miércoles, 21 de febrero de 2018

FRÁGILES


Creo que uno de los peores defectos de la humanidad es dar las cosas por sentadas. Ser conscientes de todo lo que nos rodea obviamente nos abrumaría, pero pasar por la vida creyendo que todo es eterno tampoco es la mejor solución.
Paul Bowles en su libro “El cielo protector” tiene una frase que lo define perfectamente. “…todas las cosas ocurren solo un cierto número de veces, en realidad muy pocas (...) y sin embargo todo parece tan ilimitado”.
Concretamente Paul, hablaba de las veces que volveríamos a ver la luna de día, cosa que me encantó ya que tengo cierta fijación por la luna. Cuando anochece tengo la manía de buscarla en el cielo. Esta semana está creciente, me atrae especialmente esta fase, porque es la que dibujamos de pequeños en las esquinas de las hojas de los deberes. Puede que sea porque es la que sale en los cuentos que leíamos y personalmente porque me recuerda a cielos exóticos que probablemente no vea jamás o que puede que vea algún día. Cuando la luna está creciente pienso en el cielo de Tánger, en el desierto y en conversaciones de noche cerca del mar. 
Pero ¿qué pasa cuando además de la belleza del momento, damos por sentadas cosas que no son para nada seguras? Lo que no decimos hoy, lo que no hacemos, escuchamos o leemos hoy puede que no tengamos tiempo de hacerlo. En  la película “Las horas” Nicole Kidman disfrazada de Virginia Wolf, decía que alguien debía morir para que los otros apreciasen la vida. Ella mataba al poeta. No creo para nada que sea una decisión acertada, hay escasez de poetas en la vida cotidiana. Pero la entiendo, a veces el poeta debe morir. Y sólo así los demás se darán cuenta de la existencia de la poesía.
Soy, o intento ser, de naturaleza optimista, pero debo confesar que últimamente me siento un poco fastidiada. Y creo que es por la indiferencia que nos está infectando. Como si fuera un virus, somos capaces de oír o ver verdaderas salvajadas sin que nos afecten. Estoy convencida que estamos perdiendo la capacidad de sentir. Y si nos olvidamos de indignarnos ante la atrocidad y de defender lo que es justo, poco a poco me da miedo que nos olvidemos también de apreciar, de amar o de sentir el placer con todo lo bueno.
Si el dar por sentadas las cosas nos lleva a cierta apatía, ésta nos está robotizando lentamente. Y el final de la humanidad no vendrá de un desastre natural como un meteorito descontrolado o con el alarmante y real cambio climático, el final de la humanidad vendrá de la falta de sentimientos.  
Que todo sea frágil, puede asustarnos, pero precisamente que todo sea frágil es lo que lo hace precioso e inolvidable. Sea la luna en el cielo, un gato durmiendo al sol, una declaración de amor en una pizarra o un poema en el móvil.
Hace poco me quejé en una conversación de lo poco que me gusta sentirme vulnerable, pero pensándolo bien, decido que sentirse vulnerable es uno de las mejores sensaciones del mundo. Es soltarse y confiar, es no querer controlar todo y dejar que lleguen las sorpresas, aceptar las buenas y luchar contra las malas. La vulnerabilidad es un sentimiento y los sentimientos nos hacen humanos.
Esta semana os mando más deberes. Me encantaría que intentéis apreciar la fragilidad y que descubráis que dentro de un momento fugaz puede existir la eternidad. Naturalmente también quiero que sintáis amor, rabia, dulzura o descontento y que lo expreséis. Puede ser una semana interesante.Contadme y sed felices.



