viernes, 25 de noviembre de 2016

El abismo que mira dentro de ti.

¿Alguien se ha parado a pensar en lo adictos que somos al miedo? Desde pequeños en el tren de la bruja o la casa del terror, de un poco mayores cosas serias, como las psicofonías en cementerios, la ouija o ya de adultos las películas y series del género. Nos encanta ese chute de adrenalina que nos hace pegar un bote del sillón.
Pero hay más. Esa sensación de miedo, es una sensación de poder cuando lo dominamos. Y al contrario, de impotencia absoluta cuando nos dejamos llevar por él.
¿Qué pasa cuando el miedo llega a áreas de nuestras vidas cuotidianas? El miedo al terrorismo, a volar, a los atracos, a los ataques. El miedo reina. Y lo combatimos con seguridad. Como esa luz de enchufe que tenía yo de pequeña para dormir. Esa luz naranja que en el fondo, sólo añadía sombras a mi habitación. Pero cuando la seguridad no es una bombillita naranja, y se convierte en controles de aeropuerto que parecen hechos por forenses, cámaras las 24h en las calles, o alarmas conectadas a la policía, la cosa se pone seria. Cuando el miedo se combate con falta de libertad por ejemplo, y nosotros la sacrificamos casi inconscientemente, porque es el mundo que nos ha tocado vivir. Entonces podemos llegar a la conclusión que no es el amor la fuerza más poderosa. Es el miedo. Él vota por nosotros, es él quien nos cierra la boca ante una injusticia o un abuso de poder, es él quien nos hace mirar todo lo desconocido con temor o rechazo. El miedo nos convierte en “test car dummies” con tarjetas de crédito. Y hay alguien a quien le encanta eso. ¿A quién? Pues podría encantarle al que pone la bomba en un avión o al que me vende la alarma de seguridad. A quien no le gusta es al extranjero que ves de lejos y te agarras el bolso más fuerte, o a la mujer que intenta no enfadar a su marido para que no la pegue o al niño que no entiende que hace en una patera en medio del mar con ciento cincuenta personas a bordo. No os engañéis, no mandará Trump, ni mandará Rajoy. Quien manda es el miedo. Lo dijo Nieztche "cuando pasas mucho tiempo mirando al abismo, el abismo mira también dentro de ti." 
A veces no me extraña que no nos asustáramos en la casa del terror o en el tren de la bruja, cuando miras a tu alrededor, ves que al monstruo en el fondo, lo teníamos dentro.

Os dejo con una canción de alguien que nos dejó hace poco, alguien que soñó y cantó a la libertad. Y creo que hoy en día el mundo necesita soñadores y poetas. Sed felices, y valientes.


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