lunes, 30 de septiembre de 2013

Pantalla blanca, butaca roja.

Me enamoré a muy temprana edad. De Gene Kelly. Llevaba una foto suya del periódico en mi carpeta de inglés. Después fueron Cary Grant, Frank Sinatra y Burt Lancaster.
Empecé a ver películas en la tele. Cuando sólo había dos canales.
Pero la primera vez que fui al cine está grabada a fuego en mi memoria. Doble sesión. “La cenicienta” de Disney, doblada en Puerto Rico creo, y “El planeta de los simios”.
No echemos cuentas. Por supuesto que las películas no eran de estreno, porque yo no había nacido cuando se estrenó ninguna de las dos.
Pero eran principios de los setenta. Y puede que fuera la fiesta mayor de mi pueblo, o puede que yo esté mezclando mi memoria con alguna escena de película costumbrista.
Mi amor por el cine, aumenta de grado al poder ver las historias en pantalla grande.
Recuerdo coleccionar unos artículos que salían en “La Vanguardia” escritos por Terenci Moix, “Mis inmortales del cine”, donde te contaban la vida, filmografía y algún que otro cotilleo de rodajes de grandes divas y divos de Hollywood. Bueno, no todo era Hollywood, porque también salieron Anna Magnani y Sarita Montiel.
Sí, entonces mis divas eran Bette Davis, Rita Hayworth y naturalmente Marilyn Monroe.
A medida que me hice mayor, seguí yendo al cine, a ver las novedades y estrenos. En los tiempos en que la sesiones de cine eran dobles, y, al menos en mi pueblo, podías repetir película, si te había gustado mucho.
Recuerdo que los veranos, había un día dedicado a un maratón de terror. Podías entrar a las 4 de la tarde y salir a las 6 de la mañana. Creo que nunca me quedé a verlas todas pero sí aguanté heroicamente unas cuantas películas seguidas.
También asistí a una película de cine a una peseta. Era el centenario de unos cines y la entrada sólo costaba una peseta. Pero no te podían dar cambio así que tenías que dársela justa a la taquillera.
Yo vi “La diligencia” de John Ford. Claro, todo eran películas antiguas.
Resumiendo, que el cine, como los libros y la música, han formado un importante papel en mi educación.
Pero ahora el cine está en crisis. No de ideas, que puede que también, ya que últimamente hay mucho “remake” suelto, en crisis, porque la gente no va.
Y cada vez cierran más salas, el aumento del IVA con la consecuente subida de precios, las descargas de internet y los canales de pago donde puedes ver cine de estreno en muy poco tiempo.
Pues me da pena. Creo que por cada cine que cierra a “Clarence” se le cae una pluma de sus alas. (vaaa... que la referencia es facilona). Por cada sala de cine que muere, se cierra una puerta  que te lleva a  otro mundo. Ya nadie verá allí su primera película, y ningún chico trabajará los fines de semana vendiendo palomitas, ninguna otra pareja vivirá allí su  primera cita, ni se quedará la gente sentada al terminar la película y encender las luces, porque ha llorado tanto que a todos les da vergüenza salir a la calle. No es ficción, me pasó una vez. La sala estaba medio llena y nadie salía. Vino el acomodador a ver que pasaba porque la gente esperaba para entrar al siguiente pase.
Pues eso, que sí, que hay multicines. Y también me gustan, pero a veces las distribuidoras se olvidan de películas pequeñas, de versiones originales, o de maratones de terror, de comedia o de western.
Mi consejo para este otoño, es que por favor, mientras caen las hojas y el viento empieza a soplar, resguárdense en un cine. Vayan a ver algo que nunca elegirían, déjense sorprender, si les va la comedia, vayan a ver terror, si les va la acción vayan a ver un drama, o una de dibujos animados. Pero vayan al cine, y cuando apaguen las luces, y sólo estén ustedes y la pantalla, déjense llevar. Es su momento. Feliz otoño.




EL ÚLTIMO CAFÉ

Recupero una ficción que empecé hace mucho tiempo y quedó encallada. De momento son capítulos sueltos que se pueden leer, sin más expectat...