lunes, 12 de febrero de 2018

LO IMPORTANTE ES SER FELIZ


Si algo tiene ser una blogera semanal es la escasez de temas que te inspiren. Es mi perfecta excusa para la escucha de conversaciones en mesas ajenas. Pero hay semanas como ésta, en que el calendario te lo pone fácil y puedes hablar de San Valentín. Obviamente todo el mundo sabe ya a estas alturas eso del cura que casaba parejas por estas fechas. Los más cínicos también sabemos que esta fiesta está creada para acabar con las sobras de stock de los regalos de Navidad. Aunque hay que reconocer que se lo han currado. He visto cosas terribles en los escaparates. La ropa interior roja, los cojines en forma de corazón y las chorradas varias ocupan estos días la calle y se han creado expresamente para el 14 de febrero. Así que eso de los excedentes ha quedado ya anticuado.
No voy a hablar de esta parte. Voy a hablar de ciertas curiosidades relacionadas con el día de los enamorados, que han llamado mi atención.
Siguiendo la estela del pasado post vuelvo a oriente donde en Japón se celebra el “Tanabata” o “Fiesta de las estrellas”. No es el 14 de febrero, sino el séptimo día del séptimo mes  del calendario lunisolar, creo que eso aquí caería más bien en agosto. Eso es porque muestra cierto paralelismo con la fiesta china “La noche de los sietes” (Qi Xi, imaginadme pronunciándolo con mi estupendo acento mandarín).
Resumiré la historia: una tejedora (en algunas versiones es una princesa que teje telas maravillosas) y un pastor enamorados hasta tal punto que la pobre tejedora se me despista y empieza a desatender sus obligaciones. Naturalmente, es castigada por los dioses, como debe ser en cualquier buena leyenda que se precie. Pero siguen tan enamorados que se les permite verse una vez al año. De noche. El puente por el que se encuentran está hecho de estrellas en Japón y de Grullas en China. Hay tantas versiones de la historia como gente la ha explicado.
Hoy en día, en China se celebra el día de las habilidades y las jóvenes muestran su gracia al coser. En Japón tienen una tradición que me parece preciosa y es que escriben deseos o poemas en tiras de papel y los cuelgan de los árboles de bambú.
Pero no todo es folklore y leyendas. En Japón que son así como bastante listos  y no quieren desperdiciar una fecha tan importante como San Valentín, ese día las mujeres regalan chocolate a los hombres. ¿Y por qué? Pues porque resulta que uno de los patrocinadores/impulsores de esta fiesta es la marca de chocolates Morozoff de Kobe. Un mes después, en el “White Day”, son los hombres quienes agasajan a las mujeres con regalos de color blanco, generalmente chocolate blanco. Cosa que encuentro una injusticia, porque he probado los bombones japoneses y los de chocolate negro son infinitamente superiores.
En otras partes del mundo se celebran cosas distintas como en Perú donde suele haber bodas colectivas, en Finlandia se celebra el día de la amistad, en Dinamarca se envían textos graciosos firmados por tantos puntos como letras tenga el nombre del autor y hay que adivinar la identidad del mismo, en caso de acertar te ganas un huevo de chocolate la próxima Pascua; en Italia las mujeres deben levantarse al amanecer para cruzarse con su próximo esposo que será el primer hombre que se crucen por la calle. Por suerte aquí no es así, yo suelo ir al gimnasio antes del amanecer y puedo asegurar que a esas horas, no tienes humor para pensar en esas cosas.
Aquí nos dedicamos más a leer “memes” divertidos sobre San Ballantine’s y en mi caso a consolar a las niñas y niños de 12 años que no han recibido ninguna postal con corazoncitos. En serio. Preocupante.
De todas maneras no quiero parecer tan cínica (os aseguro que no lo soy) y os animo a que celebréis lo que queráis, el amor, la amistad o el momento. Lo importante es ser feliz, gran frase que me han dicho esta mañana. Tendría que dejaros con la canción más romántica del mundo, pero como cada uno tiene sus referentes pondré una canción de amor que me gusta y punto. Así que con un videoclip muy icónico y la estremecedora voz de Nina Simone me despido hasta la semana que viene. Enamorados o no, sed felices. Es una orden.



lunes, 5 de febrero de 2018

IKIGAI, MUSUBI Y OTROS CONCEPTOS QUE TE HARÁN SONREÍR.

