lunes, 31 de julio de 2017

EL VIAJE


Termino el mes de Julio con este microrelato. Nos vemos en Agosto.

Muchas de las buenas historias que he leído empiezan con un viaje. Ésta no es una buena historia pero empieza igual.

El tren llega a la estación con puntualidad británica. Mi maleta medio vacía pesa un montón. No me extraña, el vacío que queda entre bragas y calcetines está lleno de esperanzas perdidas y decisiones tomadas en el último momento. Y eso pesa mucho. En esta estación no hay nadie más. Claro que son las 4.00 de la madrugada y la estación cierra por las noches. El tren entra humeando como los trenes antiguos. Yo lo veo como el "Orient Express" pero puede que tu lo veas distinto. Suena un silbido y se abren las puertas. Como si fueran automáticas. Nadie baja. Yo sí subo. Se cierran detrás de mí y con un silbido más largo y cruel dejamos la estación desierta. Miro a mis compañeros de viaje. Gente de todos los tiempos. De todos los sexos. Incluso gente que no parece gente.
-   Yo solía vivir en un bosque alemán. Dime que me reconoces.
La que habla tiene pinta de bruja.
-   Tenía una casita hecha de chocolate y azúcar.
-   ¡Claro! Te comías a los niños.
-   Vaya chorrada más grande. Si tengo tanto chocolate como para construir una casa ¿por qué tendría que comerme a un niño? Eso son cosas de los Grimm. Nunca me fié de esos bibliotecarios venidos a más. Pero entonces ¿me recuerdas?
-   Vagamente. Creo que era muy pequeña la última vez que me contaron la historia.
-   Que inconveniente. Supongo que continuaré aquí un poco más.

Vuelve el silencio y aprovecho para buscar un asiento. Un hombre me ayuda con el equipaje.
-   Pesa bastante. ¿Esperanzas perdidas y malas decisiones?
-   Casi. Decisiones desesperadas. Aún no se si funcionaran o no. Pero ¿Cómo lo ha sabido?
-   Llevo mucho tiempo trabajando en el tren. Sabría reconocer lo que hay dentro de un paquete por el peso y el aroma. Lo suyo es fácil. Las esperanzas perdidas son la moneda que compra el billete del tren. Así que todos las llevamos en la maleta. Aunque las malas decisiones suelen oler a soledad y noches en vela. Por eso me he confundido.
-   Vaya… Y ¿Quién es usted?
-   No podría decirle mi nombre aunque lo supiera. Las reglas son las reglas.
-   No sé nada de reglas.
-   Ya aprenderá. Si tiene que quedarse. Si no, no importa. Voy a por un té. Si quiere unirse, más adelante encontrará el vagón restaurante. Para cualquier pregunta silbe. ¿Sabe silbar verdad? Junte los labios y sople.

El hombre desaparece y yo me quedo pensando en la última frase. La he oído antes pero no recuerdo donde.

-   ¡Oh! la dice Lauren Bacall en una película. No se preocupe. Lo dice siempre. Yo no sigo las normas. Me presentaré como se ha hecho toda la  vida. Soy el fantasma de Canterville. Llámame Simon. Sir Simon si te sientes ceremoniosa.
-   Pero yo te recuerdo. Mucha gente te recuerda. Hicieron películas de ti.
-   Pero nadie se ha leído la historia desde que dejaron de ponerla como lectura obligatoria en el instituto.
-   ¡Vaya!
-   Sé que no debería estar aquí. Siempre creí que era famoso pero mi última aparición pública fue para un anuncio de quitamanchas allá por los años 70. Y naturalmente hay normas que no puedo saltarme. Hasta que alguien coja el libro y lo lea entero no puedo bajar. Deja que te mire. Tú vienes de una historia distinta. No, no me lo digas. No empieces a ser rebelde el primer día. Estás de suerte, no es el peor vagón del tren. Aquí todos tenemos un poco más de oportunidad. Sobre todo si algún productor compra los derechos. El cine y las series ayudan a recordarnos. Y siempre hay alguien que va a la fuente y compra el libro. Es entonces cuando salimos del tren.
-   ¿Conoces a alguien que haya salido?
-   Claro. La Dama del lago. Y gracias a Dios porque era bastante insoportable. Resulta que añoraba la humedad. Pero Camelot se puso de moda. Y salió. Sin despedirse. Desaparecieron tanto ella como su equipaje. Que por cierto olía bastante mal.
-   A malas decisiones.
-   A eso mismo. Las que tomamos cuando nadie nos recuerda. Y ella rebosaba soledad. Ya sé que el mayordomo te ha ofrecido una infusión. Pero siéntate conmigo, tengo un irlandés que nos hará cantar “Danny Boy” hasta caer dormidos. Y puede que adivine de que historia vienes.

