tuviera que hacer una de estas redacciones ahora, se convertiría en un mosaico. Una pared compuesta de piedrecillas con imágenes individuales que conforman una imagen mayor. Al acercarte más, verías momentos y personajes. Girasoles a pie de carretera. Tentación de parar y recogerlos. Adoro los girasoles, hasta los pintados. Pero si los recojo morirán, así que los dejo pasar. “Singstar”, aunque siempre me ganen. Lo paso bomba, en serio. Aunque creo que lo mejor es la compañía, soy muy tímida, y creo que no cantaría delante de cualquiera, por eso, gracias a Antía y Javito por algunos de los ratos más divertidos del verano. La voz de Norah Jones en la radio. El color lavanda. La luna llena. Los viejos capítulos de “Frasier”. Cantar mientras conduzco, este verano alternando Cole Porter y Belle and Sebastián, así, sin orden. Aunque también Will.I.am y Britney Spears, lo confieso. Los mensajes de whatsapp de dos amigos a quien quiero tanto que a veces los echo de menos si pasan un día sin escribirme. El encuentro 20 años después con Juan Ramón, que marcó uno de los mejores momentos de mi verano. Espero no tardar otros 20 años en reencontrarnos. El chocolate de lima y té verde. La tarde de recetas mejicanas con Argy, este hombre tiene que hacer un blog de cocina ya. Los cafés especiales de vainilla de Jorge, que ríete tú de los de Starbucks. Un baño en el mar, mientras llueve. Un vino blanco en Sitges. Tom Harrell. Caminar por la montaña. Las rebajas. Piscinas de agua helada. Las cañas a la hora de comer, las comidas improvisadas. La cerveza Alhambra, ¿Cómo no la había probado antes?       
El blog de Juan Echanove, que hará que me aficione a la buena comida. La última temporada de “Mad Men” que voy viendo racionada, para que dure un poco. Las conversaciones de cine. (Nota mental: ver “Los ríos color púrpura”). Un corte de pelo radical que acabó con mi melena de años. Las nubes que tapan estrellas fugaces cada año por San Lorenzo, esté donde esté. Los libros de Glenn Cooper. Los sudokus y crucigramas. Las charlas con mi hermana que pueden ser de fantasmas, de calvinismo, de viajes en el tiempo, de política, de religión o de pintauñas. La física cuántica. Doctor Who. Los helados de “After eight”. El hielo cuando hace calor. Los niños que molestan en los bares mientras sus padres los ignoran. Charlie Sheen. El horario del gimnasio que no he visitado desde julio, colgado al lado de mi cama. Los zapatos de tacón que no me he puesto... y mucho, mucho más.

Al alejarte el mosaico es una foto de mi, porque todos estos momentos, forman parte de mis recuerdos, y como en el fondo no somos más que un puñado de historias, todos estos momentos son yo misma. El verano termina, seguid fabricando recuerdos, son los que dan sentido a vuestra vida.

EL ÚLTIMO CAFÉ

Recupero una ficción que empecé hace mucho tiempo y quedó encallada. De momento son capítulos sueltos que se pueden leer, sin más expectat...