lunes, 14 de enero de 2019

OBSOLESCENCIA PROGRAMADA.


La obsolescencia programada es un invento tecnológico. Para los pocos a los que no les suene la expresión imaginad que vais a una tienda y os compráis un móvil y el dependiente intenta colocarte uno de 700€, porque el señor está haciendo su trabajo y te dirá que vas a alucinar con la definición de la pantalla y la rapidez que notarás en cuanto lo compares con tu viejo teléfono, lo que no te dice es que al cabo de un par de años como mucho, el móvil ya no te servirá, y por cierto, si te gastas 100€ tampoco te va a servir. Cuentan por ahí que hay un número limitado de recargas de batería y en cuanto las has cumplido tu Smartphone se convierte en un minirobot triste incapaz de cumplir con su cometido. Es muy probable que no llegues a los dos años, al año y medio las actualizaciones no te funcionaran, no te quedará espacio y la duración de la batería será de un café largo mientras consultas Instagram.
No sólo son los móviles, también los coches, las televisiones, los frigoríficos y los microondas. Es todo. Además los señores de marketing trabajan mucho y muy bien para que cuando nos tengamos que comprar cualquier cosa de nuevo debido a la obsolescencia, no sólo no nos enfademos sino que estemos felices de hacerlo. La novedad de la tecnología nos alegra tanto que nos olvidamos absolutamente que somos un rebaño de pringados a quienes nos venden necesidades inventadas.
Recuerdo cuando yo era pequeña y mi abuela después de comer se sentaba a ver una teleserie. Le cogía cariño a los personajes y cuando no salía alguno que le gustaba decía “hoy Des no ha salido, a ver si viene mañana”. (Por cierto, la telenovela en cuestión es “Neighbourgs” una versión australiana y soleada de “Eastenders”). Cuando me di cuenta que para ella aquello era tan mágico como tener un cine en casa, la ventana al mundo con la que yo ya había nacido, pensé que esa mujer que iba a lavar al lavadero comunitario de Tremp y que no tenía agua corriente en su casa de recién casada, había vivido el boom tecnológico y que yo no sería capaz de ver cambios así.
Pues cuando un niño me preguntó qué miraba yo en Netflix de pequeña y le dije que cuando yo era pequeña no había ni internet, ni Netflix y si me apuras ni ordenadores, ya que yo aprendí mecanografía en una vieja Olivetti azul de mi padre, el chico me miró sin entender. La confusión de su cara fue épica. Y después de hacerle entender que no viví pintando bisontes en cuevas y arrancando sus pieles para taparme en invierno, pues se quedó un poco más tranquilo. Pero yo me di cuenta que sí era un poco como mi abuela con la tele. He vivido cambios y me han creado necesidades sin las que no puedo vivir.
Creo que el niño ya no me ve como a una igual. Me ve como a una superviviente de una época oscura que lucha por ponerse al día y no quedarse atrás en cuestiones tecnológicas. Bueno, la verdad es que le doy clases de refuerzo y el niño no es tan listo, seguramente ya ni se acuerda de la conversación que mantuvimos.
Lo que sí quiero decir es que la obsolescencia programada ha pasado del terreno tecnológico al humano. Lo viejo no gusta. Hay que escuchar las voces jóvenes porque son los reyes de la logística y dicen cosas en inglés como “target”, “mainstream”, “hater”, “poser” y “coffebreak”.
Pero no saben quién es Quevedo. Odian el Quijote por aburrido, la música clásica es un leñazo de antiguos y de historia mejor ni hablemos.
Veo que estamos delante de un peligroso abismo, donde sea la tecnología, sea la educación recibida nos lleva por un camino que irremediablemente va hacia Villadesastre. Y es que hoy a la gente se le ha olvidado recordar. No solamente a los jóvenes, los adultos y los viejos también rezamos a los dioses de Neón o de Led. Son dioses fugaces y crueles que se renuevan periódicamente y nos obligan a no apartar los ojos de las pantallas.
Pese a todo lo que he escrito soy una auténtica fanática de la tecnología, aunque me pregunto si es sólo un arma para no sentirme del todo mayor, para sentir que sigo en el juego. 
Quiero pensar que no, porque aunque domino las redes a nivel de usuario igual que un crío de 16 años, de vez en cuando miro al cielo y le sonrío a la luna. Sin ninguna aplicación que me guíe ni me diga el nombre de las constelaciones. Y me hipnotizan los colores sin filtros de las puestas de sol. El silencio de la nieve cuando cae. O conocer los secretos de las piedras de las catedrales rozándolas con la yema de mis dedos. 