El tren sigue avanzando. La luna juega en las ventanas y los acompaña. Este viaje pertenece a la noche. Y sigue silbando aunque no pueda oírlo nadie. Lo que sí se oye es el canto de “Sir Simon” animado por su interminable petaca de whisky. Los otros pasajeros acostumbrados a las veladas irlandesas del viejo fantasma, miran por la ventana al vacío y a la luna, la única que se atreve a romper el velo de la oscuridad.


Como imagino que estáis de vacaciones no os voy a poner la canción de Danny Boy que tampoco hay que deprimiros. Esta es la primera canción que he escuchado esta mañana cuando he entrado en mi coche. Cosas del aleatorio. Sed felices.



lunes, 24 de julio de 2017

EL BOSQUE DE TINTA

Volvemos con los lunes de ficción. Y esta vez aunque acabo de escribir la historia, la tenía escrita en mi mente desde el viernes por la noche, mientras conducía detrás de un camión especialmente lento.


Cada día al levantarme siento el aroma del té de canela. Hace un año que estoy aquí. Más o menos. Es un poco difícil calcular el tiempo. He recorrido todos los caminos posibles. Conozco cada mancha de tinta y cada irregularidad del papel. Recuerdo perfectamente lo que estuve haciendo la noche antes de llegar. Era verano y estaba en la cama con la ventana abierta, la brisa de fuera era fresca y había un té humeante en la mesilla de noche. Té de canela. El aroma de la infusión me llevaba de viaje a desiertos bajo las estrellas. Y desperté aquí. En esta misma página. Conozco cada letra, cada palabra y cada frase de la página 27. Los primeros días me quedé a vivir en la palabra DESEO. La D me sirvió de refugio en las noches de viento, me divertí bajando la S como un enorme tobogán y pasaba las mañanas ordenando mis recuerdos en las estanterías de la E. Pero un día al ponerse el sol no sentí las cosquillas al bajar por el tobogán y eso era un inequívoco signo de que debía cambiar de sitio. Caminé un tiempo sin rumbo definido, al fin y al cabo, tenía un bosque de palabras a mi disposición. Caminaba y hablaba con lo que podía, los signos de puntuación eran más expresivos y me entretenían. También eran más transparentes que las palabras, éstas a veces estaban llenas de dobleces y segundas intenciones. Por las noches me dormía en los claros que quedaban en los puntos y aparte. Se estuvo bien allí hasta que llegó el otoño y empecé a oler las castañas y las hojas secas. Mi estación preferida pensé, es hora de buscar otro hogar. Me paré delante de la palabra ESPECTADOR. Era grande como una mansión y enseguida me sentí a gusto en ella. Es ese falso confort que te da mirar las cosas. En mi vida real siempre fui una gran observadora, pero evolucioné mal, evolucioné a simple espectadora. Aunque a pesar de saber que no era una buena decisión, pensé que no estaba mal pasar el otoño en un lugar conocido. Hasta que llegó la Navidad y supe que era hora de volver a casa. Se me plantearon varias preguntas ¿Cómo salgo? ¿Debo hacer algo? Normalmente en las historias debes conseguir una meta, solucionar un enigma o encontrar un tesoro para llegar al final. Pero yo estaba totalmente sola en un bosque de palabras. Una especie de Robinson rodeada de un mar de tinta. Los días de lluvia eran los peores, porque todo olía a miedo y las letras asustadas temían borrarse y desaparecer. “Debes leernos para recordarnos” me susurraban mientras dormía. Las palabras a veces exageran, sobre todo cuando está nublado o es de noche.
Pasé el invierno y la primavera de casa en casa, llegaba a una palabra maltrecha y la arreglaba hasta dejar todas sus paredes negras, brillantes y cargadas de buen humor. Pasé por BUTACA, PASIÓN, ROJO, NIEVE, AMANECER, BRILLANTE, VAINILLA y VIAJE. En todas dejé algo de mí, pero siempre salí ganando.
Desde hace unos días, estoy de verbo en verbo. Necesito movimiento y se comenta que ellos son los únicos capaces de sacarme de aquí.  


