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miércoles, 6 de enero de 2016

Cajas vacías.

El fin de las vacaciones de Navidad, lo asocio sin remedio a la voz del periodista Andrés Aberasturi hablando por la radio de los papeles de regalo y cajas de juguetes en los contenedores de basura.  De pequeña las voces de RNE1, me contaban infinidad de cosas, mientras José María Pou y Concha Barral me hablaban de casi todo lo que sé de teatro musical americano; Andrés me contaba historias de cada día y sembraba en mi inconsciente, palabras que yo convertía en imágenes que siempre me acompañarán. Y la verdad es que ahora mismo desde mi ventana estoy viendo como gente deja cajas vacías de juguetes en el contenedor, y pienso en toda la felicidad que contenían dentro. El poder acumulado mientras estaban escondidas para que no las encontraran, o la ilusión con la que han sido elegidas. Magia en estado puro.
Lo curioso, es que la gente suele asociar el fin de las vacaciones con estados de depresión y tristeza, y muchos empiezan a contar las horas hasta las próximas. Es extraño que no nos demos cuenta de que la vida es lo que nos pasa todos los días, y las vacaciones son sólo esa excusa para pasar tiempo con la gente a la que queremos, para ver películas antiguas, o para disfrutar del “dolce far niente”.
Me quedan aún unas horas para volver a mi rutina diaria, y la verdad es que pienso aprovecharlas a fondo. No voy a hacer la lista de buenos propósitos, porque si en los últimos años no los cumples, soy de la opinión que hay que indultarlos.
Así que este año, me relajo. No hay planes de aprender un idioma nuevo, de hacer puenting o de aprender a cocinar.
Sin embargo, sí hay planes de disfrutar lo que traiga cada momento, dar patadas a las piedras del camino y escuchar por lo menos una canción al día que me encante.

Os dejo, con este Post nocturno, para que disfrutéis de los siguientes instantes, y os dedico esta canción, de Belle and Sebastian, que han compuesto alguna de mis canciones fetiche,  disfrutadla y sed felices.


jueves, 19 de diciembre de 2013

Millonarios en ilusiones


Dicen que los momentos difíciles agudizan el ingenio.
Este es el segundo año que en Balaguer, donde yo vivo, hay poquísimas luces de Navidad. Por la crisis. Pues bien, como alternativa han puesto un montón de estrellas de cartón plateado. Por un donativo que va destinado a una maratón benéfica, escribes tu nombre en la estrella y la cuelgan en el paseo. La verdad es que la primera vez que lo vi, era una mañana gris del año pasado y pensé, “hay que joderse, que pobres somos”. Pero un día al salir del trabajo, había oscurecido y las estrellas plateadas brillaban reflejando la luz de las farolas. La verdad es que me encantó. No somos pobres, pensé, es sólo que no tenemos dinero. (Frase que me aplico a mí misma constantemente).
Pues eso, mi pueblo está lleno de estrellas plateadas con nombres escritos y verlo me pone de buen humor.
Hay otras cosas que me hacen feliz en estos días. Escuchar los villancicos clásicos de Diana Krall, Michael Bublé o Harry Connick Jr. Aprender a hacer canelones con mi madre. Sí, aprendo cada año, porque nunca, nunca me saldrán como a ella.
Quedar con amigos. No con esos que no ves en años porque no tienen tiempo, o porque la vida es así y habéis perdido el contacto (nunca he creído en esa afirmación), sino con esos que están en contacto siempre contigo, aunque vivan lejos. Y aunque estén muy atareados. Aunque sólo hables con ellos por whatsapp o por el face.
Mirar películas rituales. Sí, esas que repito año tras año en vacaciones: “Que bello es vivir”, “Love Actually”, y los especiales de Navidad de Dr. Who.
Elegir una agenda nueva. Y esperar que se llene de cosas interesantes y no sólo citas obligadas.
Hacer una lista de buenos propósitos, tacharla y quemarla, porque este año pienso hacer lo que me de la gana.  
Valorar a la gente positiva, por ejemplo a Albert y sus chistes en facebook. Reconozco que me encantan, hasta los malos.
Aprovecho esta entrada en el blog, para desearos una muy feliz navidad, llena de estrellas plateadas que bailan de noche con nombres escritos. Llena citas interesantes. Llena de besos y abrazos. De regalos, de canciones y de películas con finales felices. Y espero que todos seáis millonarios, sobre todo en amigos e ilusiones.

miércoles, 24 de abril de 2013

Matar dragones.

El día de Sant Jordi en Cataluña se celebra el día de la rosa y el libro. Aunque últimamente todos compramos, regalamos y recibimos más o menos de todo, lo típico es que el hombre regale una rosa a la mujer y la mujer un libro al hombre. En mi opinión todos deberíamos regalar libros y rosas, pero éste ya es otro tema.
El caso es que ayer 23 de abril, estaba yo haciendo cola para pagar un libro. Delante mío, dos chicas de unos 14 años, vestidas con el uniforme del colegio. Una de ellas llevaba en la mano el libro "Los juegos del hambre", y la otra nada. La que llevaba el libro tenía la cara llena de pecas y su cabello recogido se iba soltando por los tironcillos nerviosos que ella misma se daba mientras avanzaba la cola. 
Les toca. El chico de la caja, un altísimo rubio de unos 18, las saluda y les pregunta a que hora salen de clase.
"A la una", contesta la pecosa.
"¡Que bién vivís!"
"Pero a las tres volvemos a entrar"
El chico les sonríe mientras les devuelve el cambio. Pequeño silencio incómodo, mientras la chica de las pecas se saca un paquete de la mochila.
"Es que tengo algo para ti".
Es un libro, intuyo, envuelto para regalo que el chico recoge y guarda debajo de la caja inmediatamente.
"...Ah..."
El chico, se queda pasmado y no dice nada. La verdad es que no he oído decir "Gracias". 
Las chicas se van. Me toca. Lucho por callarme. Por no decirle al chico que aunque la chica no le guste, podía decir un "Gracias, os invito a algo por la tarde". O un "Que detalle, muchas gracias"...
Y que la "no-reacción" que ha tenido ha sido bastante penosa.
También lucho por que no se me escape la sonrisa ante la cara de incomodidad del jovencito.
La verdad es que me dan ganas de seguir a la chica y felicitarla por haberse atrevido a regalar el libro. Y que si él no la llama para darle las gracias no vale la pena preocuparse por muy rubio vikingo que sea.
Sin darme cuenta estoy andando detrás de las dos chicas. No oigo lo que dicen pero estan charlando y riendo. Y caminando. Puede que un poco más apresuradas de lo normal. (Claro que hay una mujer rara que las sigue desde la librería). Parecen dos chicas de instituto perfectamente felices. Pero me doy cuenta de un sutil detalle. La amiga de la pecosa le ha dado palmaditas a la espalda en más de una ocasión mientras van calle abajo. Y veo que la chica está decepcionada pero sigue caminando y sonriendo.
Ojalá en un futuro le regalen montones de rosas y libros. La verdad es que se los merece. Por hacer lo que quería hacer. Por ir a por el dragón, aunque le de miedo. Y por enseñarme que aunque las cosas no salgan como uno quiere, hay que seguir.
Caminando y sonriendo. Así es la vida.

EL CREADOR DE DISTOPÍAS

  Tengo un amigo que ama las distopías. Escribe sobre ellas y parece que todo lo analiza con precisión quirúrgica, cuando lo imagino delante...