lunes, 22 de octubre de 2018

¿PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?

La semana pasada la noticia de la futura obligatoriedad de la asignatura de filosofía abrió un debate, cuanto menos, interesante.
Las voces críticas pensaban que la filosofía es una “ciencia” inútil. Imagino que al no estar conectada directamente con la productividad, hay quien no la considerará una ciencia. La pregunta más escuchada es, aún hoy:
¿Para qué sirve la filosofía?
No sé si tiene que servir para algo. En mi vida cuotidiana nunca he utilizado el mínimo común múltiplo ni el máximo común divisor. Lo juro. Sin embargo en contra de algunas corrientes yo opino que el saber, no ocupa lugar. Así que aunque no lo haya utilizado me alegro de saberlo.
Yo estudié filosofía, obligada por ley. El primer año, tuve un mal profesor, el siguiente tuve un profesor peor. Mis profesores no me enseñaban más que datos, me hacían leer el tema y yo me lo aprendía, porque naturalmente tenía que aprobar. Dibujé bigotes a Emmanuel Kant y pinté más pelo y pendientes a Shoppenhauer. Me dormía en clase.  
La filosofía no fue un amor a primera vista. Sin embargo, en mi vida cuotidiana, yo leía, y como solía leer de todo llegó un momento en que empecé con algún filósofo. No sé absolutamente nada de filosofía y ésta me ha dejado más dudas que certezas. Y cuando algo te enseña a dudar, creo que te pone en el buen camino.
Los primeros filósofos griegos, la bautizaron como ética. Estudiaban la educación del ser humano e intentaban mejorar personalmente. Nieztche dijo que Dios estaba muerto, pero creo que los amantes de la filosofia se convierten un poco en dioses, ellos mismos estudian sus límites de lo correcto y lo incorrecto. He leído que la filosofía se considera la “medicina del alma”. Pensar nos hace fuertes y nos da armas para enfrentarnos a la vida, a lo bueno y a lo malo. Pensar hace que nos preguntemos cosas, que nos planteemos si somos deterministas absolutos o creemos en el libre albedrío. Pensar nos saca de la cueva y hace que no temamos a las sombras. Nos quiere hacer debatir sobre si las cosas ilegales son también inmorales o si algo ilegal puede llegar a ser moral. Nos aleja de ser robots prácticos sometidos a la utilidad. Nos une al mundo que nos rodea, como dijo Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Este es el filósofo que nos quiere sacar de nuestra “experiencia individual” y decirnos que el centro de toda investigación filosófica debería ser la vida. Ockham nos dice que la explicación más sencilla es generalmente la verdadera. Hobbes les advertirá que el hombre es un lobo para el hombre.
Naturalmente estoy a favor de que la filosofía se enseñe en los institutos.  Estoy con Pitágoras “Educad al niño y no será necesario castigar al hombre”.
Pero educad. Enseñad a pensar. No les dejéis creer que los filósofos eran señores con peluca empolvada o peinados raros que escribían palabras difíciles que no entienden. No llenéis sólo sus cabezas de datos como fechas y frases en negrita que memorizarán como loros y vomitarán en la evaluación final. Enseñad que la filosofía se aprende leyendo, pero se practica desde que despiertas hasta que vuelves a la cama. Y sobre todo enseñadlos a dialogar para que puedan llevarse bien con opiniones contrarias.
Enseñar filosofía es un seguro de que el día de mañana nadie podrá manipular a tus hijos.
Que no llenaran la ignorancia con dioses falsos. Y que puede que el saber los haga un poco más infelices, pero paradójicamente esa infelicidad los hará mejores.
La filosofía es amor por el saber, etimologicamente hablando.   
Pero yo me acerco más  a lo que dijo Bertrand Russell “La filosofía consiste en empezar con algo tan simple que parezca irrelevante y terminar con algo tan paradójico que nadie pueda creerlo”.
Os dejo por hoy. Pensad  y sabréis que existís. Y naturalmente sed felices. 




