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lunes, 19 de junio de 2017

Los Guardianes.

“No me gustan las palomas, no respetan el arte público”. Con esta genial frase, Niles Crane de la serie Frasier, me hizo pensar que soy un poco como él. Sin embargo no todos los animales son tan soeces como las palomas. Ayer por la tarde estaba en una agradable conversación que empezó con los superhéroes de Marvel y no sé cómo, imagino que por los gintónics, derivó a los animales que “cuidan” del arte. Mi hermana nos explicó la historia de los murciélagos de Coímbra.
Hoy he navegado un poco por internet y he leído sobre el tema. La biblioteca Joanina data del siglo XVIII, y se conoce por ser una de las más espectaculares del estilo barroco en Europa. Pues resulta que por las noches una colonia de murciélagos se ocupan de acabar con los insectos y ayudan a proteger los 70.000 volúmenes del recinto. Como no hay ningún entrenador de murciélagos reconocido y la verdad es que dejarían un rastro de guano por todas partes, antes de cerrar, los trabajadores extienden unas lonas de cuero sobre las magníficas mesas del recinto.
Hay más animales guardianes, como los gatos del museo Hermitage de San Petersburgo. Se dice que este museo cuenta con felinos desde tiempos del Zar Pedro I. Para proteger las obras de arte de las ratas, el museo tiene actualmente una legión de unos 70 gatos que ya forman parte del “personal” del Hermitage. Tienen su sede en el sótano, donde los cuidan y viven y creo que son los gatos más afortunados del mundo. Deben ser gatos acostumbrados a la belleza. Me los imagino siesteando delante de los cuadros de Van Gogh o Gauguin. ¿Tendrán sus cuadros preferidos? Me gustaría pensar que sí.
Y cambiando de tema, como esta semana se acerca el solsticio vamos a ponernos de punta en blanco para recibir como se merece al verano. Aunque creo que meteorológicamente ha llegado antes, y eso confirma mi teoría, ya que siempre he creído que él y la primavera tenían una historia de amor. Y este año se han reunido. Apasionadamente creo.
Cada estación tiene sus cosas, su particular personalidad. Si el invierno está asociado al recogimiento y la lectura de clásicos frente a la chimenea (mi mente funciona así, en technicolor), el verano está asociado a la libertad. A los paseos en coche por los pueblos de piedra, a caminar descalza, a poner los pies en el agua del río y a ser feliz. Os deseo un verano libre, verde y azul. Hoy la banda sonora la pone Paloma Faith, a quien descubrí la semana pasada porque alguien la colgó en mi muro de facebook. Os la aconsejo. Y os dejo con su versión de "Never Tear Us Apart" Sed felices.



domingo, 14 de septiembre de 2014

Luc Besson, "Spa mental" y ahora sonríe que te están hablando...