Hace unos días que me llegan señales desde Japón. Todo empezó cuando la pasada semana vi una película de animación que ha tenido mucho bombo, tanto que J.J Abrahams se está planteando rodarla con actores reales. Se trata de “Your name”. Sin decir mucho de la película voy a confesar que no me entusiasmó. Diréis que el hecho de que los protagonistas fueran adolescentes me pilla un poco lejos para identificarme con ellos, pero aún así yo soy de mente abierta y no me fijo en estos detalles, empaticé incluso con Chihiro en su viaje, con Bill Murray y Scarlett Johanson en “Lost in Translation” y con el emperador Claudio en la novela de Robert Graves. Tal es mi poder. Sentir lo que sienten otros. Pero no nos desviemos. Creo que “Your name” tiene una historia interesante detrás. Pero aunque tiene grandes cosas del Japón clásico mezclado con la vida moderna, es demasiado “pop” para mí. Quería hablaros de un concepto que he investigado y que va ligado al hilo rojo que te conecta con alguien en concreto. Es el Musubi. Textualmente la abuela de la película dice:
Es la manera antigua de llamar al dios guardián de este lugar. Esa palabra tiene un profundo significado. Los hilos atacados, son 'Musubi. Las personas conectadas, son 'Musubi. La manera en que pasa el tiempo, también es  'Musubi. Todo es parte del poder de dios. Entonces los tejidos que nosotros hacemos, son el arte de dios y representan el flujo del tiempo. La manera en que convergen y la forma que toman. Sus giros, enredos, a veces se desenreda, se rompe, y luego se vuelve a unir. Eso es 'Musubi (anudamiento). Eso es el tiempo.
Me parece un gran concepto. Esto unido a los sueños intercambiados de los protagonistas, hace que pueda soportar las canciones pop adolescentes que para mí, sobran. Pero todo es cuestión de gustos. Así que si tenéis un ratito libre sentaos al sofá y ya me diréis.
Las señales nunca vienen solas, hace dos semanas entré en un Mercadona y como me esperaban dos horas de coche y no había tomado café, me dejé seducir por uno de los latte-Machta preparados de la nevera del super. Como me conozco me compré también un “capuccino” como cojín de seguridad. Y menos mal, porque a los dos sorbos pensé que el mejunje verde con leche se lo quedaran los samuráis que yo me iba a por el chocolate y café.
Resumiendo, tacho de la lista imaginaria el té machta, los snacks salados de colores que pican como si te insultaran y el sashimi. Se quedan Totoro, el Musubi y los cerezos en flor.
La otra señal de que Japón me llama, a parte de un gato con el que me cruzo cada tarde antes de las 3 detrás de mi casa y me saluda como salido de un cuento de Murakami, es la palabra que está tan de moda ahora “Ikigai”. Este término japonés está formado de la unión de las palabras “Ikiru” (vivir) y “Kai” (materialización de lo que uno espera). En muchos artículos por la red encontraréis la errónea simplificación de que Ikigai es la razón que tienes al levantarte por la mañana. Aunque algo de razón tienen, cuando lees más, ves que es algo mucho más profundo. Sacando mis humildes y torpes conclusiones creo que dicho concepto es algo más que aquello que te hace feliz, sin embargo si encuentras tu Ikigai es muy probable que seas capaz de ser absolutamente feliz. Aconsejan que debes hacerte varias preguntas como “¿Con qué actividad me pasa el tiempo volando?”, “¿Qué me gustaba de pequeño?” o “¿Qué se me da bien?”. La respuesta a las tres preguntas, en mi caso, sería “Ir al cine” si no fuera porque para que el Ikigai esté completo implica también algo de servicio a la comunidad. Tendré que trabajar en eso, pero no me alejo del cine.
Y como cosa pendiente, aparte de ir a Japón en cuanto me toque la lotería, me muero por probar el pastel de queso japonés, me han dicho que en Barcelona se puede encontrar en más de un sitio. Así que se admiten consejos si alguien lo ha probado.

Y entre lluvia detrás del cristal y música que acaricia el alma, me despido de vosotros esperando que tiréis del hilo rojo para acercar a quien queráis, os levantéis de tan buen humor por las mañanas que ni os planteéis buscar vuestro Ikigai, porque sabéis que ya lo tenéis y sobre todo como siempre, sed felices.