jueves, 18 de octubre de 2018

MY SITGES 2018



Hace ya unos días que terminó el festival de cine fantástico de Sitges. Y como pese a mis plegarias aún no me ha tocado la lotería, sólo pude ir los dos fines de semana. No me quejo. Lo pasé espectacular. No, no tengo foto con Nicolas Cage, vi a Ronald Perlman de lejos y en escorzo pero os voy a hablar de las películas que al fin y al cabo es lo que importa.
El orden será cronológicamente como las vi.
1. “Mandy”. Panos Cosmatos dirige a Cage en una especie de “road movie” de venganza. Está ambientada en los años 80. La fotografía me encantó. La música es del desaparecido Johan Johansson. Y la historia tiene su qué. Pareja feliz viviendo en medio de la nada que se topa con una secta rara del copón. Cage cambia poco de cara y tiene poco diálogo, aún así, lo borda. Tengo la teoría de que las películas de Nicolas Cage forman un género en sí mismo. ¿De qué va la peli? No sé, sale el Cage. En esta hay sangre, un litro de vodka y drogas varias. Por cierto la única que vi con premio, el señor Cosmatos se llevó a casa el galardón al mejor director.
2. “Summer of 84”. Todo muy “Aquellos maravillosos años” pero sin ser tan maravillosos. Preadolescentes en bici que viven en una especie de “Wisteria Lane” y que persiguen a un asesino en serie, porque ya se sabe que los veranos en USA son así, o te enamoras o buscas tesoros o persigues asesinos. Yo pasé los 80 viendo el coche fantástico, que desperdicio.
3. “El Angel” película argentina y basada en hechos reales. Que yo si sólo se eso no voy, pero por suerte no la elegí yo. Ambientada en 1971, donde un adolescente ladrón con cara de querubín consigue lo que quiere con una mezcla de morro y falta de empatía. Roba, mata y tiene una falta absoluta de moral. ¿Tiene algo bueno? Sí, se siente libre de disfrutar el momento y a veces baila. Al ser la peli argentina y ver el director que no salía Ricardo Darín, llamaron a su hijo Chino Darín. Que lo hace muy bien y canta “Corazón Contento”, canción de Palito Ortega que es el padre del director de la peli. Todo queda en casa. Vedla, vedla aunque sea argentina, aunque esté basada en hechos reales y vedla sólo para que se os pegue la canción que yo llevo una semana tarareando.
4. “Una velada con Beverly Luff Linn”. (Tan sólo durante una noche màgica). Lulú con cara de Aubrey Plaza, tiene un matrimonio absolutamente insatisfactorio y huye a ver a Berverly Luff Linn. No sé exactamente en qué época está ambientada. Podrian ser también los 70 o 80. O no. No tengo ni idea de que decir, excepto que me reí tanto que lloré y todo. Todo es raro en esta película y sin embargo todo encaja perfectamente. Hay música. Y la canción “Words don’t come easy” se me pegó tanto como el corazón contento. La sigo cantando sin darme cuenta. Id con la mente abierta y reíd sin parar. Si al terminar no os habéis reído, es que estáis muertos o estáis amargados.
5. “Dream Demon”. Y última. Rodada y estrenada en los 80. Una chica prometida con el que parece el muñeco Ken, se va a vivir a una casa donde cada vez que se duerme sueña cosas raras en plan sótano, pesadilla de persecución, diablo maleducado, muertos y humedad. Dirigida por el señor Harley Cokeliss que vino a presentarla muy orgulloso de haberla restaurado después de llevar muchos años perdida. A ver. Tiene su qué. Chica inglesa recatada conoce a una chica americana suelta y pizpireta y se hacen amigas. Periodistas muy maleducados, novio que está y no está. Y fantasmas. Hombreras y peinados de los 80. Esto es lo que más miedo me dió.