Os dejo seguir disfrutando del verano. La banda sonora hoy es de Nina Simone. Quien nos cuenta que no tiene nada pero tiene vida. ¿Y no es eso lo mejor de todo? Leed, vivid y sed felices.


lunes, 17 de julio de 2017

THEY CALL YOU LADY LUCK

Seguimos con la ficción. Esta vez dedicada a alguien en quien pensáis muchas veces a lo largo de vuestra vida.

Hay muchas maneras de invocarme. Algunos sopláis las velas en vuestra tarta de cumpleaños. Otros lanzáis monedas a una fuente, pedís deseos a las estrellas fugaces o dais palmadas a las 11:11.
Todas estas cosas me halagan y me siento querida, pero dejadme deciros que todas son incorrectas. Ninguna funciona. Aún así, hay muchas formas de invocarme. Sólo el que esté atento a los detalles será capaz de verme. Me escondo mucho mejor que Puck que se anuncia cada solsticio de verano. ¿Sabéis cuál es vuestro fallo? Que sólo invocáis una parte de mí. Queréis que os haga caso siempre que mi lado malo viene de visita. Pero aunque no sea humana tengo mis dos partes. No somos dos entes distintos. El mal lucha contra el bien eternamente en mi interior. No siempre es una lucha dura. A veces dejo que gane el mal para divertirme y ver cuánto aguantáis sin llamarme. A veces bebo un vodka helado y me entretengo viendo vuestras desgracias. Como si estuviera en el cine. Os veo entrar en iglesias, llorar de noche cuando creéis que nadie os observa y cuando veo que no podéis más, os lanzo unas migajas que vosotros llamáis destino. Hay algo que me sorprende mucho más que todos vuestros rituales. ¿Sabéis cuánto dinero derrocháis en mi nombre? La lotería tiene que ver con el azar, no conmigo. Puede que os toquen millones y no os quede tiempo. Puede que seáis ricos y no tengáis a nadie con quien compartirlo. Pero ahí estáis, pobres mortales llenos de amuletos invocando mi nombre semana tras semana. A veces juego al ajedrez con el azar. Y nos reímos de vuestras necesidades. Sí. Somos crueles. Va con nosotros. Contadas veces a lo largo de vuestra historia alguien ha hablado conmigo cara a cara. Sabiendo que era yo. Y he sido generosa. Pero se necesita valor para reconocerme. Os daré alguna pista. No soy la morena que te mira en el metro. No soy la cita de Tinder a quien pones sobre un caballo blanco. No suelo aparecer en forma de gran oportunidad ni de boleto de un sorteo. Tampoco en forma de trébol de cuatro hojas. Suelo ser más cotidiana. Puedo estar escondida en las salas vacías de un museo a punto de cerrar. O en un cine donde nadie va. Podría estar un segundo después  de que se cierren las puertas del avión que no has podido coger. Suelo estar en las tormentas que cambian de dirección y en los reflejos del cristal que ves de reojo casi sin darte cuenta. Me gusta esconderme en los pequeños detalles. Pero tu no tienes tiempo para estas cosas ¿verdad? A veces pasas por mi lado y no me ves. Puede que yo estuviera pendiente de ti y me enfado. Es entonces cuando mi parte mala te persigue.
Hay formas de vencerme. Si veo empeño en ello te dejo ganar. Y entonces es cuando dices que la Buena Estrella se la fabrica el que trabaja. Pero la mayoría sois muy vagos para intentarlo. Otra forma de tenerme a tu lado es enamorarme. Pero es difícil. No soy mujer de monedas en la fuente ni rosas rojas. Debes seducirme con otras cosas. Me llaman Suerte. Entretenme con tus historias y puede que veas mi parte buena.


