domingo, 24 de septiembre de 2017

LA BONDAD DE LOS DESCONOCIDOS. LONDRES. #Putthekettleon

Se han terminado las vacaciones y toca volver a la vida cuotidiana. No creo en el amor a primera vista y eso me pasó con Londres. Hace cinco años ya lo había visitado y no me convenció del todo. Pero esta vez, sí podría decir que me he enamorado un poquito de la ciudad. Para empezar, voy a desmitificar eso de que los londinenses son bordes. Con la sola excepción de una señora parecida físicamente a Gloria Fuertes que trabaja  en el aeropuerto, y que me repitió la misma frase unas 15 veces después de que yo le preguntara algo, los demás han sido encantadores.  Absolutamente todos. Pacientes con mi oxidado acento, dejándome mesa en los pubs y dándome direcciones y consejos cada vez que los pedía.
Mientras estuve en la ciudad hubo un ataque terrorista, afortunadamente fallido por lo que pudo haber sido, en el metro. Pues aparte de la invasión policial por las calles, que impresionaba bastante, los londinenses siguieron con sus vidas. Pero lo que me llamó la atención fue que el hashtag de twitter que fue trending topic en minutos era #putthekettleon. Gente ofreciendo ayuda, poniendo en marcha sus hervidores de agua para dar té y “scones” a todo el que lo necesitara. ¿Qué no se soluciona con una reconfortante taza de té? Los restaurantes ofreciendo comida gratis. Sé que pasa lo mismo en muchos lugares, desgraciadamente se pudo comprobar en Barcelona hace poco. Pero ese tipo de unión entre extraños, ese raro compañerismo que no entiende de nacionalidades, de religiones o de razas me hace tener esperanza en el ser humano. Y tristemente me sorprende.
Pasemos a lo que interesa que son mis vacaciones en la ciudad. Pues la verdad es que no voy a hacer una guía turística, porque a estas alturas todos habéis visto Londres antes que yo y seguramente mejor. Pero puedo decir que me encanta Covent Garden, donde siempre que entro hay músicos tocando. Esta vez al entrar, escuché “Ojos Negros” la canción tradicional rusa, y naturalmente me ganaron enseguida.
El espíritu de Twiggy ya no está en Carnaby Street. Sin embargo parte de la “movida” un poco alternativa donde se mezclan milenials, turistas, locales y un chico “aupair” que vuelve a finales de mes y se emocionó al escucharme hablar en catalán, es el mercado de Camden. Situado en unas antiguas caballerizas, puedes encontrar de todo, desde churros, comida vegana, vestidos vintage, cámaras antiguas, cerveza, gogos en las tiendas de ropa y un surtido sexshop en el sótano de una tienda de camisetas, con una excelente colección de columpios sexuales y carteles de advertencia de: “No prueben el género en la tienda”. Sentido del humor tienen los británicos, de eso no me cabe ninguna duda.
Como no solo de mercadillos modernos vive una, aproveché para visitar la Tate Modern. Con mi gran dominio del arte contemporáneo, lo que más entendí fue al guía que te da la bienvenida en tu idioma. No, en serio, hay obras preciosas, algunas te dan escalofríos y otras te emocionan con su belleza. Pero también hay cosas que no entiendo. Eso sí, hay que verla. Nunca dejéis de ver arte.
También hice de turista y vi la Torre de Londres. Dice la leyenda que el día que los cuervos se marchen de la Torre se va a terminar la monarquía británica. Es por eso que los cuidadores miman a tan extrañas e inquietantes criaturas y por si acaso les recortan un poco una de sus alas. No fuera caso que se les escaparan y mandaran a Isabel y su prole a la cola del paro.
Hice un tour por el East End visitando los lugares donde encontraron a las víctimas de Jack el Destripador. Y por supuesto vi un par de musicales. Uno menor. Aunque sea de Gerswin. “Un americano en París”. Donde todos cantan y bailan muy bien, pero la verdad es que el protagonista tenía más química con el pianista que con la chica. Y como no era el Gene Kelly de la película, pues claro, no me gustó tanto.
Y después un gran musical. De esos que te hacen querer volver a verlo. Y salir cantando por la calle. Sí, podéis visualizarme cantando camino del metro. Lo hice. Emocionadísima y creyendo en la magia otra vez. Naturalmente hablo de “Wicked”. Que sirvan vino en el teatro y puedas beberlo mientras ves la obra te ayuda a perder la vergüenza a la hora de cantar camino al hotel y te hace dar cuenta de lo adelantados que están los ingleses en cuestión de placeres cuotidianos.