¿Qué conclusión sacamos de mi visita a Sitges 2018? Que vuelven los años 80. O sea que los que fuimos niños en esa época ahora somos un “target” atractivo para los señores que hacen cine.
También que hay mucho director que mete momentos musicales en sus pelis. La teoría amenizada con gintónics y vodka es que la gente en el fondo quiere hacer musicales pero no se atreve.
De lo aprendido en el festival,también os daré un par de consejillos. Tenéis una sesión de cine (la sesión despertador) a las 9 de la mañana en el Meliá y tenéis que hacer un ratillo de cola. Y a no ser que durmáis en el hotel os pilla lejos...pillad un taxi. Id a ver las exposiciones o a ver la zombiewalk, todo lo que hacen forma parte de la “Sitges experience”.
¿Alguna crítica? Pues sí, los señores del festival tendrían que cuadrar un poco los horarios. La gente que sale de una peli y después va a otra a veces lo tiene chungo. Y que la zombiewalk vuelva a pasar por “el carrer del pecat”, que daba mucho ambiente.
Dudaba que canción poneros, me inclino por “Corazón contento” con Palito Ortega y Marisol. Cantad y sed felices.




jueves, 4 de octubre de 2018

"ROAD MOVIE" POR FRANCIA


Una de las cosas que más me gustan de preparar un viaje es ese estado de anticipación al placer. Los árabes antiguos decían que el deseo era mucho más placentero que la consumación del mismo. Pues este año sin más preparación que un google maps, me fui de viaje. Teníamos la idea de ir a Francia y allí a ver donde nos llevaba el azar. Nos llevó a Niza. Es una ciudad que cuando la nombras te vienen a la mente imágenes de películas de los años 50 o 60. Grandes coches, Cary Grant y Grace Kelly tomando un cóctel en el Negresco, mar azul y luz, mucha luz. Os adelanto ya, que no me alojé en el Negresco, ni tomé ningún cóctel con Cary Grant. Pero superado el trauma de entrar en Niza conduciendo un domingo por la tarde, sí que me recibió la luz. Y jugando con el mediterráneo me regaló un placentero atardecer con el mar teñido de plateado, que debería ser obligatorio en cada atardecer que se precie.
Lo primero que os voy a contar es que Niza tiene, por historia y proximidad, mucha influencia italiana. Y eso lo notas cuando vas a comer y sólo encuentras pizzerías. Las cocinas “non-stop” hasta la noche y los precios te recuerdan, por si lo has olvidado, cosa difícil, que estas en territorio turista. Un consejo. En los restaurantes no pidas agua embotellada. Te van a traer una jarra helada de agua del grifo gratis, como debe ser. Y si no tienes mucho dinero, apúntate al “pinchet de vin” que es el vino de la casa y suele ser bastante correcto a la par que económico. Cosillas que hay que visitar. No fui al museo Chagall. Lo cambié por Matisse que me gusta bastante más. Y lo disfruté mucho. Como seguro que no tendréis el hotel al lado, coged un bus. Los billetes los podéis comprar al conductor. En mi caminata cuesta arriba descubrí que: debo volver al gimnasio y que los ricos no toman café. El Boulevard de Cimiez es una subidita bastante larga plagada de mansiones que no salen a tomar el cortadito de media mañana o si acaso lo toman en su jardín de muchos, muchos metros cuadrados. El museo Matisse es muy recomendable y está pegadito a l’Arene de Cimiez unas ruinas romanas muy majas.