Os dejo con la pregunta de qué estaré tomando o fumando para escribir estas cosas. Os confieso que sólo tengo un cigarrillo rubio y un gran vaso de agua helada. La canción de esta semana como no podía se otra es “Luck be a lady tonight” del  musical “Guys and Dolls”. La canta mejor Frank Sinatra, pero he encontrado esta versión de Ewan McGregor y si aguantáis un poco el diálogo inicial lo oiréis cantar dándolo todo. Sed afortunados y sobretodo sed felices.


lunes, 10 de julio de 2017

EL "CLUB B"

Segundo Relato de ficción.  

Los fotógrafos hacen guardia desde las 5 de la mañana. Nadie quiere perderse nada. Los tipos de seguridad, parecidos a los “hombres de negro” americanos, están en sus puestos desde mucho antes. Nadie entrará ni saldrá sin que ellos los controlen. Hacia las seis empieza el movimiento, se levantan las persianas de la sala donde tendrá lugar la reunión. Aunque se levanten las persianas es imposible fotografiar nada desde fuera. Los drones serán abatidos inmediatamente. El primero en llegar es un Mercedes negro de cristales tintados, nadie sabe quien va dentro, los fotógrafos empiezan a disparar sus con sus cámaras. Al cabo de pocos minutos dos limusinas también negras entran en el hotel. El goteo de coches con cristales tintados va en aumento y a las nueve de la mañana ya están casi todos.
Entonces llega una limusina blanca tipo Hummer, se bajan las ventanillas y el diseñador de moda saluda con la mano. A su lado está el primer ministro de un país nórdico quien también saluda.
-   El “Club B” se reúne este año a orillas del Mediterráneo, algo que agradecemos todos los que tenemos que cubrir la noticia. El misterio es el invitado habitual de estas reuniones de las que se dice que dominan el mundo. Sabemos que hay entre los miembros del club: políticos, millonarios, economistas y algún escritor famoso. Ahora llega el último premio Nobel de literatura, se ve que aquí sí ha querido venir. Ha saludado desde su coche pero no nos ha dicho nada. De poco nos enteraremos ya que toda persona relacionada con el “Club B” firma un blindadísimo acuerdo de confidencialidad. Pero nunca se sabe, seguiremos informando, de momento devolvemos la conexión a los estudios centrales.
La sala se va llenando de gente famosa. Se saludan con familiaridad. Comentan que hoy se harán una foto de grupo y la pasarán a la prensa. Hay gente que protesta ¿y el secreto? Otros dicen que a veces hay que cambiar algo para que todo siga igual. Cuando todos están en la sala, los camareros dejan las últimas bandejas de delicias y salen. El presidente se saca una llave colgada del cuello en una cadena de oro. Cierra por dentro. Se hace el silencio.
-   Podemos relajarnos. Cualquiera diría que estamos en un acto oficial.
Todos ríen.
-   Este año hemos introducido algunos cambios, pese a las críticas. La prensa estaba perdiendo interés y es vital que la prensa quiera saber cosas de nosotros. Bienvenido a Carlo nuestro diseñador de moda. Sabes que serás expulsado hacia la mitad de la reunión, la gratificación será ingresada esta noche a una cuenta en las Islas Caimán. En cuanto hables con la prensa y recites lo que te hemos dicho podrás cobrarlo. El libro que escribirás con tu experiencia dentro del Club B ya está terminado, saldrá en cuatro meses. Podrás ir por las televisiones y conceder entrevistas pero cuidado, no queremos ni una sorpresa. Nos gusta tu ropa y la queremos disfrutar muchos años.
Carlo asiente incómodo y sonríe. Está sudando pero intenta mantener la compostura.
-   Bueno creo que este año tenemos dos reuniones de 4 horas cada una. Así que relajaos y disfrutad de la comida y la bebida. Os recomiendo los macarons venidos de la misma pastelería donde los encargaba Maria Antonieta. O eso dicen, a saber. Tenemos la botella de Chateau Lafitte 1787 con las iniciales de Thomas Jefferson, quien quiera probarlo debe participar en la subasta. Para los que no quieran gastar tanto tenemos un Château Mouton Rothchild de 1982. Para los amantes de la cerveza tenemos la recomendación de que se abstengan de pedirla. Vamos a empezar la subasta. Disfruten.