lunes, 29 de enero de 2018

VENTANA A BULGARIA

Ya sé que los sueños, sueños son. Pero este fin de semana he estado investigando los sueños de gente a mi alrededor. Y puede que haya algo más detrás del encantador y a veces bizarro mundo onírico. Por ejemplo una chica me explicó que había soñado una vez que estaba en Brasil, en un bar y luego descubrió que el bar y el pueblo existían. También le había pasado con un barrio de China. Sé que los escépticos diréis que seguramente estos datos estaban ya en su subconsciente y había recibido la información sin que ella se diera cuenta. Podría ser. Pero nunca me he considerado demasiado escéptica. Así que prefiero creer que sus sueños en realidad eran viajes astrales. Alguien cercano a mí siempre tenía el mismo sueño recurrente, era un paisaje donde había un pantano lleno de agua, nunca había estado allí, al ser una persona mayor de la era pre-internet y casi sin ver la tele puedo asegurar que nunca había visto esta imagen, hasta que un día, de excursión se encontró en medio del mismo paisaje, sólo que sin agua. Tuvo miedo y se fue como alma que lleva el diablo. He conocido gente con sueños telepáticos, soñar una escena que resulta que ha ocurrido en la vida real a kilómetros de distancia. ¿Alguien podría explicarme eso? Aunque soy una gran amante de la ciencia y la lógica, coqueteo muchas veces con lo desconocido y lo inexplicable, y reconozco que las cosas cuanto menos explicación tengan, más me fascinan.
Sé que Sigmund Freud era partidario de que los sueños eran deseos reprimidos o cosas que nuestra mente no podía aceptar. Sé que Carl Jung le llevaba un poco la contraria y decía que nuestros sueños, que a veces rozan el delirio son expresiones simbólicas de patrones universales de comportamiento. Y que nuestros sueños revelaban tanto el inconsciente personal como el colectivo.
Según una tertulia en la que estuve ayer, nuestros sueños podrían ser ventanas a otras dimensiones, como si fueran una confirmación onírica de la teoría de cuerdas. A veces nuestros sueños no son más que frutos de una mala digestión. Yo suelo tener una libreta al lado de mi cama y si despierto en mitad de la noche y recuerdo lo que he soñado lo apunto. Aunque muchas veces me da pereza y se me pasa. Hace poco Buñuel me visitó mientras dormía y me dijo que uno de mis errores era querer ver detrás de los puntos ciegos de mi vida, lo que tenía que hacer era llenarlos con lo que yo quisiera imaginar. Más o menos. Naturalmente no entendí nada, pero soñar con surrealistas a veces tiene esas cosas. 
Me gusta soñar y odio perder el tiempo durmiendo sin recordar mis películas nocturnas. No me obsesiono demasiado queriendo saber qué significan mis sueños. Los disfruto e imagino que son una visita a otros mundos. Que pueden existir o no. Leí una vez que a nuestro cerebro le cuesta un poco distinguir entre las sensaciones reales o las imaginadas. Así podríamos decir que aquello que experimentamos cuando soñamos, nuestro "yo real" de alguna manera lo vive. Y creo que todas estas sensaciones a veces traspasan la noche y se quedan sobrevolando nuestro día a día. ¿os habéis levantado de mal humor sin saber por qué? ¿O absurdamente felices? ¿Asustados? Esto es porque vuestro cerebro ha experimentado miles de situaciones de las que no sois conscientes. Terror, alegría, amor, tristeza o ansiedad. Esta mañana, por ejemplo, no me he levantado de muy buen humor y no recuerdo demasiado mi sueño, sólo que le decía adiós a alguien que se marchaba a Bulgaria. Hubiera preferido soñar que yo veía Bulgaria desde mi ventana. 
He decidido llevar un experimento a cabo. Durante unos días voy a llevar un estricto diario de sueños. Y dentro de un tiempo voy a analizar si mi subconsciente disfruta mucho o sufre más.Puede que sean señales a las que debo hacer caso, o puede que saque alguna idea para una historia. A lo mejor os lo cuento.