Mi museo favorito sin embargo, fue el de Arte moderno. Cerquita de la Plaza Garibaldi. Donde descubrí y me enamoré de Yves Klein y su obsesión por el azul. Hay más cosillas que valen la pena. Subid a la terraza que os regala una vista panorámica de Niza preciosa. En Niza hay que terracear, las distancias son bastante grandes, no sabes porqué pero al llegar la noche te duelen los pies y es que a lo tonto has andado más de 10 km.
Hay una línea de tranvía que es muy útil y circula hasta bastante tarde. La parte más encantadora de Niza, no da al mar. En las callejuelas peatonales llenas de pequeñas tiendas te pierdes y te vuelves a encontrar. Y si tienes suerte te encuentras a ti mismo mientras te estás buscando. Epiceries, perfumerías, hierbas de la Provenza, jabones e incluso carnicerías se alternan con turistas y mesillas en la calle donde descansar y tomar café.
Si sigues estas calles puede que encuentres el mercado. O mejor dicho la zona donde se instala un mercado diario, yo vi el de antigüedades y artesanía. Donde pregunté el precio de un cuadro y disimulé mi desmayo al oír que valía 1800 euritos de nada. Muchos días hay un mercado de flores, imagino que mucho más económico.
Hacemos un interruptus de Niza y subimos a un tren para ir a Cannes. Si no vais a Cannes en crucero o para el festival de cine os lo podéis saltar tan ricamente. Quizá por eso mucha gente coge el tren y se van a Mónaco. Que la verdad es que no me llamaba demasiado.
Salimos de Niza y vamos camino de Nîmes. Que al llegar parecía un pueblo feo. No es verdad. Está lleno de rincones encantadores. Eso sí, el horario es mucho más europeo y hay que estar alerta. Recomiendo que si vais a comer os fijéis en el “Plat du jour”. Es una buena ocasión para probar la cocina francesa y despedirte de la pizza.
Nîmes también tiene influencia de la cultura romana. Su “Aréne” un teatro muy bien conservado sigue funcionando y allí se hacen conciertos y… corridas de toros. Y te explican orgullosos, que gracias a esta milenaria tradición es una de las únicas (o la única) plaza donde se puede matar al toro. Olé. La ciudad entera está llena de referencias al arte taurino y te sonríen con cierta complicidad si oyen que eres del país vecino. No me sentí muy cómoda con eso. Nîmes es romana, porque ellos fueron quienes ayudaron al César a conquistar a los Galos. Todo muy bien explicado en la película que te ponen en ªLa maison Carrée” que por fuera parece el Partenón. Y allí recordé que yo soy muy fan de Astérix y odié un poco a los ancestros de Nîmes.
Me salto cosillas de mi viaje. Pero no me voy sin deciros que la playa de Niza tiene piedras y es incómoda del copón. No me extraña que los guiris disfruten en la costa dorada. También mi agradecimiento especial a “Google Maps”, sin las indicaciones de la señora borracha de mi teléfono igual no nos hubiéramos perdido tanto, pero seguramente no hubiéramos vivido momentos que recuerdas y te ríes como ver Yaks del Tibet cerca de Roignac y que un hidroavión juegue a recrear “Con la muerte en los talones” con tu coche.