No os voy a contar mucho más. Que mis posts son cortitos y hoy me he pasado. Que el otoño sea amable con vosotros y vosotros sed amables con todo el mundo. La humanidad necesita volver a confiar en la bondad de los desconocidos. Nos vemos pronto. Sed felices. 


lunes, 11 de septiembre de 2017

TEMPUS FUGIT



Hoy no tengo muchas ganas de escribir. Pero como es lunes y voy a coger unos días de vacaciones del blog aprovecho para despedirme de vosotros.
Mis próximos planes son: un viaje a Londres, donde por fin iré a ver teatro musical en el mismo West End, como siempre había soñado. Volver y coger unos días de vacaciones en la playa. Aunque haga frío. Y naturalmente tendré que reenganchar el trabajo al final de esto. Pero ya se andará.
Aunque tengo un problema. Me aterra volar. Y mientras escribo esto, tengo un episodio de “Mentes Criminales” de fondo. Mientras los detectives están en el avión, vienen turbulencias y alguien se asusta. Mandy Patinkin le pregunta: ¿Problemas con el control de las cosas?
Y sí, me he quedado pensando que a lo mejor ese es mi caso. Quiero controlarlo todo. Quiero que todo me salga tan bien como he planeado y cuando no pasa me decepciono. Y estoy segura que si Mandy Patinkin lo ha dicho, eso es cierto al cien por cien. Iñigo Montoya nunca me mentiría.
Conociendo la raíz del problema, a lo mejor puedo solucionarlo. O tomarme una pastilla, o tomar un vino en el avión, que con la altura me relaja seguro.
Dejemos fobia a volar de momento y pasemos página. Hoy hace tanto viento que estoy segura que si no cierro la ventana voy a amanecer delante del Mago de Oz. Sé que llego un poco tarde, como casi siempre, pero este viento me recuerda que tengo entradas para el musical “Wicked”. Y pienso corear interiormente “Defying gravity” mientras esté en el teatro. Me gusta ese himno a lo imposible. Y creo que hoy es justo lo que necesito.
Estos últimos días me ha venido a la cabeza la expresión “Tempus fugit”. Sí, el tiempo vuela y perderlo es una especie de insulto a nosotros mismos. Lo que no digamos, se habrá perdido. Lo que no hagamos, no vamos a disfrutarlo. Así que doy un paso adelante sin mirar el terreno que piso y me propongo disfrutar del presente sin tanto control, sin estudiar tanto las cosas y sin preguntarme si he hecho bien o no.

Este post es más cortito y carece absolutamente de sentido literario. Pero como todo lo que hago, está escrito con el corazón. Deseadme suerte. Deseadme buen viaje. Y deseadme que sea feliz. Yo os lo hago siempre. Hasta la próxima.



lunes, 4 de septiembre de 2017

CIFRAS Y LETRAS

Estoy a leer una frase motivacional más en Facebook y empezar a tener un ataque psicótico. Sobre todo de los que saludáis a los meses como si fuéramos todos Teletubbies. Parad ya, por favor. Vuestro cerebro no os lo dice, pero sufre en silencio.
Y como me niego a saludar a los meses y pedirles que se porten bien conmigo (porque yo no veo Tele5 y tampoco tengo 12 años), vamos a hablar de cosillas interesantes.