La primera canción que me ha salido en el aleatorio hoy es “Lucha de Gigantes” curiosamente también un poco onírica. Vivid despiertos y vivid en sueños. Y por supuesto sed felices. En ambos lados.


lunes, 22 de enero de 2018

BOCUSSE, ESCOFFIER Y MI ABUELA

Ayer leí que había muerto Paul Bocusse. Cocinero impulsor de la “nouvelle cuisine”, autor del famosísimo libro “La cocina del mercado”, creador del premio “Bocusse d’Or” y polígamo confeso, porque parece que todas las figuras mediáticas deben tener un punto de exotismo. Y al ser gente famosa aceptamos con una ceja alzada eso de la poligamia, todo muy francés. No estoy en contra de la poligamia. Me parece estupenda siempre que las partes estén de acuerdo. Pero no me veo en una relación así. Se me da un poco mal compartir. Aunque imagino que si no fuera un cocinero de élite y fuera mi vecino, encargado de Mercadona, la sociedad lo miraría distinto. Parece que somos más permisivos con los famosos. Pero no era mi intención para nada escribir sobre esto, así que vuelvo a mi ruta original. Leyendo cosas sobre Bocuse, y navegando sin mapa por la red, conocí a Auguste Escoffier. Figura de la cocina que me sedujo enseguida. Nacido en octubre de 1846, le debemos un montón de cosas a este señor. Desde la higiene y la disciplina en el caos que debían ser las cocinas del S.XIX, al melocotón Melba que inventó en honor a la soprano Nellie Melba. El señor Escoffier se puso junto con Cesar Ritz al frente de la cocina del Savoy de Londres. Sitio al que alguna vez quiero ir a tomar el té, cuando tenga los zapatos adecuados.  
Prohibió el consumo de alcohol a sus cocineros y los impulsó a culturizarse, porque cultura y cocina debían ir juntas. Autor de muchos libros, quizá el más famoso fue "La Guide Culinaire" de 1903. 
Si Paul se forjó como cocinero con la escasez de postguerra de la 2ª Guerra Mundial, Auguste lo hizo  con la escasez y como cocinero en la Guerra Franco Prusiana. Si el primero promovió los productos frescos,  el segundo se interesó por la calidad de la conservación de los alimentos, cosa que entendemos como novedosa en aquella época.
Creo que si algo tenían en común era su pasión por lo que hacían.
Y al hablar de cocina, naturalmente me viene a la mente mi abuela materna. Ya sé que nuestras abuelas o nuestras madres son las mejores cocinando. Se debe a que ellas  han educado nuestro paladar y en el fondo cocina y recuerdos van más ligados de lo que parecen. Pero en el caso de mi abuela, es verdad. Fue una gran cocinera y mejor repostera. Forjada también en la escasez general de la postguerra civil española. Acostumbrada a abrir una nevera casi vacía y crear un universo de sabores. También sentía pasión por lo que hacía. Y aprendía allá donde iba. Le encantaban los halagos y tampoco bebía en la cocina. Siempre me viene a la cabeza un recuerdo de mí o de mi hermana leyéndole tebeos mientras ella cocinaba. Tenía un pronto fuerte, como todo buen cocinero que se precie, pienso que si hubiera vivido en estos tiempos habría sido una gran figura de los medios. Cuando la gente le preguntaba alguna receta se la daba sin protestar, pero siempre olvidaba algún detalle. Cuando le decían que no les salía igual, ella se encogía de hombros con cara inocente y decía que no sabía que había podido pasar que ella lo hacía así. La verdad es que no lo decía todo, porque pensaba que había pasado la vida aprendiendo y no era justo que los demás lo supieran todo sin esfuerzo. Lo dicho, una figura. A mí sí me decía alguno de sus trucos, aunque yo era pequeña y ahora necesitaría algún hipnotista para desenterrarlos de mi mente, alguna vez de las pocas que me meto en una cocina y me sale una cosa bien, siempre pienso que los trucos de mi abuela están ahí agazapados y listos para salir.
Si de Paul Bocusse se recordará la sopa de trufa negra y de Auguste Escoffier el Froid Chaude Jeannette, de mi abuela habría que recordar los carquiñolis y los borrachos. Y una libreta con tapas verdes y sin color donde están pedazos de recetas apuntadas, no todas enteras porque según ella hay cosas que son de lógica.  

Y así empieza mi segunda semana de “Operación Biquini”, parece que me ha dado por pensar en comida, no hay que ser muy listo para adivinar que tengo hambre. Os dejo por hoy, con una canción de Norah Jones que hace mucho mejor un lunes,  disfrutad de la comida y haced trampa en la operación biquini como hice yo el sábado. Comed, bebed, reíd y sobre todo sed felices.




lunes, 15 de enero de 2018

PEQUEÑO DICCIONARIO VISUAL DE SENTIMIENTOS Y EMOCIONES.