Mi consejo para este 2019 es que no os creáis que la obsolescencia programada también existe para los humanos, escuchadlos sin verlos como robots anticuados e inservibles, porque más sabe el diablo por viejo que por diablo.
Os dejo con música bonita para los que quieran disfrutar algo de la era pre-internet aunque paradójicamente lo escucharan gracias a la tecnología.
Hasta la próxima, sed felices.



martes, 18 de diciembre de 2018

QUERIDO SANTA


Querido Santa,

Te compadezco un poco porque igual que el gremio de hostelería y el de peluqueros se te acumula el trabajo para fiestas. No sé si utilizas un Excel para tenerlo todo controlado, sea como sea busca en tu base de datos y mira mi nombre. No te fíes de la foto que hay al lado, quedo fatal en las fotos y últimamente los espejos se me rebotan también un poquitín, échame una mano con eso. No he sido todo lo buena que podía ser, pero es que para sobrevivir en la jungla a veces hay que saber pensar como los depredadores. Sin embargo, mi instinto depredador está bastante averiado, así que la mayoría de las veces me he portado bien porque no soy lo bastante lista para ser mala. Les pasa a muchos, sólo que yo me doy cuenta.
Hablemos de dinero. Reparte mejor. No te pido cash, no soy tan vulgar, pero reparte mejor. Pásate por el ministerio de Trabajo y sube los sueldos, baja los impuestos y ayúdanos a tener una sanidad y una educación gratuita.
Trae para todos un poco de tiempo. Para perderlo. Para mirar como cae la lluvia o la nieve detrás de la ventana. Para compartirlo con aquellos que queremos compartirlo. Para sentarte en el cine y conocer mil historias que pasarán a ser parte de ti. Para cantar en un karaoke o para acariciar a un gato. Necesitamos más tiempo para poder perderlo con calidad. En la misma caja del tiempo, pon un poco de sensibilidad para ver la belleza, esa que a veces se escapa si no estás atento, haz que apreciemos lo fugaz y lo hagamos inmortal en nuestro recuerdo.
Tráenos ganas. Ganas de mejorar, de sentir, ganas de leer y de escuchar, tráenos ganas de vivir sin complejos ni tristezas, sin conciencias falsas dadas por los demás. Ganas de desaprender lo aprendido que ya no nos sirve para nada.


Deja que perdonemos y mucha parte de ese perdón lo utilizaremos para perdonarnos a nosotros y así poder avanzar. Trae menos gritos y más risas. Más libertad y menos vetos. Llévate en el camino de vuelta toda la intolerancia e incultura que encuentres. Llévate el odio gratuito, ese que parece encender las hogueras y provoca terremotos de malestar. Llévate también al muermo. Ese del que hablaba Pepe Rubianes en uno de sus monólogos. Llévatelo lejos porque a veces se sienta delante de nosotros y no nos deja ver las maravillas que existen al otro lado del cristal.
No te olvides de dejarnos un poco de buen humor, para poder superar los momentos difíciles.
Como es una carta comunal, te perdono el carbón que merezco este año, puedes dejarlo a alguien que lo necesite más que yo.

Besos,
Sofia.