Nada más por hoy. Viajad que abre la mente. Hablad un idioma que no dominéis y os sentiréis mucho mejor. Probad el plato del día. Tratad de enviar una postal desde Francia y conseguidlo en la Costa Brava. Oled las hierbas de la Provenza. Disfrutad de la luz. Pero sobre todo, sed felices.  




viernes, 31 de agosto de 2018

CONSEJOS ZEN Y OTROS PELIGROS DE LOS QUE GUARDARSE


Si hace unos días culpaba al calor de mi apatía general, ahora pienso culpar al verano (se me termina el chollo) de las cosas en que ocupo mis ratos de ocio. Aprovecho cualquier excusa para que todo sea un poco más luminoso y festivo. ¿Otra caña? ¿terracear hasta las mil? ¿granizado de Bailey’s? ¿Cantamos a Miley Cyrus en el coche? ¡Claro que sí! Al fin y al cabo es verano.
Pues además lo que también hago es entrar en todos los enlaces y encuestas de facebook. He descubierto que si fuera un villano de Marvel sería “Loki”, si fuera un personaje de Big Bang Theory sería “Penny”, mi ciudad ideal para ir de vacaciones es Buenos Aires y mi festival veraniego sería “Coachella”. ¡JA! Mi villano de marvel favorito es “Grandmaster”, mi personaje de Big Bang sería una mezcla de Rajesh y Bernadette, mi ciudad ideal para ir de vacaciones es París y mi festival veraniego de música cualquiera en el que toquen algo de jazz. Vale, aunque sean estandards, no nos vamos a poner finos.
También he entrado a links motivacionales y de decoración. Y aquí sí ha llegado el desastre. Tanto en “cosas de las que deshacerte para ser un poco más feliz” como en “consejos para una casa zen” daban el consejo de echar de tu casa los libros que ya habías leído. Dicen que los libros son nidos de polvo y ácaros y que ahora hay que ponerse al día y leer en tablet. Olé tú.
Mientras mi yo interior, nada zen en ese momento, se vestía de pueblerina medieval, antorcha en mano y gritando “Sacrilegio” iba a quemar a los autores de esos artículos, me recordé a mí misma que la gente que leemos no solemos quemar así a lo loco.
Y como la gente que leemos hemos desarrollado la tolerancia y la empatía, empecé a tener pena de los autores y de los pobres idiotas que sigan su consejo.
Un libro que ya has leído es algo especial. Habéis compartido un viaje juntos. Te ha presentado a gente que nunca hubieras conocido dentro de una casa zen. Y es una puerta a bosques, países lejanos verdaderos o inventados, universos paralelos y reinos malditos. Y le debes un respeto. Cuando terminas un libro que ya has leído tienes una responsabilidad con él. Puedes dejarlo o regalarlo a alguien que sabes que lo va a cuidar. Aunque si te gusta es posible que un día sin más lo cojas y lo releas. Muchas veces. O simplemente abras una página al azar y recuerdes todo lo que has vivido, como un viejo amigo al que no ves pero sabes que sigue siendo tu amigo.
¿Y que hay de las visitas a las bibliotecas? ¿o a las librerías? ¿Y los libros de segunda mano? Esos que tienen en su interior las energías y emociones de la gente que los ha leído antes. ¿Cómo han acabado allí? A lo mejor sus dueños querían una casa sin polvo y muy zen.
Debo ser honesta y confesar que tengo un “ereader” y suelo leer en él. Pero en mi defensa diré que también suelo arruinarme en las librerías cada vez que entro. Y que nada es comparable al aroma del libro. Viejo o nuevo. Deberían probar de embotellarlo. Junto con el petrichor serían mis aromas favoritos.
Otro de los puntos en contra de leer en las tablets y los ereaders es que ya no hay interacción entre lectores. Muchas veces he tenido conversaciones interesantes entre los desconocidos del bus, de la mesa de al lado del café o de alguna fila en la que he tenido que esperar. Ver las tapas del libro es una invitación a la charla. Ver a alguien a quien le gusta el mismo libro que a ti es ver a alguien con quien seguramente te llevarías bien.
Os animo a regalar libros, a comprar más, a coleccionarlos o regalarlos. Pero no los abandonéis, ellos nunca lo harían.
Os dejo hasta la próxima. Prometiendo volver a la normalidad una vez pasado el verano. Y os dejo con una canción que me gusta y que estaba escuchando ahora mismo. Sé que sabréis perdonarme. Sed felices.