Ya han pasado las fiestas de Navidad y me niego rotundamente a hablar del “Blue Monday”. Allá cada uno con sus penas y alegrías, no dejemos que nos manden los estudios y estadísticas de unos universitarios aburridos de la América profunda.
Hoy voy a hacer un pequeño diccionario visual de sentimientos y emociones.
Soy muy mala gestionando mis sentimientos, quizá por eso busco recursos para llegar a entenderlos. Pequeños trucos que me ayudan a definirme como persona, a entenderme y que al mismo tiempo, me entretienen las tardes de fiesta.
Empiezo por la soledad. ¿Os habéis sentido alguna vez solos? Seguro que sí. La peor soledad es aquella que sientes cuando estás rodeada de gente. La que está acompañada de incomprensión. Quizá por eso asocio la soledad con el cuadro de Edward Hooper “Nighthawks”. Mi paisaje de la soledad no es un desierto, ni una isla, sino una barra de un bar, sin ninguna conversación. Con las nuevas tecnologías, soledad podría ser también un “Smartphone” sin mensajes o un teléfono sin llamadas.
Segundo sentimiento negativo: Aburrimiento. Cuando pienso en esta palabra viene a mi mente una fila de gente esperando. Puede esperar cualquier cosa, en un banco, en un supermercado, o en un aeropuerto para subir al avión.
Furia. La furia es de color rojo. Sí, tiene el mismo color que la pasión. El color rojo es muy versátil. Pero la imagen de la furia también es alguien gritando a la cajera del súper o el golpe seco de un portazo.
Tristeza. La tristeza es la nada. Es la ausencia de cuerpos en la nieve como dijo Gabriel Celaya cuando hablaba de la luna. La tristeza es niebla y silencio. Es una calle de casas cerradas y un escalofrío.
Y como mis sentimientos negativos por hoy acaban aquí, vamos a pintar los positivos.
La alegría es tan plural que puede ser el primer copo de nieve o un día de playa. La alegría no tiene reloj y se puede oler. Huele a sal de mar, a frío de de invierno y a copa de vino en una terraza. Tiene el sonido de una charla, de tu risa y de los instrumentos que se afinan antes de empezar un concierto. La alegría es el día largo, la noche corta y el viento del coche al conducir con la ventanilla bajada. Y es, digan lo que digan, la más poderosa de las sensaciones.
Esperanza. La inmortal. La que siempre aunque sea pequeña, sobrevive dentro de nosotros, dispuesta a crecer y a teñirlo todo del color de un horizonte infinito. La esperanza para mí es un camino. Rodeado de árboles, sin ver el final. Huele a bosque por la mañana, casi al amanecer, porque sabemos que así la luz irá creciendo dentro de nosotros.
Deseo. El deseo huele a tabaco y a madera. Es reconfortante como una tarde bajo un edredón. Es cercanía de piel y roce de chispas. El deseo tiene todos los colores del mundo y quizá por eso a veces cuando nos visita cerramos los ojos.
Amor. Dicen que el amor mueve el mundo. No estoy de acuerdo. El amor nos idiotiza. Es altamente adictivo y peligroso. Como el algodón de azúcar. No puedo ponerle paisaje al amor porque suele trastornar nuestra existencia pintándola de paraíso. Todo lo que sin estar enamorados nos enfadaría o nos pondría nerviosos se difumina y sonreímos como si fuera lo mejor que nos ha pasado. El amor es una noria. Por clásico y tópico que os parezca.
Y mi sentimiento preferido. Felicidad. Tiene butacas rojas en un cine. Es oscuridad y pantalla en blanco y negro. Está llena de cerezos que acaban de florecer en Japón. Felicidad es el aroma del café por la mañana. Es abrir la puerta del museo y empezar a respirar los cuadros. Felicidad es buscar la luna en el cielo y pensar en cuánta gente la estará mirando en ese mismo momento. No tiene un día de la semana, ni una hora del día asignada. Lo bueno de la felicidad es que llega cuando menos te la esperas.