Querida Sofia,

No suelo responder cartas pero voy a hacer una excepción mientras me tomo un café. Creo que me confundes con alguien que celebra su cumpleaños el 25. No está en mi poder traerte todo lo que me pides, yo reparto PSP 4 y Barbies rubias. Pero como tu carta no tenía faltas de ortografía te voy a regalar unos de consejos.
Si te ves mal en los espejos y las fotos, seguramente es que los miras mal. Prueba a mirarlos mejor y verás cómo te devuelven la imagen que tú quieres. Dices que hay que ser un depredador para vivir aquí, qué quieres que te diga, pienso que los depredadores acaban sobreviviendo pero se sienten muy solos. ¿Qué reparta mejor el dinero? Pensadlo mejor vosotros a la hora de votar. Simplemente eso. Y quejaros cuando algo sea injusto, el que observa una injusticia y no se queja es peor que el que la comete. A veces nos tratan como dejamos que nos traten y es culpa nuestra.
El problema que tenéis con el tiempo, es que no lo sabéis gestionar. Dime en qué nivel de Candy Crush estás y te diré que todo ese tiempo lo podías haber empleado para otra cosa. Las ganas las tienes, vienen de serie en cada ser humano pero a veces no las utilizáis como los intermitentes del coche.
Con el muermo yo tengo el mismo problema y a veces me cuesta echarlo, Peter Pan me dijo que si pensaba en cosas alegres podía volar, te diré un secreto, el muermo no puede.
He terminado mi café, vuelvo al taller de juguetes que tengo a los elfos doblando turno y necesitan ayuda.
Dos besos uno por mejilla.


Santa Claus.


Hasta el año que viene, gracias por seguir leyéndome y sed felices.




lunes, 19 de noviembre de 2018

DE LUNES Y FANTASMAS


Hoy he soñado que viajaba por Escocia. En mi sueño, al ver las Highlands moteadas por una niebla semitransparente, al respirar el aire frío y sentir la grandeza del silencio en la montaña, he tenido la sensación de haber pertenecido a ese lugar hace mucho, mucho tiempo. Tanto que ni siquiera había nacido aún.
Nunca he visitado Escocia. La imagino como una tierra poblada y dominada por los fantasmas. Fantasmas aburridos que miran tras las ventanas el ir y venir de los vivos. Fantasmas que toman su té sentados en las escaleras de lo que había sido su casa pero hoy es un hipermercado.
Es curioso que aunque nunca he creído conscientemente en los fantasmas, jamás he dudado de su existencia. Sé que a ellos no les importa si creemos o no en ellos, no son como las hadas de Peter Pan, no se nutren de esa fe ciega que los alimenta y les da poder como a los antiguos dioses. Existen porque han existido antes en otro plano, y nunca nada desaparece del todo, tan sólo se transforma.
Un viaje a Escocia se me antoja frío e íntimo. Como deben ser los viajes en invierno, aunque reconozco que me llama más un viaje hacia la luz mediterránea, hacia la costa amalfitana, hacia Atenas o las islas griegas.
Sin embargo he empezado la semana con fantasmas y montañas escocesas. Y eso seguramente quiere decir algo. A lo mejor es que invierno es tiempo de encontrarse con lo invisible. En verano hay demasiado ruido, demasiada alegría y el calor no te ayuda a recogerte en casa. Los fantasmas deben amar el invierno porque se sienten más cercanos a nosotros.  Nos ven desprotegidos e indefensos ante el frío y nos observan mientras estamos bajo la manta del sofá sorbiendo chocolate caliente. Y sienten que somos prisioneros como ellos. Por eso a veces sientes un escalofrío que te llega sin más. Es un fantasma, puede que sea uno de los tuyos o uno curioso que se ha sentado a tu lado a ver Netflix contigo. Nunca he creído que el día  31 de octubre los muertos se paseen por la tierra y después vuelvan a sus frías tumbas. Siempre he creído que hay un tiempo en que siempre están con nosotros. El error de los humanos es que confundimos vida con cuerpo. Y visitamos los restos de una cáscara vacía cada 1 de noviembre para dejar flores que se marchitarán como los recuerdos. Creo que deberíamos visitar y dejar flores en los sitios preferidos de nuestros muertos. En cafeterías, en bancos de los parques, en la playa que solían frecuentar, en salas de conciertos. Porque es allí donde estarán. Donde pasaron sus mejores momentos.
Me gustan los cuentos de espíritus. Me gusta leerlos por la noche, pero después no duermo así que me limito a leerlos con luz natural. No es que los fantasmas no nos acechen durante el día. Es que nosotros no estamos preparados para verlos cuando estamos ocupados. Es cuando relajamos nuestra mente cuando podemos ver sus sutiles manifestaciones. Un susurro que crees oír, algo en la esquina de tu campo de visión que se esconde cuando lo miras directamente, una melodía que suena en el piso de tu vecino, mientras tu vecino se pregunta por qué estás escuchando música a esas horas de la noche.
No creo en los fantasmas vengadores, esos que vienen a mover muebles y a matarte de un susto. No digo que no existan, es simplemente que no creo en ellos, así que sé que no se manifestarán ante mí. Sin embargo sí creo en los fantasmas tristes, en los solitarios que buscan algo de calor o tan solo un poco de entretenimiento mientras esperan dar un paso más. Esta última frase, me pone en el grupo de personas que cree en las reencarnaciones. No estoy nada segura de esto. Pero sí hay algo de fascinante y reconfortante en la idea de volver y empezar de nuevo. Y todos, incluso los que dicen que no creen en nada, creemos en algo.
Hoy es un lunes raro que ha empezado en Escocia y no sé donde terminará. Donde sea, espero que hay buena música, buena cerveza y fantasmas felices de los que bailan entre las mesas de los bares y son los culpables de que a los camareros se les caigan los vasos o tú tropieces con la pata de una silla.
Os dejo con una canción que no tiene nada que ver con el tema, como casi siempre hago. Y me voy con mis fantasmas. Hasta la próxima, sed felices.