Por Facebook también me llega un “meme” que dice: 
“Si tu novia te pide que le escribas algo bonito escríbele esto: (∂ + m) Ψ = 0”.
Se trata de la ecuación de Dirac. Que significa (resumido para rubias y todos los que no sean físicos teóricos) que si dos sistemas interactúan uno con otro durante cierto tiempo y luego se separan, siguen siendo dos sistemas aunque de una  manera sutil son uno, ya que siguen influyendo entre ellos. Aunque estén en lados opuestos del universo. Aunque haya pasado mucho tiempo. Así es la magia de la física cuántica. La belleza de este concepto me parece infinita. Y pienso que esta ecuación es extrapolable a las relaciones personales. Y me gusta. Porque la idea de que un poco de nosotros se quede en otra persona tiene algo de tristeza poética, pero también tiene algo de esperanza para la humanidad.
Ayer alguien me aconsejó que debía limitar mi empatía. Y aunque para mi salud mental estoy de acuerdo, a veces me parece que sentir lo que sienten otros me acerca al 1+1=1. Esa cosa zen de que todos estamos unidos.
Y después de insultar a la física y a la matemática y acabar hablando de cosas hippies, voy a pasar de los números a las letras.
Creo en la sonoridad de las palabras. Hay palabras intraducibles a nuestro idioma que expresan estados de ánimo o ideas. Hay palabras que al escucharlas te producen un escalofrío agradable o a veces no tan agradable. Es por eso que creo que las palabras tienen tanto poder como los conjuros mágicos. Y apoyando mi hipótesis sólo hay que buscar un libro de brujería para saber que con los remedios de hierbas venían unas oraciones. Aunque mi punto de vista no es tan esotérico, creo absolutamente en el poder de las palabras. Y animo a todos mis alumnos a leer y enriquecer su vocabulario, aunque ellos me contesten con un “Ok”.
La primera palabra es catalana.
“Tarannà” que sería la forma de ser o de comportarse de alguien. Aunque algunos traductores os dirán que equivale a “carácter” no es del todo cierto.
“Komorebi” es como dicen los japoneses a cuando los rayos de sol se filtran entre los árboles. Sé que habéis leído la definición y os ha aparecido una imagen, a cada uno distinta de vuestra propia experiencia. No me digáis que eso, no es magia.
“Billabong” sí, es una marca de ropa. Pero también es el agua estancada que sólo se convierte en río en la época de lluvias. Viene del Wiradjuri, un dialecto que se habla en Australia.
“Ramé” viene del balinés y es algo caótico y bello al mismo tiempo.
“Toska” es como los rusos sienten nostalgia del lugar donde nacieron.
Y como he hablado antes de “Memes” de internet, os contaré que los llamamos así por Richard Dawkins un zoólogo que expone la hipótesis memética de la transmisión cultural. ¿Cómo os habéis quedado?

Aunque ya he dedicado algún otro post a palabras curiosas, es un tema que me interesa y no descarto dedicar algunos más.

Hoy os dejo mientras en mi mente suenan estas palabras, y quiero que leáis mucho y disfrutéis porque la vida es breve y hay que llenarla de todo aquello que nos hace mejores. Os dejo con Françoise Hardy que le pega a Septiembre.
Sed felices.   







lunes, 28 de agosto de 2017

EL FINAL DEL VERANO. LA ENGAÑOSA DEPRESIÓN POST-VACACIONAL.



Con el final del verano, te bombardean con consejos para superar la depresión post vacacional. No los creas. No existe. Lo que pasa es que la memoria es amable y no te permite ver la mierda de verano que has tenido.
En serio ¿Cuántas veces has dormido hasta que el cuerpo te ha dicho basta? ¡Ja! Seguro que si no te han despertado tus hijos, ha sido el calor, o el ruido, o el calor otra vez, que este año ha sido mucho.
Y tus días fuera de casa ¿Has hecho el viaje soñado? Deja que me ría. Lo que has hecho ha sido ir a un apartamento de playa a pasar una semana, a pelearte por un pedazo de arena rodeado de guiris quemados y a pagar 3€ por una caña en vaso de plástico del chiringuito, que además se calienta en 4 segundos. Has salido poco de restaurantes, porque la verdad es que las colas eran inaguantables. Cuando lo has hecho, has encontrado camareros que curran 12 horas por el sueldo mínimo y que aún así te atienden y piden perdón por el retraso pero es que en agosto ya se sabe. Y tú los has mirado con ese aire de “que mal servicio, no vuelvo aquí ni de coña”, y has seguido quejándote hasta que te han invitado al café.
Y ahora viene septiembre, y lo mejor es que los precios han bajado. Así que si el año que viene puedes elegir, pide vacaciones para este mes y no seas pringado.
Si después de despertar a tu memoria real, sigues teniendo la falsa depresión inventada por los comerciales para que consumas más, empieces cursillos y compres libros de autoayuda… te recomiendo que hagas un examen profundo y pienses en lo que quieres cambiar de tu vida. Porque tu vida, no es la semana pasada, en el mejor de los casos, en un crucero mediterráneo, tu vida es cada mañana cuando abres los ojos. Así que dedícate a hacer pequeñas cosas o grandes gestos para mejorarla. Todos a tu alrededor te lo agradeceremos. Y por cierto, a nadie le interesan las 173 fotos de puestas de sol. Así que no organices una cena para enseñarlas, haz una selección y que juzgue instagram. Los tiempos cambian.

