miércoles, 29 de febrero de 2012

Los realities y yo. Una historia de desamor.

No lo puedo evitar. No soporto los reality shows. No los miro a escondidas. No me interesan lo más mínimo. Y además tengo la malsana costumbre de juzgar a la gente que habla de sus participantes, como si fueran amigos de toda la vida. Los juzgo igual que juzgo a los que hacen faltas de ortografía. Una parte de mi (bastante "hijaputilla" por cierto) se cree superior a la gente que sufre y/o disfruta con el edredonning, los cuernos o las supervivencias en islas que, la verdad, nunca visitaré.
Se que está mal juzgar tan alegremente a los demás, se que estoy produciendo un mal karma que un día se volverá contra mi y me reencarnaré en concursante de "Gran Hermano". Pero no puedo evitarlo. Cada vez que oigo a alguien anónimo, por la calle, hablando de "los chicos de la casa" me viene urticaria. En serio.
Una vez me puse a pensar porque la gente mira estos programas, tan reales como la vida misma, (¡¡y un cuerno!!) y se aburren con verdaderas joyas que pasan desapercibidas por culpa de los horarios y los cambios de programación.
Creo que una de los factores importantes en el éxito de los realities
es la interactuación. Me explico. Tu votas. Tu decides. Igual que los libros que leía de pequeña con finales distintos. Si entras a la pirámide pasa a la página 12, si no entras pasa a la página 15...
Pues eso, que creo que el telespectador juega un poco a "ser Dios".Como en la vida real no puede encararse con la golfa de su vecina, castiga a la golfa de dentro de la casa. Como en la vida real el guapo nunca se queda con la tímida (se va con la golfa, y bien que hace), en el reality se premia al guapo enamorado de la cenicienta.
Mentes maliciosas, pensaran que entiendo mucho de realities para no ver ninguno. Pues antes de que me decapiten con comentarios furiosos, lo digo; algún pedazo he visto, pero ¿a que tu no has visto nada de  Lars Von Trier? (Yo sí, aunque no he entendido nada).
En serio, ya se que una cosa no está reñida con la otra, y ya se que no todos los que no ven realities se quedan los viernes por la noche a leer "Ulises" de Joyce, pero a estas alturas no nos vamos a engañar, estoy segura que acierto en un 80% a que los que ven los realities y sufren empáticamente con los concursantes tampoco leen a Joyce. No quiero pecar de paternalista. Puesta a pecar mejor peco de gula o de lujuria que es más divertido. Pero la verdad es que habría que re-educarnos. Me incluyo. (La soberbia nunca ha sido uno de mis pecados).
Sí. Soy snob. ¿Y qué? Tampoco me gusta "House" aunque muchos digan que es una serie de culto. A ese señor lo ponía una noche de sábado en urgencias, con recorte de sueldo incluido y se le pasa la mala leche.
Parece que esté hablando alguien que no mire nunca la tele. Pues no es verdad, cuando yo nací entró la primera tele en mi casa y le tengo un gran cariño, mis mejores momentos de la infancia van más ligados a "La bola de cristal" y Alaska que a los juegos de "churro, mediamanga, mangotero" o a corretear libremente en verano por las plazoletas... aunque últimamente creo que ha llegado el momento de darnos un tiempo y pensar seriamente en nuestra relación.
Haciendo gala de mi famosa tolerancia y buen entendimiento acabaré diciendo que cada uno mire lo quiera, (allá él con su conciencia), que yo seguiré de mirasabidilla (es mi karma y hago con él lo que quiero),  y que si lo que mandan son las audiencias, Dios nos pille confesados.

lunes, 27 de febrero de 2012

Superhéroes.

Me gustan los superhéroes. Soy una fan de Superman, Batman y Hellboy. Vale y de Superlópez. Que es más de aquí.
A veces he discutido con algún amigo sobre el mejor y el peor superpoder. Creo que el más triste es el de la invisibilidad.
Porque para entrar en un sitio y que nadie te haga caso, pues me voy al banco a pedir un crédito. Y para enterarte de lo que hacen los demás, pues miro en su perfil de Facebook. Así que creo que el pobre hombre invisible hoy en día vería su poder/mutación totalmente innecesaria y bastante molesta.
El mejor superpoder, después de meditarlo mucho.... pues no tengo ni idea. Puede que el mejor superpoder sea ser afortunado. Pero claro, eso en cómic o en película no creo que resulte demasiado.
“La apasionante historia de una mujer que tenía suerte, llegaba en el momento oportuno, siempre estaba en el lugar adecuado, nunca perdía un tren...” No, decididamente gancho comercial, no tiene.
Para que existan los superhéroes hay que tener supervillanos. Nadie empatiza con el pobre supervillano. Y aunque no lo creamos seguramente compartimos más rasgos con éste que con el superhéroe. Porque el Villano es siempre alguien humano, lleno de contradicciones y debilidades. ¿Puede que solo sea fruto de las malas decisiones?
O puede que no, puede que sea alguien cruel y despiadado. Alguien totalmente fiel a Satán y que cree en el mal, en el despido libre, la sanidad privada, las dietas bajas en calorías y en el reggaeton.
Quien sabe.
El caso es que en la ficción, siempre que hay problemas viene un superhéroe a salvarnos la papeleta. Así que si lo pensamos bien, la figura del superhéroe no es más que un reflejo de nuestras carencias. Superman, Batman y hasta Superlópez son una muestra de nuestra inutilidad.
A lo mejor su misión no era salvarnos de los malos, sino enseñarnos que hay esperanza.
Habrá que decidirse y elegir. ¿Seguir sentados hablando de superpoderes, o aprender a volar?
A luchar. Ponernos la capa y salir a la calle a rendir cuentas con mal. 

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA.

La obsolescencia programada es un invento tecnológico. Para los pocos a los que no les suene la expresión imaginad que vais a una tienda y...