Vamos directos al desastre. Nos falta tiempo. A veces me siento como el conejo del reloj, en el cuento de Alicia. Me di cuenta ayer, cuando estaba jugando al Candy Crush Saga, nivel 191, viendo el nuevo episodio del Doctor Who y teniendo tres conversaciones distintas por Whatsapp. Al ser rubia, no hice bien ninguna de esas cosas. No he pasado al nivel 192, mandé mensajes equivocados (aunque quien me conoce sabe que eso me pasa a menudo), y tuve que volver a ver el episodio de Dr. Who, porque no me enteré de nada.
Así que, puse el mundo en pausa, y me puse a pensar. ¿Realmente estaba disfrutando o quemando el tiempo? ¿Tengo un déficit de atención tan grande que mi mente no puede concentrarse en una sola cosa? y lo más importante ¿por qué no escuchas a la persona que te está hablando y piensas en todo esto después, cuando estés sola?
Disimulé como pude y volví a la conversación, por suerte, mi interlocutor era una persona tan egocéntrica que no se dio cuenta de mi ejercicio de “spa mental”.
A veces va bien quedar con este tipo de gente que siempre te cuenta lo mismo porque puedes desconectar y pensar en tus cosas. Pero no lo hagáis, que eso es muy de villano de cómic, y además, si no lo hacéis bien, os pueden pillar.
A lo que íbamos. Parece que la necesidad de disfrutar del momento, nos impulsa a no disfrutar de nada realmente. Mi teoría es que eso pasa en verano. Queremos aprovecharlo tanto que tenemos que hacerlo todo muy rápido, para después poder contar que lo hemos hecho.
Por suerte viene a nuestro rescate el otoño, con el cambio de color de las hojas, los jerséis escotados nuevos que pienso comprarme, y mi cumpleaños, (sí, aquí empieza mi campaña de: hay que felicitarme, porque cumplo taitantos el mes que viene, pero sólo aparento de 32).
Vamos a por recomendaciones para el otoño. 
Hay que ir al cine y ver “Lucy”, Scarlett Johanson con un acertadísimo peinado que se parece mucho al mío, se vuelve superlista y nos enseña que no nos fiemos de la gente que lleva sombreros vaqueros fuera de Tejas, ni de la mafia tailandesa, ah, y también que Morgan Freeman es muy grande, como siempre. No voy a contar nada, porque me encantó y porque Luc Besson, se merece que paguemos una entrada.
Hay que  hacer una excursión para ver los colores del otoño. Por cercanía, cariño y porque lo conozco yo recomiendo el Pirineo de Lleida, pero si no tenéis mi suerte, vedlos donde podáis. Los colores de otoño, tienen el poder de cargarte las pilas y llenarte los ojos de tanta belleza que son un bálsamo para los días en los que la realidad, se porta como una fulana.
Hay que volver al gimnasio y sudar todas las cañas del verano. Y además hacerlo con la frente muy alta, en plan, no estoy naaaada cansada. 
Hay que empezar una libreta de deseos realizables. Porque otoño es una buena estación para estrenar libretas, y porque si tenemos una lista de deseos y propósitos seguro que no se nos olvidan.
Y para frenar esa sensación del tiempo que pasa y se escapa, vamos a detenernos y preguntarnos, ¿realmente tengo ganas de hacer esto? Si es que no, no lo hagáis, la vida es muy corta para perder el tiempo en cosas que no os gustan.

De verdad, si logro recordar todo lo que he pensado este rato, lo escribo en el blog. Ahora mismo, sonrío y vuelvo a la conversación que no me importa nada, para aparentar que sí. Y mañana mismo me aplico mis consejos. 
Feliz final de verano

jueves, 12 de junio de 2014

Esos días perfectos.

Hay días en que todo sale bien. Es una forma que tiene el universo para decirte: eiii, que no soy tan hijoputilla como piensas.
El viernes pasado fue uno de esos días. Desde que me puse encima de la báscula del cuarto de baño y vi la cifra que hacía seis meses esperaba ver, hasta la madrugada en que volví al apartamento haciendo eses, todo fue perfecto.
Fui de fin de semana a la playa y nada más llegar, encuentro aparcamiento a la puerta del hotel, nos hacen un “upgrade” y pasamos a tener un apartamento con la piscina en el jardín. He decidido que quiero una casa con piscina. Eso de levantarse y pasar del pijama al bikini es una gozada. Voy a un concierto dispuesta a pagar entrada y me dicen que ese día es gratis. Yo sospecho que la música será mala, por eso de que hay que pagar el karma del día. Pero empieza a sonar y resulta que es buena, Dixie de Nueva Orleans. La única cerveza del bar es mi preferida. Y paso una de las mejores noches que recuerdo.
A veces todo sucede así de fácil. Deja de llover. Te entran mensajes en el móvil de alguien que hace tiempo no sabías nada. Terminas un libro perfecto y empiezas otro que pinta mejor. No paras de sonreír. Y sólo falta una banda sonora y títulos de crédito para redondear la sensación de que todo está en armonía.
¿Qué pasa el día después? Pues que todo sigue igual de bien. Porque has subido a ese tren de ventanas amplias que te permite disfrutar del paisaje. Que te tomas las cosas de buen humor. Aunque te baje la regla un día de playa. Aunque seguramente los helados y la cerveza hacen que la cifra del viernes pasado sea sólo un buen recuerdo. Pero entonces te das cuenta de que la suerte, muchas veces es cuestión de actitud. No es lo que te pasa, sino como te tomas lo que te ocurre.
Empieza el verano en 3,2,1… y os quiero mandar mis mejores deseos para que lo paséis como nunca. Disfrutad de donde estéis: playa, ciudad o montaña. Buscad gente nueva o quedad con amigos de siempre. Id a conciertos y cantad a voz de grito, aunque el vocalista se empeñe en equivocarse.
Haced algo que os de miedo. Dadme noticias vuestras. Sentaos en un café e inventad historias de los que pasan por delante. Y disfrutad de los días que vienen.