En el otro lado del mundo, unos jubilados están jugando a las cartas. El lugar, una pastelería cafetería italiana de barrio, donde se juntan cada mes para su campeonato de cinquillo. Sí, en Brooklyn también se juega al cinquillo.
-   ¿Han empezado?
-   Hace dos horas. Carlo debe estar a punto de ser expulsado.
-   Que se joda ¿Habéis visto su colección? Es una mierda. Mi nieta me pidió unos pantalones para su cumpleaños, yo le dije que tenía unos iguales a su edad para arreglar el coche de mi padre.
-   ¿Se los compraste?
-   ¿A 3000$ el par? Le compraría un poco de buen gusto si pudiera. No, le compré un libro de horas encontrado en una abadía de Irlanda. Único. Creo que lo ha vendido por internet, si supiera lo que vale le daría un infarto. Podría haber comprado al mismo Carlo sin pantalones.
-   La juventud es un poco gilipollas. ¿Qué hacemos con Corea del Norte?
-   De momento esperar. He hablado con Kim y no sé qué pensar. Es de mísil fácil. Pero parece satisfecho con el acuerdo. Se reúne mañana con nuestro representante americano. Para terminar de concretar los términos.
-   ¿Donald?
-   Claro que no imbécil, Nuestro representante.
-   Ah bueno. ¿Y Venezuela? ¿Y Cuba?
-   De momento en Venezuela que sigan, así intervendremos cuando necesitemos una maniobra de despiste. Con Cuba lo tenemos difícil el idiota americano la ha vuelto a cagar. ¿Quién votó por él?
-   Hizo una donación para comprar el voto de todos y lo sabes.
-   La hizo al “Club B”. A nosotros nos importa una mierda. Que salga algo de Rusia, vamos a atacar por flancos, empecemos por su familia.
-   Mira la expulsión de Carlo. ¡Rosa sube el volumen! Y trae más cannoli que hemos acabado con ellos.
-   ¡Más cannoli más cannoli! Su colesterol está por las nubes!
-   Venga Rosita que en el fondo te damos pena, eres la única que nos cuida, a nuestras familias no les importamos.

La camarera les trae una bandeja llena de dulces y sonríe cuando uno de los abuelos le toca el culo. Pobrecillos que humor tienen. Ya me gustaría a su edad tener cabeza para jugar al cinquillo. Mientras tanto en la tele una primicia: Carlo el diseñador sale de la reunión del “Club B”. La primera expulsión de la historia. Rosa piensa que mataría por poder espiar esa reunión a orillas del Mediterráneo, desde allí se domina el mundo.

Os dejo por esta semana, recordad que siempre hay que mirar qué hay detrás de las grandes noticias de primera página, generalmente allí se esconde la verdad. Sed felices. 




martes, 4 de julio de 2017

EL ALMA INMORTAL

Este verano voy a dedicar algunos de mis posts a la ficción. El primero va dedicado especialmente a Juanjo quien me dio la idea. Así que os dejo con el pequeño relato. Si lo vieseis en persona identificaríais a J inmediatamente aunque cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, o no, quién sabe si las coincidencias existen.