La verdad es que yo no suelo sufrir depresión postvacacional. Trabajar en agosto es un lujo porque todos estamos relajados.
Septiembre me encanta y octubre aún más. El secreto está en ser feliz con las pequeñas cosas.
Así que despierta con una sonrisa, no creas en depresiones y vete a la cama feliz.

Y después de este post que parece estar escrito en imperativo y a voz de grito (la verdad es que me ha inspirado el anuncio número tropocientos de “termina el verano, vitaminas y de cursos o coleccionables en fascículos”) os cuelgo una canción. Una de “mis” canciones fetiche. También es una de mis pelis fetiche o lo fue hace mil veranos. Disfrutadla. Y os dejo con otro imperativo: sed felices.







lunes, 21 de agosto de 2017

OLVIDAR LO APRENDIDO

Mi trabajo consiste en la continuidad. Desde mi despacho puedo ver por la ventana el paisaje que necesite. Hoy tengo tras mis cristales un pueblo de casas blancas junto al mar. Oigo los gritos de las gaviotas y el cielo y el agua se funden en un “degradé” de colores que voy a copiar para mi próximo pañuelo echarpe. Azul Grecia. Siempre me ha gustado este color. Me trae recuerdos de tardes al sol, de mañanas frescas de Junio cuando parece que todo está por llegar y de atardeceres frente al mar.
Mi próximo proyecto no es difícil. Tengo completo el próximo grupo que debo enviar a luchar. Debo decidir dónde. Estudio cada perfil de mis “soldados”. Han tenido vidas duras. Este grupo merece un poco de diversión. Miro mis volúmenes de historia. Los he pasado todos a digital pero me gusta el ruido del papel al pasar las páginas. Naturalmente conozco toda la historia mundial de memoria, pero ésta es distinta y se basa en los pequeños detalles. Cojo un grueso volumen y lo abro al azar, la casualidad es una parte importante de mi trabajo. Leo atentamente. 

“Lisboa 31 de Octubre de 1755. Amanda se despierta temprano, ha dormido mal, ha oído perros ladrando toda la noche, en cuanto se levanta tiene un escalofrío, un mal presentimiento…” También es mala suerte, no quiero saber si Amanda sobrevive al terremoto y al incendio, pero imagino que no. Cierro el libro y me preparo un café. Leo un poco más sobre mi grupo. Dos informáticos, un médico, una panadera, un peluquero, dos maestras de guardería y una física teórica. Es un grupo pequeño. Uno de los informáticos está casado con una de las maestras de guardería. Aunque él tiene una amante, y eso hace preguntarme si la amante también debería formar parte del grupo. Decido que no. Más adelante los volveré a juntar, pero esta vez merecen estar separados. Después de mi segundo café vuelvo a probar suerte y cojo otro tomo de la estantería.