Hasta aquí mi pequeño diccionario de sentimientos y emociones. Un día quizá lo amplíe o lo continúe, quién sabe. De momento os dejo con música que siempre me pone de buen humor. No seáis como yo y aprended a gestionar vuestras emociones. Mientras tanto sed felices. 


miércoles, 3 de enero de 2018

Pantone 448C y otras emociones.

El color más feo del mundo es el Pantone 448C.
Vamos por partes. ¿Qué es Pantone? Pues se trata de una empresa americana, creadora del “PMS” el Pantone Matching System. Esos señores identifican los colores mediante un código para su impresión. Vaya, para que no haya confusiones.
¿Y para qué sirve un color feo? Pues la verdad es que el P 448C ya está siendo utilizado por algunos países para las cajetillas de tabaco. Según los estudios este color se asocia con “Muerte, alquitrán y suciedad”. Yo también lo asocio con “ejército” ya que por mucho que quieran llamarlo verde para mí el Pantone ese, es el “caqui” de toda la vida. Y ¿Cuál es el color más bonito del mundo? Pues según las mil encuestas que he consultado es el “Celeste”. Sí, hasta el nombre es bonito. Ese azul se asocia con serenidad y estabilidad.
Mi nada entendida opinión sobre el tema es la siguiente: no estoy de acuerdo para nada en todas esas patrañas. Aunque uno de mis colores preferidos sea el azul celeste. Pero creo que aunque en nuestro imaginario colectivo casi todos asociamos algunos colores con las mismas imágenes como el rojo en Navidad, el azul en vacaciones y el rosa con el coche de la muñeca Barbie; todos también tenemos tendencia a asociar ciertos colores con sentimientos.
No negaré que los colores claros con los que pintaron el interior de algunos hospitales hace tiempo pueden tranquilizar al paciente. O que en los escaparates del Barrio Rojo de Amsterdam predomina ese color de la pasión. Pero la verdad es que todos nosotros hemos vivido cosas que asociamos con colores. Yo asocio el naranja de la Fanta con las vacaciones infantiles. El amarillo con el calor y los campos de trigo cerca de mi casa. El gris con la soledad. Y el blanco y negro con las fiestas de París a orillas del Sena. También con la vieja pantalla de televisión que me dio una impagable herencia cultural con las películas de la 2. Cuando deseo a alguien un buen día, tengo la costumbre de desearle un “Día Azul”. Cuando tengo un mal día pienso en el color marrón, no en el gris. El dorado es el color de los secretos. El verde el de la riqueza. ¿Por los billetes? No, no soy tan plana, el verde es el color de la naturaleza, de la selva, de respirar hondo y sentirse bien. El malva en cambio, uno de los de la lista de los más bellos del mundo, a mi me recuerda a iglesias y castigos sin patio. Los humanos tenemos ese don y a veces esa maldición de “humanizar” todo lo que nos rodea.
¿A dónde quiero ir a parar? A que en el fondo todo se basa en emociones. Y toda esta emoción está basada en los sentimientos que hemos vivido. Quizá por eso por más estudios y encuestas que se hagan, y aunque lo intenten con todos los trucos posibles, no podrán dominarnos del todo. Porque los sentimientos deberían estar del lado de la libertad. Nadie manda sobre lo que sentimos, a veces ni nosotros mismos. Y por supuesto, como siempre la belleza está en los ojos que miran, y sobre todo en quien sabe encontrarla. Seguro que habrá alguien en el mundo a quien el Pantone 448C le parecerá el color de la felicidad.
Me despido de este primer post del año al lado de una ventana. Fuera los colores son de frío, se mezcla la nieve blanca con los marrones de la montaña, hoy no hay caballos, seguramente han subido arriba y los echo en falta, sin embargo compadezco al que no sepa ver el paisaje perfecto que tengo ante mí. Llenad los colores de emociones, olvidad las listas y los estudios y estos colores serán el arma perfecta el día que los necesitéis. Que tengáis muchos días azules. Sed felices.




FRÁGILES

Creo que uno de los peores defectos de la humanidad es dar las cosas por sentadas. Ser conscientes de todo lo que nos rodea obviamente nos...