lunes, 6 de agosto de 2018

EMOCIONES. COMO VESTIRLAS Y TRATARLAS ADECUADAMENTE



Últimamente debo mantenerme alerta. Hay ciertos momentos en que me invade la tristeza. Yo estoy tranquila, sentada viendo la tele o leyendo un libro cuando de repente a mi lado se sienta la tristeza y se queda haciéndome compañía. Los ingleses utilizan la palabra “Blue” para describir los sentimientos melancólicos. Y me extraña ya que la tristeza nunca tendría que ser azul. A la tristeza le sienta bien el gris. La mía viene vestida con una gama de grises que varía según los ratos. Si va vestida de gris claro puede que se quede más días que si va vestida de gris oscuro. Su presencia suele ser más discreta los días claros, pero también más insistente. Nunca la he visto vestida de negro, por suerte. Dicen que cuando viene de negro suele anunciar períodos de locura y caos. Otra cosa que también es mentira, es la imagen esa de las películas, donde la tristeza escucha canciones lánguidas y lentas. Mienten. La tristeza lleva al silencio consigo. Es la ausencia de voces. La ausencia de palabras. La ausencia de amor. Es el vacio absoluto. Mi tristeza no es muy fuerte, por suerte. Pero sí reconozco que es bastante pesada. Tiene un aire de del siglo XIX y suele venir rodeada de niebla. Lleva un sombrero que le regalé yo y le tapa los ojos, no puedes mirar mucho rato cara a cara de la tristeza, es lo más peligroso del mundo. A veces cuando está a mi lado me mira, con expresión de seamos amigas, hazme caso, fíjate cuánto malestar hay alrededor, llora por el dolor de todos. Y en esos ratos, hay tardes en que sí estamos juntas. No mucho, porque eso la alimenta. Pero sí algún momento, generalmente los domingos.
Pero como todo tiene que tener su némesis, decidí un día invitar a alguien más a nuestra fiesta. Naturalmente estáis pensando que invité a la alegría. Pues no señor. Lo contrario a la tristeza no puede ser la alegría. La alegría es un poco zorra. Ahora viene y ahora se va. Viste de rojo y es muy de ser la protagonista. Siempre empeñada en que te olvides de todo y que te enfoques en la diversión del momento. La alegría es la más peligrosa de las emociones. Tanto que en el momento cumbre suele cansarse y dejarte ahí tirada, es entonces cuando la tristeza te dice ¿ves? Te dije que siempre podrías contar conmigo.
Para combatir a la tristeza vestida de gris, nada como el humor. El mío es muy agudo y polivalente. Suele enseñarme el lado bueno de las cosas y muchas veces me coge de la mano y me susurra una cosa divertida para alejarme de la niebla. Mi humor no es nada bien educado y suele visitarme en momentos que a veces no son políticamente correctos. Recuerdo una vez en un entierro me hizo reír y yo pensando: ¿quién lo habrá invitado? El nerviosismo me miró y me alzó una ceja como diciendo, “Mira lo siento, no podía decirle que no viniera, se ha invitado el sólo”.
Mi humor es de lo mejor de mi vida. Suele vestir con un traje británico y bebe té. Es un fanático del Earl Grey y de las chocolatinas con menta. Aunque lo he sorprendido con bermudas y camisas “tiki” en más de una ocasión. Yo lo dejo, porque es bueno reír también cuando hace calor, aunque no tengas ganas. Es amante de la ironía y a veces cuando bebe mucho, se salta el eje y puede llegar a ser cruel. Por suerte no lo hace muy a menudo, mi humor en el fondo es un caballero inglés que escribe como Tom Sharpe. Y tiene su residencia en lugares poco poblados de seres como él. No suele llevar en su maleta caídas ni cosas ridículas, dice que eso es para principiantes. A veces humor y alegría se juntan y entonces la señora de gris nos mira desde la ventana pero nunca se atreve a pasar. Juntos son invencibles.
La tristeza me está mirando ahora porque con lo que escribo se va borrando poco a poco, desaparece hasta quedarse en una niebla poco densa, casi transparente. Sé lo que piensa, está planeando pillarme con la guardia baja y volver a las andadas. No suelo dejarla, aunque a veces está bien hablar un poco con ella para poner las cosas en perspectiva. Mi religión y mis creencias suelen estar basadas en el equilibrio. El del bien y el mal, el de la música y el silencio, el de lo gris y lo azul claro. Creo que siempre que haya cierto equilibrio, nada malo puede pasar.

Me retiro por hoy. Miro a los lados y vuelvo a estar sola. Mejor, así aprovecho para leer un rato. Mis sentimientos os saludan, otro día os hablaré de los otros que me acompañan. Quedan algunos realmente interesantes. Sed felices.




martes, 31 de julio de 2018

COMBATE EL CALOR Y ENGAÑA AL CEREBRO.