“China en tiempos de la dinastía de Qin Shi Huang.
Xiao Chen se siente afortunado. Se levanta temprano y va directamente al taller. Hace mucho tiempo que trabaja tallando soldados. Cada uno distinto. Él conoce algunos de los soldados y le da pena que cuando terminen de tallarlos todos tengan que morir para dejar su alma allí…”
Paro de leer. Me gusta que la gente crea en cosas. Aunque sé que los guerreros no dejaron su alma en las esculturas, no toda su alma al menos. Pero en esa época se creía en cosas y eso me decide. Puedo mandar al grupo allí. Voy a seguirlos atentamente. Deberán volver a aprenderlo todo. Aprenderlo diferente. Olvidar lo aprendido. Cojo el dossier de facilidades y veo que les toca ser bastante afortunados. Los voy a enviar a China. Nada de tecnología. En familias de distintas clases. El matrimonio tardará en conocerse y ella que es la engañada será la privilegiada ahora. Lo siento chico, te toca pagar un poco de karma.
Miro por la ventana. El azul me relaja y me da fuerzas para todo el trabajo que me queda por delante. Empiezo con los diagramas familiares. Continuaré un par de días con las conexiones fugaces con otros grupos. Me da un poco de envidia la suerte que tienen al volver a empezar. Aunque a veces me pregunto si sería mejor que lo supieran. Pero los jefes deciden que no. Al menos de forma general. Existen casos especiales. Pero yo no suelo encargarme de ellos.
Cuando la gente dice que las almas se reencarnan en grupo, no imaginan todo el trabajo de detrás. Piensan en el tiempo lineal de la historia e imaginan algún tipo de magia. Si supieran la verdad puede que apreciaran más la vida que les toca. Todo el trabajo, toda la planificación. Todo el estudio de perfiles y las noches en vela por las dudas éticas. Aquí no valen las religiones. Cuando mueres te das cuenta que la religión, o la falta de religión, no era más que un barco distinto que te llevaba a un mismo destino. Cuando mueres, en una décima de segundo comprendes que las diferencias y los nombres no cuentan, cuenta la esencia. Al final las constantes suelen pesar más que las variables. 
Cada grupo de almas que envío suele ser un poco como mi familia. Los sigo hasta que vuelven a mí, aunque alguno ya haya superado esta parte y pase a otro grupo de más nivel. Me gusta mi trabajo. Me tienen prohibido decir que jugamos a ser Dioses. Así que más bien digo que soy como una escritora cuyos personajes se independizan y eligen sus propias historias. Y siempre estoy ansiosa por escuchar y aprender de ellos. Al fin y al cabo los escritores suelen aprender más de sus creaciones que de sus maestros.



He leído hace poco que los escritores escriben para escapar de la realidad. No podría estar más de acuerdo. Sin autoproclamarme escritora, diré que yo también escribo para crear una realidad distinta de la que vivo. Este relato no va de muerte sino de renacimiento. Y aunque retazos de una reciente e interesante conversación están aquí, debo decir que el cuento se ha gestado esta mañana al dar el pésame a alguien.
En general no estamos muy preparados para gestionar bien nuestras emociones, pero me gusta pensar que lo intentamos lo mejor que podemos.

Esta semana no sólo os deseo que seáis felices, os pido que repartáis esta felicidad entre aquellos a los que amáis.


