miércoles, 8 de febrero de 2017

La ley de la compensación.

Creo que el surrealismo está un poco desatado. Hoy me levanto con la noticia de que en Rusia, Putin ha aprobado una ley con la cual se permite golpear a la esposa una vez al año. ¿Cómo funciona? ¿Hay un registro legal? O sea que tú vas y dices, apúntame una, que he golpeado a mi mujer. Y el funcionario te dice. Uy que pronto ¿No? Porque ahora hasta el año que viene tiene usted que respetarla y tratarla como a una persona.
Y la mujer, ¿Tiene derecho a réplica? ¿Puede pegarlo cada día del año? ¿Sólo uno? Claro que hablamos de un país donde se plantean un reality show donde el asesinato y la violación están permitidos. No es que nos vayamos a la mierda, es que ya estamos en medio de ella.
Creo en las personas. No suelo fijarme en sexo, raza o religión. Suelo fijarme en la humanidad que tengan dentro. Y aunque cada vez me cueste más quiero renovar mi fe cada día cuando me levanto. Y creo que el arte, es lo que me devuelve la fe en la humanidad. En serio, si quiero ser consciente de que el ser humano es algo grande, que aún queda esperanza, tengo que ver una obra de arte, leer un poema o escuchar una canción. Dicen que el arte, te llega tan dentro que puede influirte físicamente. Como en “La novia de Matisse”, el libro de Manuel Vicent. Bien, os contaré una anécdota. Estaba yo tan cansada de andar todo el día por el museo d’Orsay de París, que ni siquiera todo el arte que me envolvía conseguía quitarme el mal humor. Vi una pintura de Tolouse Lautrec y recuerdo haber pensado “Jesús, que dolor de pies estas pobres mujeres con esos zapatos”. Lo sé, me merecía una bofetada bien dada por el señor Toulouse subido a un taburete. Pasando las salas veo un cuadro de Gauguin, de la colección de los cuadros tahitianos. Y de repente mis pies se sienten libres y frescos. Y en ese momento soy capaz de oler la hierba y correr descalza, igual que soy capaz de ver el mar y ponerme una flor blanca en el pelo. Fue un instante. Y Paul Gauguin me llevó a Tahití. Y pienso que no todo está perdido. Porque el arte tiene esa dosis de humanidad que incluso a alguien profano como yo, le emociona. Así es como creo que debería ser el mundo. Lleno de ventanas a paisajes distintos, lleno de puertas abiertas por donde sólo entrara el encanto. Mi recomendación de hoy es que por cada mala noticia que oigamos en la tele o leamos en el periódico, lo compensemos por una dosis de belleza. Es la única manera de sobrevivir. Hay que combatir lo malo con lo bueno. El futuro no existe, lo creamos día a día, intentemos crear uno que no nos dé miedo. Os dejo con una canción popular rusa, para compensar la mala noticia de hoy. Ojos negros. Soñad y sed felices.  



EL ÚLTIMO CAFÉ

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