Las
fechas bailan en la historia, hay varias versiones del porqué el 8 marzo se celebra el día de la mujer. Anteriormente fue el día de la mujer
trabajadora, pero fue modificado para pasar a defender a la mujer en todos los ámbitos de
la sociedad. Una de las versiones dice lo siguiente:
El
8 de marzo de 1857 sobre un centenar de mujeres trabajadoras de una fábrica
textil “Sirtwood Cotton” de Nueva York se declaraban en huelga. Su petición era
igualdad de salario con los trabajadores masculinos, jornada de 10 horas, y una
mejora en la higiene del lugar de trabajo. El jefe, pensó que era una buena
idea encerrarlas y provocar un fuego a modo disuasorio. Pero el fuego se
descontroló y las huelguistas murieron dentro de la fábrica. Dicen que el color
violeta que es el símbolo del día de la mujer viene de la tela que estaban
fabricando el día que murieron.
Otra
versión dice que esto es en parte leyenda y que fue forjada en 1955 para
eliminar el carácter comunista que tenía la celebración del día de la mujer
trabajadora.
Pues
la verdad es que me importa poco. Lo que no es un mito es que aún hoy existe
cierto “sexismo” encubierto o menos encubierto, en el mundo laboral. Hace pocos días un eurodiputado
polaco hizo la afirmación de que una mujer debe cobrar menos por ser más débil
y menos inteligente. Me recordó una figura del derecho romano, el “Imbecilita sexus” que equiparaba a la mujer,
por ser mujer, a los niños o a los tarados.
Nunca
me he considerado demasiado feminista, porque siempre creí que no me hacía
falta. Que vivíamos en una sociedad que empezaba a ser justa y equilibrada,
donde lo que importan son las personas y no el sexo. Pero parece que no. No
vivimos en esa sociedad.
No
estoy de acuerdo con las feministas que consideran al hombre un enemigo. Ni con
las mujeres que consideran a las feministas “marimachos feminazis”. Creo que he
dejado de creer en colectivos o estereotipos y empiezo a creer en seres individuales.
Por cierto esas frases que ruedan por internet con fondos de
rosas y que instan a tratar a tu mujer como a una princesa no ayudan. No somos
princesas, ni débiles, ni menos inteligentes, ni bonitas, ni delicadas, ni
marimachos. Y sí, somos princesas, somos revolucionarias, listas y tontas,
víctimas y verdugos, perfectas e imperfectas. Porque ante todo somos seres
humanos. Y merecemos ser tratad@s como tales. Así que mañana cuando el telediario se llene de noticias sobre el día de la mujer, recordad que mito o no, un día se necesitó una fecha para defender nuestros derechos. Y por lo que parece, lo seguimos necesitando.
Os
dejo con una canción que no tiene nada que ver con el día de la mujer. Pero
está cantada por una de mis voces femeninas favoritas, a parte, el ritual transformador de quitarse el maquillaje me fascina. Disfrutad de "Not in love", de Maika Makovski y sobretodo, sed
felices.