lunes, 7 de agosto de 2017

EL HOMBRE SIN RELOJ

Fue la casualidad o a lo mejor la causalidad lo que lo llevó a no lucir esa máquina en su muñeca.  De pequeño conoció al tiempo. No al que nosotros conocemos  ni a toda su familia. No conoció al tiempo libre, ni al tiempo de estudiar, ni al tiempo de azúcar,  ni al tiempo de pensar que ya lo decidirás mañana. Nada de eso. Conoció al verdadero tiempo. Al poderoso y cruel. Al implacable. Y entendió que la humanidad estaba en guerra desde hacía siglos. Entendió lo inentendible y decidió luchar.  
Lo miró cara a cara y le dijo “Somos enemigos. No pienso jugar a tu juego. No pienso creer nada de lo que me digas y a partir de ahora pelearé contra ti”.
El tiempo miró al jovencito con cierta curiosidad y se tocó la barba blanca, lucía una larga barba porque el tiempo era muy viejo, así como al estilo druida de Asterix. Después de mirarse cara a cara,  el viejo druida se rió. “Sabes que nunca me vencerás. Al final gano yo. Siempre.”
“Pero puedo intentarlo, empezar una revolución. Y eso te hará daño. Llegará un día en que no tendrás poder contra el hombre. Quizá yo no lo vea, pero valdrá la pena probar”.
“Si piensas eso  empecemos. Me aburro desde hace mucho”. El viejo de barba blanca tenía la soberbia que le daba no haber conocido a ningún rival digno.
Y el chico que nunca llevaba reloj empezó a estudiar como vencer al enemigo invisible. Cayó en sus manos biografía de Marco Vitruvio donde leyó sobre la Clepsidra, el reloj de agua que medía las noches egipcias. Y pensó que allí empezó todo. Con la necesidad de medir. Con la necesidad de poner horarios. Vio que su enemigo tenía la batalla ganada.  El tiempo existía como concepto y como realidad. El tiempo tenía minutos digitales, de cuerda, automáticos, a pilas y de diamantes. Los últimos segundos del partido, los primeros minutos de una película, los tiempos récord en el Tour, la cuenta atrás del lanzamiento de la Soyuz…Había creado la falsa ilusión de sumisión con los relojes. Si sabes la hora que es dominas el tiempo. ¿Por qué? Pues porque no llegas tarde y lo aprovechas bien.
El chico sin reloj leyó “Momo” de Michael Ende y supo que él también había querido de alguna manera declarar la guerra a los relojes.
Decidió que no podía destruir todos los relojes del mundo. El tiempo tenía la historia y la sociedad de su parte.
 ¿Y él? ¿Qué tenía él?
Su única ventaja era que no tenía reloj. Cosa que hacía que midiera sus días y sus noches de forma diferente. Los medía en recuerdos. Los medía en instantes. En momentos. Los medía de una forma tan distinta que los desposeía de su esencia. El recuerdo dejaba de ser una hora para pasar a ser algo importante. Los momentos, los instantes carecían de duración. Y eso los hacía mucho más valiosos.
El viejo druida observaba al hombre, ahora ya era un hombre;  en eso el tiempo había ganado,  y empezó a ponerse nervioso. Eso no me lo esperaba, pensó.
El hombre sin reloj, oyó la tos nerviosa del viejo tiempo y supo que algo había cambiado. Se trata de eso. Hacer que todos lo olviden.
Supo entonces que era una tarea casi imposible. Pero empezó con él mismo.  El tiempo que compartías con el hombre sin reloj desaparecía numéricamente. No importaba la hora. Al despedirte no contaba el tiempo pasado con él y quizá por eso contaba más que nada. Y la gente empezó a imitarlo. No consultar el móvil. Perder el reloj. No ponerte otro. Y muy, muy lentamente hubo un grupo de personas que conocieron al hombre sin reloj y que inconscientemente aplicaron la misma técnica. Y así casi sin darse cuenta, nació la revolución. No todo estaba perdido.
Al fin y al cabo ya lo dijo Albert Einstein: El tiempo no es real es sólo una ilusión psicológica.



Y para despedirme os pongo banda sonora un poco cursi, esta canción estaba en mi coche y  aunque “Batman Forever” no es de mis versiones favoritas está en nuestra memoria colectiva, no lo neguéis, y además la llevo tarareando en mi cabeza desde hace casi una semana, así que si yo lo “sufro” vosotros también. Hasta dentro de unos días que en Agosto a lo mejor nos cogemos unos días de vacaciones. Eso sí, sed felices. Cuanto antes mejor.



lunes, 31 de julio de 2017

EL VIAJE


Termino el mes de Julio con este microrelato. Nos vemos en Agosto.

Muchas de las buenas historias que he leído empiezan con un viaje. Ésta no es una buena historia pero empieza igual.

El tren llega a la estación con puntualidad británica. Mi maleta medio vacía pesa un montón. No me extraña, el vacío que queda entre bragas y calcetines está lleno de esperanzas perdidas y decisiones tomadas en el último momento. Y eso pesa mucho. En esta estación no hay nadie más. Claro que son las 4.00 de la madrugada y la estación cierra por las noches. El tren entra humeando como los trenes antiguos. Yo lo veo como el "Orient Express" pero puede que tu lo veas distinto. Suena un silbido y se abren las puertas. Como si fueran automáticas. Nadie baja. Yo sí subo. Se cierran detrás de mí y con un silbido más largo y cruel dejamos la estación desierta. Miro a mis compañeros de viaje. Gente de todos los tiempos. De todos los sexos. Incluso gente que no parece gente.
-   Yo solía vivir en un bosque alemán. Dime que me reconoces.
La que habla tiene pinta de bruja.
-   Tenía una casita hecha de chocolate y azúcar.
-   ¡Claro! Te comías a los niños.
-   Vaya chorrada más grande. Si tengo tanto chocolate como para construir una casa ¿por qué tendría que comerme a un niño? Eso son cosas de los Grimm. Nunca me fié de esos bibliotecarios venidos a más. Pero entonces ¿me recuerdas?
-   Vagamente. Creo que era muy pequeña la última vez que me contaron la historia.
-   Que inconveniente. Supongo que continuaré aquí un poco más.