Alguien me ha comentado hace poco que un verano leyó un libro ambientado en invierno y no notó tanto el calor. Y tiene razón ya que si te sumerges totalmente en una novela o relato, si ves alguna fotografía que te encanta o te horroriza, tu cerebro reaccionará como si lo vivieses en primera persona.
Hace unos días que hago aquello que prometí no hacer. Quejarme del tiempo y ponerlo de excusa para todo. Y no sólo lo hago yo. Lo hacen todos. Estoy cansada, es el calor. Los niños se pelean, es el calor. Los taxis hacen huelga, es el calor. Y no tengo ganas de hacer nada más que mirar películas tontas y series divertidas…obviamente es el calor. Porque yo en invierno leo a Nietzche y miro pelis iraníes subtituladas.
Pero volvamos al libro ambientado en la nieve del que os hablaba al principio. Si lo que vivimos a través de nuestros ratos de ocio con la lectura o el cine o la música, nos hace sentir igual que cuando vivimos a tiempo real las cosas, os prometo que me he enamorado millones de veces, he visitado países lejanos y he viajado en el tiempo.
Y como os he prometido maneras de combatir el calor y no sacarlo en cada conversación que tengáis con humanos o mascotas, os voy a dar algunos consejos.
Si tenéis la suerte de tener un cine cerca podéis echar una maravillosa siesta con “Mamma mia, una y otra vez”. El cine donde fui tenía la temperatura del aire acondicionado perfecta, pedí una Coca-Cola y no me dormí, así que vi a Cher en pantalla grande. Y eso es lo mejor de la película.
Pero aconsejo tirar de “streaming” o de videoteca. La verdad es que los estrenos de cine en verano son un poco tirando a malos.
Mi consejo es ver pelis antiguas. De las que veías por la tele, normalmente en el segundo canal los veranos de tu infancia.
Yo propongo cantar bajo la lluvia con Gene Kelly. Ver bailar a los 7 hermanos para impresionar a las 7 novias y esperar a que se deshaga la nieve para la primavera. Ir a Irlanda, con John Wayne y conocerlo como hombre tranquilo y no como vaquero que mataba a los indios. Ver el Gran Dictador y emocionarse. Y para terminar con algo diferente y casi un poco de multiverso y esas cosas que me gustan. Una película en blanco y negro y posiblemente difícil de encontrar “La vida en un hilo” (1945). ¿Os he hablado alguna vez de Edgar Neville? ¿No? Pues lo dejo para otro post.
Vayamos a mi terreno favorito. Series. Estoy viendo “The Office”. La última temporada. Sé que llego mil años tarde pero mira, te ríes mucho.
Aconsejo,  “Unbreakable Kimmy Schmit”. O revisionar “Rockefeller Plaza”. Creo que en las dos, la productora es Tina Fey. Esta señora y yo tenemos el mismo sentido del humor.
Ya sé que dicen que la risa es la mejor medicina. Pero para olvidarnos de las altas temperaturas lo mejor es pasarlas en Cicely de la serie “Dr. en Alaska”, donde no nos engañemos, aparte de cine, filosofía y belleza con toques de surrealismo, también hay comedia. O irte con el “Doctor Who” a conocer a Van Gogh, a Shakespeare, encerrar a Hitler en un armario, combatir con los Daleks o a ver el fin del mundo desde una terraza con vistas a nuestro universo.
Me doy cuenta que no dejo espacio para los libros. Voy a recomendar alguno. Dejad que os arregle la corbata y os alise el pelo porque os vais a Londres, nada como crímenes en la niebla para olvidar que es verano y no estáis de vacaciones, “From Hell” fantástica novela gráfica de Alan Moore. Sí, ese de los “Watchmen”. Pues “From hell”, habla de Jack el Destripador. Para los que decís que “novela gráfica” es otra manera de decir tebeo, os aconsejo un libro sin dibujos. Con hoteles vacíos y nieve. “El resplandor” de Stephen King. No me vale que recordéis a Jack Nicholson en la versión de cine. El libro es mucho mejor. Y tiene segunda parte, que es mala como ella sola, pero es verano y no estamos para pensar mucho.
Sí, ya sé que os he aconsejado cosas un poco antiguas, llamadlas “vintage” que queda más vendible. Pero siempre he creído que el verano es para los niños y vuestro verano será mucho mejor si os hace sentir un poco como cuando teníais tres meses de vacaciones y el lujo del aburrimiento.
Ah, los que esperaban por el título, recetas de limonadas frescas y mojitos caseros... Lo siento, pero siempre podéis bajar al bar. Y tomar una caña que en verano sienta genial. 

Os dejo con la canción que escuchaba mientras escribía esto. No os quejéis y sed felices.




lunes, 16 de julio de 2018

YO VENGO DE UN SILENCIO ANTIGUO Y MUY LARGO...