Yo supongo que seguiré escribiendo durante los meses de calor. Pero por si no nos vemos, sed felices y buen verano.

domingo, 25 de agosto de 2013

Mosaico.

Cuando llega septiembre, al volver a las clases hay una escena que suele repetirse año tras año hasta la eternidad. Redacción. Título: “Cómo ha sido mi verano”.
Creo que los profesores al volver a trabajar tienen el cerebro aún lleno de arena, aroma a crema de coco, zapatillas de trekking y algún mojito de terraza nocturna. Y claro, siempre se aferran a las clásicas fórmulas, hasta que el cerebro esté adaptado al horario escolar.
He corregido un montón de estas redacciones. Y, generalizando bastante, podría decirse que se dividen en dos tipos. La primera, una retahíla de cosas que se han hecho, escritas con escasa emoción, para llenar las 15 o 20 líneas  obligatorias. La segunda, es cuando el alumno elige un momento del verano y lees 20 renglones donde se puede narrar desde un partido de fútbol, un día en la playa, la cómica caída de la abuela, una tarde de cine, o una excursión en bici.
Las segundas son mis preferidas. No suelen estar bien escritas pero son el reflejo de algo valioso, algo que este chico o chica recordará siempre. Y suelen estar llenas de repeticiones y de pasión.

Creo que si tuviera que hacer una de estas redacciones ahora, se convertiría en un mosaico. Una pared compuesta de piedrecillas con imágenes individuales que conforman una imagen mayor. Al acercarte más, verías momentos y personajes. Girasoles a pie de carretera. Tentación de parar y recogerlos. Adoro los girasoles, hasta los pintados. Pero si los recojo morirán, así que los dejo pasar. “Singstar”, aunque siempre me ganen. Lo paso bomba, en serio. Aunque creo que lo mejor es la compañía, soy muy tímida, y creo que no cantaría delante de cualquiera, por eso, gracias a Antía y Javito por algunos de los ratos más divertidos del verano. La voz de Norah Jones en la radio. El color lavanda. La luna llena. Los viejos capítulos de “Frasier”. Cantar mientras conduzco, este verano alternando Cole Porter y Belle and Sebastián, así, sin orden. Aunque también Will.I.am y Britney Spears, lo confieso. Los mensajes de whatsapp de dos amigos a quien quiero tanto que a veces los echo de menos si pasan un día sin escribirme. El encuentro 20 años después con Juan Ramón, que marcó uno de los mejores momentos de mi verano. Espero no tardar otros 20 años en reencontrarnos. El chocolate de lima y té verde. La tarde de recetas mejicanas con Argy, este hombre tiene que hacer un blog de cocina ya. Los cafés especiales de vainilla de Jorge, que ríete tú de los de Starbucks. Un baño en el mar, mientras llueve. Un vino blanco en Sitges. Tom Harrell. Caminar por la montaña. Las rebajas. Piscinas de agua helada. Las cañas a la hora de comer, las comidas improvisadas. La cerveza Alhambra, ¿Cómo no la había probado antes?       
El blog de Juan Echanove, que hará que me aficione a la buena comida. La última temporada de “Mad Men” que voy viendo racionada, para que dure un poco. Las conversaciones de cine. (Nota mental: ver “Los ríos color púrpura”). Un corte de pelo radical que acabó con mi melena de años. Las nubes que tapan estrellas fugaces cada año por San Lorenzo, esté donde esté. Los libros de Glenn Cooper. Los sudokus y crucigramas. Las charlas con mi hermana que pueden ser de fantasmas, de calvinismo, de viajes en el tiempo, de política, de religión o de pintauñas. La física cuántica. Doctor Who. Los helados de “After eight”. El hielo cuando hace calor. Los niños que molestan en los bares mientras sus padres los ignoran. Charlie Sheen. El horario del gimnasio que no he visitado desde julio, colgado al lado de mi cama. Los zapatos de tacón que no me he puesto... y mucho, mucho más.