Vuelve el silencio y aprovecho para buscar un asiento. Un hombre me ayuda con el equipaje.
-   Pesa bastante. ¿Esperanzas perdidas y malas decisiones?
-   Casi. Decisiones desesperadas. Aún no se si funcionaran o no. Pero ¿Cómo lo ha sabido?
-   Llevo mucho tiempo trabajando en el tren. Sabría reconocer lo que hay dentro de un paquete por el peso y el aroma. Lo suyo es fácil. Las esperanzas perdidas son la moneda que compra el billete del tren. Así que todos las llevamos en la maleta. Aunque las malas decisiones suelen oler a soledad y noches en vela. Por eso me he confundido.
-   Vaya… Y ¿Quién es usted?
-   No podría decirle mi nombre aunque lo supiera. Las reglas son las reglas.
-   No sé nada de reglas.
-   Ya aprenderá. Si tiene que quedarse. Si no, no importa. Voy a por un té. Si quiere unirse, más adelante encontrará el vagón restaurante. Para cualquier pregunta silbe. ¿Sabe silbar verdad? Junte los labios y sople.

El hombre desaparece y yo me quedo pensando en la última frase. La he oído antes pero no recuerdo donde.

-   ¡Oh! la dice Lauren Bacall en una película. No se preocupe. Lo dice siempre. Yo no sigo las normas. Me presentaré como se ha hecho toda la  vida. Soy el fantasma de Canterville. Llámame Simon. Sir Simon si te sientes ceremoniosa.
-   Pero yo te recuerdo. Mucha gente te recuerda. Hicieron películas de ti.
-   Pero nadie se ha leído la historia desde que dejaron de ponerla como lectura obligatoria en el instituto.
-   ¡Vaya!
-   Sé que no debería estar aquí. Siempre creí que era famoso pero mi última aparición pública fue para un anuncio de quitamanchas allá por los años 70. Y naturalmente hay normas que no puedo saltarme. Hasta que alguien coja el libro y lo lea entero no puedo bajar. Deja que te mire. Tú vienes de una historia distinta. No, no me lo digas. No empieces a ser rebelde el primer día. Estás de suerte, no es el peor vagón del tren. Aquí todos tenemos un poco más de oportunidad. Sobre todo si algún productor compra los derechos. El cine y las series ayudan a recordarnos. Y siempre hay alguien que va a la fuente y compra el libro. Es entonces cuando salimos del tren.
-   ¿Conoces a alguien que haya salido?
-   Claro. La Dama del lago. Y gracias a Dios porque era bastante insoportable. Resulta que añoraba la humedad. Pero Camelot se puso de moda. Y salió. Sin despedirse. Desaparecieron tanto ella como su equipaje. Que por cierto olía bastante mal.
-   A malas decisiones.
-   A eso mismo. Las que tomamos cuando nadie nos recuerda. Y ella rebosaba soledad. Ya sé que el mayordomo te ha ofrecido una infusión. Pero siéntate conmigo, tengo un irlandés que nos hará cantar “Danny Boy” hasta caer dormidos. Y puede que adivine de que historia vienes.

El tren sigue avanzando. La luna juega en las ventanas y los acompaña. Este viaje pertenece a la noche. Y sigue silbando aunque no pueda oírlo nadie. Lo que sí se oye es el canto de “Sir Simon” animado por su interminable petaca de whisky. Los otros pasajeros acostumbrados a las veladas irlandesas del viejo fantasma, miran por la ventana al vacío y a la luna, la única que se atreve a romper el velo de la oscuridad.


Como imagino que estáis de vacaciones no os voy a poner la canción de Danny Boy que tampoco hay que deprimiros. Esta es la primera canción que he escuchado esta mañana cuando he entrado en mi coche. Cosas del aleatorio. Sed felices.



LA BONDAD DE LOS DESCONOCIDOS. LONDRES. #Putthekettleon

Se han terminado las vacaciones y toca volver a la vida cuotidiana. No creo en el amor a primera vista y eso me pasó con Londres. Hace cinc...