lunes, 22 de octubre de 2018

¿PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?

La semana pasada la noticia de la futura obligatoriedad de la asignatura de filosofía abrió un debate, cuanto menos, interesante.
Las voces críticas pensaban que la filosofía es una “ciencia” inútil. Imagino que al no estar conectada directamente con la productividad, hay quien no la considerará una ciencia. La pregunta más escuchada es, aún hoy:
¿Para qué sirve la filosofía?
No sé si tiene que servir para algo. En mi vida cuotidiana nunca he utilizado el mínimo común múltiplo ni el máximo común divisor. Lo juro. Sin embargo en contra de algunas corrientes yo opino que el saber, no ocupa lugar. Así que aunque no lo haya utilizado me alegro de saberlo.
Yo estudié filosofía, obligada por ley. El primer año, tuve un mal profesor, el siguiente tuve un profesor peor. Mis profesores no me enseñaban más que datos, me hacían leer el tema y yo me lo aprendía, porque naturalmente tenía que aprobar. Dibujé bigotes a Emmanuel Kant y pinté más pelo y pendientes a Shoppenhauer. Me dormía en clase.  
La filosofía no fue un amor a primera vista. Sin embargo, en mi vida cuotidiana, yo leía, y como solía leer de todo llegó un momento en que empecé con algún filósofo. No sé absolutamente nada de filosofía y ésta me ha dejado más dudas que certezas. Y cuando algo te enseña a dudar, creo que te pone en el buen camino.
Los primeros filósofos griegos, la bautizaron como ética. Estudiaban la educación del ser humano e intentaban mejorar personalmente. Nieztche dijo que Dios estaba muerto, pero creo que los amantes de la filosofia se convierten un poco en dioses, ellos mismos estudian sus límites de lo correcto y lo incorrecto. He leído que la filosofía se considera la “medicina del alma”. Pensar nos hace fuertes y nos da armas para enfrentarnos a la vida, a lo bueno y a lo malo. Pensar hace que nos preguntemos cosas, que nos planteemos si somos deterministas absolutos o creemos en el libre albedrío. Pensar nos saca de la cueva y hace que no temamos a las sombras. Nos quiere hacer debatir sobre si las cosas ilegales son también inmorales o si algo ilegal puede llegar a ser moral. Nos aleja de ser robots prácticos sometidos a la utilidad. Nos une al mundo que nos rodea, como dijo Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Este es el filósofo que nos quiere sacar de nuestra “experiencia individual” y decirnos que el centro de toda investigación filosófica debería ser la vida. Ockham nos dice que la explicación más sencilla es generalmente la verdadera. Hobbes les advertirá que el hombre es un lobo para el hombre.
Naturalmente estoy a favor de que la filosofía se enseñe en los institutos.  Estoy con Pitágoras “Educad al niño y no será necesario castigar al hombre”.
Pero educad. Enseñad a pensar. No les dejéis creer que los filósofos eran señores con peluca empolvada o peinados raros que escribían palabras difíciles que no entienden. No llenéis sólo sus cabezas de datos como fechas y frases en negrita que memorizarán como loros y vomitarán en la evaluación final. Enseñad que la filosofía se aprende leyendo, pero se practica desde que despiertas hasta que vuelves a la cama. Y sobre todo enseñadlos a dialogar para que puedan llevarse bien con opiniones contrarias.
Enseñar filosofía es un seguro de que el día de mañana nadie podrá manipular a tus hijos.
Que no llenaran la ignorancia con dioses falsos. Y que puede que el saber los haga un poco más infelices, pero paradójicamente esa infelicidad los hará mejores.
La filosofía es amor por el saber, etimologicamente hablando.   
Pero yo me acerco más  a lo que dijo Bertrand Russell “La filosofía consiste en empezar con algo tan simple que parezca irrelevante y terminar con algo tan paradójico que nadie pueda creerlo”.
Os dejo por hoy. Pensad  y sabréis que existís. Y naturalmente sed felices. 