“Hace tanto tiempo que vive que nadie sabe cómo se llama. Es una de las almas inmortales que se pasean por el mundo entre nosotros. Responde a “J” y con eso le basta. Muy en el fondo de su ser, su nombre real está guardado en una caja fuerte. Abrirla sería casi imposible, sólo él podría, pero de momento no lo necesita.
Lo que ha mantenido tanto a J vivo ha sido una mezcla de circunstancias inexplicables, pero sobre todo la curiosidad. Ahora mismo, el sol se está poniendo en París y él está en silencio admirando la cumbre del gótico. Está estudiando los vitrales y aunque sabe a la perfección cómo se construyó la catedral, sigue teniendo la sensación de que el cristal aguanta la estructura por cuestión de magia. Naturalmente no cree en la magia, pero sí en la genialidad humana que a veces es casi lo mismo.
J se sienta y medita. Debe de ser el único hombre vivo que sabe cómo funciona el mundo. No de una manera metafísica, sino casi mecánica. Conoce cada engranaje y ruedecilla, conoce donde encaja cada pieza y aunque tardaría un poco sería capaz de ponerlo en hora como un maestro suizo a un reloj. No lo hace porque sabe que la humanidad lo volvería a descompensar en cuestión de segundos. Lo hizo alguna vez y durante unos instantes absolutamente todo fue perfecto, la gente que vivió la experiencia, la recuerda como un momento de epifanía, un momento en que todo estaba donde debía de estar. Pero eso fue muchos siglos atrás.
La luz del atardecer entre las figuras le recuerda las tardes que pasaba con su amigo Leonardo. Tardes de vino joven y charlas viejas en la Toscana, mientras Leonardo le hablaba de sus proyectos y del sentido de la vida. J nunca le perdonó que se dedicara al arte. Si hubiera trabajado la ciencia el mundo no sería el mismo, seguro que sería mejor. Leonardo tenía la curiosidad necesaria para vivir para siempre pero lo mató la inocencia. Para él todo era posible y creía en la bondad. Ese fue su error. “La observación es la clave de todo, solo tenemos que estar atentos”. Él sigue observando aunque cada vez entienda menos.
Su siguiente mejor amigo fue un hombre de ciencias, un genio un poco loco que vivió antes de tiempo. Nikola Tesla sigue siendo un misterio para todos. J sonríe cuando oye todas las teorías conspiratorias que viven aún a su alrededor. Es él quien tiene sus diarios escondidos donde nadie los encontraría, a la vista de todo el mundo, en un museo de una pequeña capital de provincias. A J aún le emociona ver la foto de Nikola bajo los rayos al lado de la jaula. Nadie sabe que la tomó él. Aquella noche bebieron hasta el amanecer.
J se levanta y se va, se siente nostálgico. La nostalgia es peligrosa. Incluso ha pensado en visitar a Nicolas Flammel para charlar de los viejos tiempos, pero nunca ha confiado demasiado en él. Teñir de magia la ciencia es el mayor error del mundo. Y el viejo Nicolas siempre ha jugado a dos bandas.
J pasea hacia su casa pero empieza a oscurecer y decide entrar en el metro. Demasiados fantasmas por la ciudad detrás de las sombras. Llega el convoy sin conductor, a Leonardo le habría encantado. Nikola se quejaría del precio, él creía en la energía gratuita. Otro inocente. Si J ha entendido algo es que el dinero es el Dios pagano más poderoso. Suena su teléfono móvil. Es Elon Musk. Otro visionario. Aún queda esperanza. Queda tanto por soñar y por hacer que no puede permitirse el lujo de morir.”


Os dejo con la primera canción que he escuchado esta mañana. Norah Jones nunca falla. Creed en lo imposible y sed felices.


EL ÚLTIMO CAFÉ

Recupero una ficción que empecé hace mucho tiempo y quedó encallada. De momento son capítulos sueltos que se pueden leer, sin más expectat...