Estando de vacaciones a veces tienes la sensación de que la vida se toma un tiempo y descansa.
Pero el mundo sigue. Y estos días viendo la televisión me ha parecido que no sólo el mundo no se paraba sino que iba irremediablemente hacia el declive más absoluto. En mi casa siempre hemos sido de izquierdas. Incluso cuando era ilegal serlo. A mí, desde pequeña me produce cierta desconfianza cuando alguien se define abiertamente de derechas. Porque la gente razonablemente buena, la que luchaba por el estado del bienestar, ese que aún no ha llegado, siempre ha sido de izquierdas. Cosas de ser hija de un comunista. Al crecer me di cuenta que no había que tener miedo de la derecha. Había que tener miedo de los que decían que ya no existe ni izquierda ni derecha. Y a los que dicen que esas cosas no van con ellos. Para mí, todo ha sido fácil en ese sentido. Es ahora cuando observo el mundo y se me hace todo mucho más difícil de entender. A lo mejor son cosas de la edad.
Ayer veía en la televisión una concentración en el Valle de los Caídos. Para los que estáis de vacaciones o para los que directamente pasáis de todas las noticias os diré que la polémica viene con querer sacar los restos del dictador Franco de su sitio.  Y convertir el lugar en un sitio de reconciliación y honra a la memoria y a la convivencia.
Pero eso no convence a todo el mundo, así que un domingo por la mañana es perfecto para ponerte una camisa azul, desempolvar la bandera preconstitucional (sí, la del aguilucho) y cantar el “Cara al sol” con más pasión que sentido común.
Y ayer un Borbón sin corona y más gente de la que hubiera creído se concentró con la mano en alto gritando “Franco, Franco, Franco”, “El Valle no se toca”, “Españoles sí, ilegales no”. Comprenderéis mi absoluto pavor. El Valle no es sólo la tumba de Franco y de Primo de Rivera. Es una fosa común. Construido no solamente con mano de obra contratada sino también por 20.000 presos republicanos. Unos 30.000 cadáveres descansan ahí. De los dos bandos. Muchos sin identificar, de hecho más de 14.000.
La siguiente noticia me animó un poco. Nuestros vecinos los franceses, que mientras yo veía las noticias aún no habían ganado el mundial de fútbol, estaban en plena resaca del 14 de Julio. Día de la toma de la Bastilla. Aunque el día nacional de Francia no se celebra ese día por eso, se celebra por la Fiesta de la Federación, que empezó un año después y que fue el inicio más o menos de la revolución francesa.
Las causas de una revolución siempre tienen un elemento común. La rigidez. Visconti lo dice en “El Gatopardo”, debemos cambiar todo para que nada cambie. Que ya sé que sois unos puristas y estaréis diciendo ahora que la obra está basada en la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, pero yo es que vi la película y no me leí la novela y además reconozco sin vergüenza alguna que la vi porque de pequeña adoraba a Burt Lancaster.
A estas alturas ya no voy a retomar el hilo de lo que estaba contando. El día que inventen un GPS para escritura lógica y coherente yo lo compro.
Aunque también es verdad que lo que escribo sale de dentro y por eso y sólo por eso no tiene porqué seguir un orden planeado.
¿Hablábamos de revolución? Dicen que cuando la Pasionaria volvió a España del exilio, dijo que todos tenemos un coche y un piso a plazos y que así era imposible la revolución.
Creo que tenía razón. Ahora tenemos un Smartphone y coleccionamos corazones en Instagram. Aunque muchos de nosotros, a pesar de las noticias, intentamos creer y crear un mundo mejor. Más amable y más humano, como dice la canción.
Hoy tendría que poner una canción que hablara de la paz, algo así como “Imagine” de Lennon. Pero la verdad es que os voy a poner algo para no olvidar el pasado. Y para no olvidar que el odio engendra guerras pero la indiferencia también.
Sed felices.




¿PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA?

La semana pasada la noticia de la futura obligatoriedad de la asignatura de filosofía abrió un debate, cuanto menos, interesante. Las voc...