jueves, 18 de octubre de 2018

MY SITGES 2018



Hace ya unos días que terminó el festival de cine fantástico de Sitges. Y como pese a mis plegarias aún no me ha tocado la lotería, sólo pude ir los dos fines de semana. No me quejo. Lo pasé espectacular. No, no tengo foto con Nicolas Cage, vi a Ronald Perlman de lejos y en escorzo pero os voy a hablar de las películas que al fin y al cabo es lo que importa.
El orden será cronológicamente como las vi.
1. “Mandy”. Panos Cosmatos dirige a Cage en una especie de “road movie” de venganza. Está ambientada en los años 80. La fotografía me encantó. La música es del desaparecido Johan Johansson. Y la historia tiene su qué. Pareja feliz viviendo en medio de la nada que se topa con una secta rara del copón. Cage cambia poco de cara y tiene poco diálogo, aún así, lo borda. Tengo la teoría de que las películas de Nicolas Cage forman un género en sí mismo. ¿De qué va la peli? No sé, sale el Cage. En esta hay sangre, un litro de vodka y drogas varias. Por cierto la única que vi con premio, el señor Cosmatos se llevó a casa el galardón al mejor director.
2. “Summer of 84”. Todo muy “Aquellos maravillosos años” pero sin ser tan maravillosos. Preadolescentes en bici que viven en una especie de “Wisteria Lane” y que persiguen a un asesino en serie, porque ya se sabe que los veranos en USA son así, o te enamoras o buscas tesoros o persigues asesinos. Yo pasé los 80 viendo el coche fantástico, que desperdicio.
3. “El Angel” película argentina y basada en hechos reales. Que yo si sólo se eso no voy, pero por suerte no la elegí yo. Ambientada en 1971, donde un adolescente ladrón con cara de querubín consigue lo que quiere con una mezcla de morro y falta de empatía. Roba, mata y tiene una falta absoluta de moral. ¿Tiene algo bueno? Sí, se siente libre de disfrutar el momento y a veces baila. Al ser la peli argentina y ver el director que no salía Ricardo Darín, llamaron a su hijo Chino Darín. Que lo hace muy bien y canta “Corazón Contento”, canción de Palito Ortega que es el padre del director de la peli. Todo queda en casa. Vedla, vedla aunque sea argentina, aunque esté basada en hechos reales y vedla sólo para que se os pegue la canción que yo llevo una semana tarareando.
4. “Una velada con Beverly Luff Linn”. (Tan sólo durante una noche màgica). Lulú con cara de Aubrey Plaza, tiene un matrimonio absolutamente insatisfactorio y huye a ver a Berverly Luff Linn. No sé exactamente en qué época está ambientada. Podrian ser también los 70 o 80. O no. No tengo ni idea de que decir, excepto que me reí tanto que lloré y todo. Todo es raro en esta película y sin embargo todo encaja perfectamente. Hay música. Y la canción “Words don’t come easy” se me pegó tanto como el corazón contento. La sigo cantando sin darme cuenta. Id con la mente abierta y reíd sin parar. Si al terminar no os habéis reído, es que estáis muertos o estáis amargados.
5. “Dream Demon”. Y última. Rodada y estrenada en los 80. Una chica prometida con el que parece el muñeco Ken, se va a vivir a una casa donde cada vez que se duerme sueña cosas raras en plan sótano, pesadilla de persecución, diablo maleducado, muertos y humedad. Dirigida por el señor Harley Cokeliss que vino a presentarla muy orgulloso de haberla restaurado después de llevar muchos años perdida. A ver. Tiene su qué. Chica inglesa recatada conoce a una chica americana suelta y pizpireta y se hacen amigas. Periodistas muy maleducados, novio que está y no está. Y fantasmas. Hombreras y peinados de los 80. Esto es lo que más miedo me dió.