Al alejarte el mosaico es una foto de mi, porque todos estos momentos, forman parte de mis recuerdos, y como en el fondo no somos más que un puñado de historias, todos estos momentos son yo misma. El verano termina, seguid fabricando recuerdos, son los que dan sentido a vuestra vida.

lunes, 20 de junio de 2011

San Juan

Ya está aquí, el verano. El calor. Los helados, el café con hielo, granizados, las terracitas, el no poder dormir por el calor, los mojitos que están  tan de moda que muchos ya han mutado a nuevas formas y se parecen tanto a un mojito como a una tortilla de patatas.
Ya está aquí, el esperado verano. Las verbenas, los petardos, la despreocupación, el no hacer nada. Las cremas anticelulíticas, las dietas, los protectores de sol, las gafas a lo Jackie O. Los niños que se tiran en “bomba” a la piscina, las mamas dejando que sus hijos disfruten veranos libres de preocupaciones. Ya les vendrá el sufrir.
Hace años que en una piscina no oigo las palabras “corte de digestión”,  a mi me hacían esperar una eternidad después de comer,  cruzando miradas de resignación con los otros niños sentados en toallas, y alguna vez el más atrevido se iba acercando con disimulo a la piscina a mojar un dedo del pie. La mamá respectiva esperaba hasta que el niño estuviera en el borde, cual leona agazapada tras la hierba, y cuando el dedo estaba a punto de tocar el agua, se oía un grito que dejaba al pobre chico a salvo del corte de digestión pero con un susto de muerte.

Ya está aquí el verano. Y viene a lo grande, celebrando su nacimiento con fuego. Hogueras a media noche. Bailes y contorsiones. Alguna conga, por suerte ya pocas. Escotes que salen y saludan al sol y a la luna. Sandalias de tacón que parecen diseñadas por Torquemada.
El calor, tiempo de descanso, de leer el periódico y ponerse al día. Los libros poco serios; típicos del verano, de los quioscos en la playa. Me pregunto cuándo lee la gente los libros serios.
El verano. Y con él, los conjuros de la noche de San Juan,  y las brujas, los fantasmas, Puck el travieso, y las criaturas de los bosques. Las que existen y las que no. Las que se ven y las que se perciben. Pero el dueño y señor, es el fuego. Lo encendemos para dar fuerza al sol, para que se mantenga digno mientras la noche le va recortando cada día un poco de luz.
Y esa noche, lo que no se puede negar es que una energía diferente flota en el aire.
Y nosotros salimos, ansiosos por empezar una nueva etapa. Con los deseos envueltos en laurel y las penas arrojadas a la hoguera.
La noche de San Juan no sólo es música, alegría y cava. La noche de San Juan, es un poco de esperanza. Para lo que venga. Damos fuerza al sol, pero en realidad nos damos fuerza a nosotros mismos. Que muera lo viejo para que venga lo nuevo.
Feliz verano a todos.

EL CREADOR DE DISTOPÍAS

  Tengo un amigo que ama las distopías. Escribe sobre ellas y parece que todo lo analiza con precisión quirúrgica, cuando lo imagino delante...