¿Qué conclusión sacamos de mi visita a Sitges 2018? Que vuelven los años 80. O sea que los que fuimos niños en esa época ahora somos un “target” atractivo para los señores que hacen cine.
También que hay mucho director que mete momentos musicales en sus pelis. La teoría amenizada con gintónics y vodka es que la gente en el fondo quiere hacer musicales pero no se atreve.
De lo aprendido en el festival,también os daré un par de consejillos. Tenéis una sesión de cine (la sesión despertador) a las 9 de la mañana en el Meliá y tenéis que hacer un ratillo de cola. Y a no ser que durmáis en el hotel os pilla lejos...pillad un taxi. Id a ver las exposiciones o a ver la zombiewalk, todo lo que hacen forma parte de la “Sitges experience”.
¿Alguna crítica? Pues sí, los señores del festival tendrían que cuadrar un poco los horarios. La gente que sale de una peli y después va a otra a veces lo tiene chungo. Y que la zombiewalk vuelva a pasar por “el carrer del pecat”, que daba mucho ambiente.
Dudaba que canción poneros, me inclino por “Corazón contento” con Palito Ortega y Marisol. Cantad y sed felices.




jueves, 4 de octubre de 2018

"ROAD MOVIE" POR FRANCIA


Una de las cosas que más me gustan de preparar un viaje es ese estado de anticipación al placer. Los árabes antiguos decían que el deseo era mucho más placentero que la consumación del mismo. Pues este año sin más preparación que un google maps, me fui de viaje. Teníamos la idea de ir a Francia y allí a ver donde nos llevaba el azar. Nos llevó a Niza. Es una ciudad que cuando la nombras te vienen a la mente imágenes de películas de los años 50 o 60. Grandes coches, Cary Grant y Grace Kelly tomando un cóctel en el Negresco, mar azul y luz, mucha luz. Os adelanto ya, que no me alojé en el Negresco, ni tomé ningún cóctel con Cary Grant. Pero superado el trauma de entrar en Niza conduciendo un domingo por la tarde, sí que me recibió la luz. Y jugando con el mediterráneo me regaló un placentero atardecer con el mar teñido de plateado, que debería ser obligatorio en cada atardecer que se precie.
Lo primero que os voy a contar es que Niza tiene, por historia y proximidad, mucha influencia italiana. Y eso lo notas cuando vas a comer y sólo encuentras pizzerías. Las cocinas “non-stop” hasta la noche y los precios te recuerdan, por si lo has olvidado, cosa difícil, que estas en territorio turista. Un consejo. En los restaurantes no pidas agua embotellada. Te van a traer una jarra helada de agua del grifo gratis, como debe ser. Y si no tienes mucho dinero, apúntate al “pinchet de vin” que es el vino de la casa y suele ser bastante correcto a la par que económico. Cosillas que hay que visitar. No fui al museo Chagall. Lo cambié por Matisse que me gusta bastante más. Y lo disfruté mucho. Como seguro que no tendréis el hotel al lado, coged un bus. Los billetes los podéis comprar al conductor. En mi caminata cuesta arriba descubrí que: debo volver al gimnasio y que los ricos no toman café. El Boulevard de Cimiez es una subidita bastante larga plagada de mansiones que no salen a tomar el cortadito de media mañana o si acaso lo toman en su jardín de muchos, muchos metros cuadrados. El museo Matisse es muy recomendable y está pegadito a l’Arene de Cimiez unas ruinas romanas muy majas.
Mi museo favorito sin embargo, fue el de Arte moderno. Cerquita de la Plaza Garibaldi. Donde descubrí y me enamoré de Yves Klein y su obsesión por el azul. Hay más cosillas que valen la pena. Subid a la terraza que os regala una vista panorámica de Niza preciosa. En Niza hay que terracear, las distancias son bastante grandes, no sabes porqué pero al llegar la noche te duelen los pies y es que a lo tonto has andado más de 10 km.
Hay una línea de tranvía que es muy útil y circula hasta bastante tarde. La parte más encantadora de Niza, no da al mar. En las callejuelas peatonales llenas de pequeñas tiendas te pierdes y te vuelves a encontrar. Y si tienes suerte te encuentras a ti mismo mientras te estás buscando. Epiceries, perfumerías, hierbas de la Provenza, jabones e incluso carnicerías se alternan con turistas y mesillas en la calle donde descansar y tomar café.
Si sigues estas calles puede que encuentres el mercado. O mejor dicho la zona donde se instala un mercado diario, yo vi el de antigüedades y artesanía. Donde pregunté el precio de un cuadro y disimulé mi desmayo al oír que valía 1800 euritos de nada. Muchos días hay un mercado de flores, imagino que mucho más económico.
Hacemos un interruptus de Niza y subimos a un tren para ir a Cannes. Si no vais a Cannes en crucero o para el festival de cine os lo podéis saltar tan ricamente. Quizá por eso mucha gente coge el tren y se van a Mónaco. Que la verdad es que no me llamaba demasiado.
Salimos de Niza y vamos camino de Nîmes. Que al llegar parecía un pueblo feo. No es verdad. Está lleno de rincones encantadores. Eso sí, el horario es mucho más europeo y hay que estar alerta. Recomiendo que si vais a comer os fijéis en el “Plat du jour”. Es una buena ocasión para probar la cocina francesa y despedirte de la pizza.
Nîmes también tiene influencia de la cultura romana. Su “Aréne” un teatro muy bien conservado sigue funcionando y allí se hacen conciertos y… corridas de toros. Y te explican orgullosos, que gracias a esta milenaria tradición es una de las únicas (o la única) plaza donde se puede matar al toro. Olé. La ciudad entera está llena de referencias al arte taurino y te sonríen con cierta complicidad si oyen que eres del país vecino. No me sentí muy cómoda con eso. Nîmes es romana, porque ellos fueron quienes ayudaron al César a conquistar a los Galos. Todo muy bien explicado en la película que te ponen en ªLa maison Carrée” que por fuera parece el Partenón. Y allí recordé que yo soy muy fan de Astérix y odié un poco a los ancestros de Nîmes.
Me salto cosillas de mi viaje. Pero no me voy sin deciros que la playa de Niza tiene piedras y es incómoda del copón. No me extraña que los guiris disfruten en la costa dorada. También mi agradecimiento especial a “Google Maps”, sin las indicaciones de la señora borracha de mi teléfono igual no nos hubiéramos perdido tanto, pero seguramente no hubiéramos vivido momentos que recuerdas y te ríes como ver Yaks del Tibet cerca de Roignac y que un hidroavión juegue a recrear “Con la muerte en los talones” con tu coche.

Nada más por hoy. Viajad que abre la mente. Hablad un idioma que no dominéis y os sentiréis mucho mejor. Probad el plato del día. Tratad de enviar una postal desde Francia y conseguidlo en la Costa Brava. Oled las hierbas de la Provenza. Disfrutad de la luz. Pero sobre todo, sed felices.  




viernes, 31 de agosto de 2018

CONSEJOS ZEN Y OTROS PELIGROS DE LOS QUE GUARDARSE


Si hace unos días culpaba al calor de mi apatía general, ahora pienso culpar al verano (se me termina el chollo) de las cosas en que ocupo mis ratos de ocio. Aprovecho cualquier excusa para que todo sea un poco más luminoso y festivo. ¿Otra caña? ¿terracear hasta las mil? ¿granizado de Bailey’s? ¿Cantamos a Miley Cyrus en el coche? ¡Claro que sí! Al fin y al cabo es verano.
Pues además lo que también hago es entrar en todos los enlaces y encuestas de facebook. He descubierto que si fuera un villano de Marvel sería “Loki”, si fuera un personaje de Big Bang Theory sería “Penny”, mi ciudad ideal para ir de vacaciones es Buenos Aires y mi festival veraniego sería “Coachella”. ¡JA! Mi villano de marvel favorito es “Grandmaster”, mi personaje de Big Bang sería una mezcla de Rajesh y Bernadette, mi ciudad ideal para ir de vacaciones es París y mi festival veraniego de música cualquiera en el que toquen algo de jazz. Vale, aunque sean estandards, no nos vamos a poner finos.
También he entrado a links motivacionales y de decoración. Y aquí sí ha llegado el desastre. Tanto en “cosas de las que deshacerte para ser un poco más feliz” como en “consejos para una casa zen” daban el consejo de echar de tu casa los libros que ya habías leído. Dicen que los libros son nidos de polvo y ácaros y que ahora hay que ponerse al día y leer en tablet. Olé tú.
Mientras mi yo interior, nada zen en ese momento, se vestía de pueblerina medieval, antorcha en mano y gritando “Sacrilegio” iba a quemar a los autores de esos artículos, me recordé a mí misma que la gente que leemos no solemos quemar así a lo loco.
Y como la gente que leemos hemos desarrollado la tolerancia y la empatía, empecé a tener pena de los autores y de los pobres idiotas que sigan su consejo.
Un libro que ya has leído es algo especial. Habéis compartido un viaje juntos. Te ha presentado a gente que nunca hubieras conocido dentro de una casa zen. Y es una puerta a bosques, países lejanos verdaderos o inventados, universos paralelos y reinos malditos. Y le debes un respeto. Cuando terminas un libro que ya has leído tienes una responsabilidad con él. Puedes dejarlo o regalarlo a alguien que sabes que lo va a cuidar. Aunque si te gusta es posible que un día sin más lo cojas y lo releas. Muchas veces. O simplemente abras una página al azar y recuerdes todo lo que has vivido, como un viejo amigo al que no ves pero sabes que sigue siendo tu amigo.
¿Y que hay de las visitas a las bibliotecas? ¿o a las librerías? ¿Y los libros de segunda mano? Esos que tienen en su interior las energías y emociones de la gente que los ha leído antes. ¿Cómo han acabado allí? A lo mejor sus dueños querían una casa sin polvo y muy zen.
Debo ser honesta y confesar que tengo un “ereader” y suelo leer en él. Pero en mi defensa diré que también suelo arruinarme en las librerías cada vez que entro. Y que nada es comparable al aroma del libro. Viejo o nuevo. Deberían probar de embotellarlo. Junto con el petrichor serían mis aromas favoritos.
Otro de los puntos en contra de leer en las tablets y los ereaders es que ya no hay interacción entre lectores. Muchas veces he tenido conversaciones interesantes entre los desconocidos del bus, de la mesa de al lado del café o de alguna fila en la que he tenido que esperar. Ver las tapas del libro es una invitación a la charla. Ver a alguien a quien le gusta el mismo libro que a ti es ver a alguien con quien seguramente te llevarías bien.
Os animo a regalar libros, a comprar más, a coleccionarlos o regalarlos. Pero no los abandonéis, ellos nunca lo harían.
Os dejo hasta la próxima. Prometiendo volver a la normalidad una vez pasado el verano. Y os dejo con una canción que me gusta y que estaba escuchando ahora mismo. Sé que sabréis perdonarme. Sed felices.





OBSOLESCENCIA PROGRAMADA.

La obsolescencia programada es un invento tecnológico. Para los pocos a los que no les suene la expresión imaginad que vais a una tienda y...